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Canarias conquista el Naranjo de Bulnes

Jorge Ortega y Abraham Hernández ascienden por la complicada vía Directísima

28.07.2015 | 02:00

Por la vía Directísima. El grancanario Jorge Ortega y el tinerfeño Abraham Hernández hicieron cumbre el pasado 14 de julio en el Naranjo de Bulnes, por el sendero que sube en perfecta vertical de su cara oeste, solo apta para especialistas, y considerada como una de las mejores rutas alpinas para la escalada libre de todo el país.

Calificada por el propio Ortega como una "vía mítica" en Europa se recorre el centro de la pared oeste del monolito en una distancia de 750 metros para ascender más de medio kilómetro de una pared prácticamente lisa.

Ya solo llegar hasta el Naranjo de Bulnes requiere una buena forma física y atacar su cima supone varios días de preparación previa. Son mochilas de hasta 20 kilos de peso equipadas con frontales, sacos de dormir, arneses, cuerdas, pies de gato, herrajes y también calderillos, hornillos y comida de combate que hay que trasladar hasta el refugio Urriellu durante más de tres horas de camino.

El pasado día 9 de julio comenzó la campaña que les llevó finalmente a lograr el ascenso estrella. A modo de entrante subieron a la azotea en dos ocasiones, ambas por la cara este, más asequibles pero que también tienen sus propias complicaciones.

En esos entrenamientos tomaron por la vía Cepeda, y luego por la llamada Amistad con el Diablo, "más fáciles, de sexto grado, y no del séptimo grado de la Directísima, que ya son palabras mayores, si bien el sol que pega en las dos primeras van pasando factura a medida que se va llegando a cima.

En esas rutas participaba un grupo mayor, con otros cuatro canarios que completaban el grupo, Héctor Gómez, Miguel Falcón, Levey y César, y en unas ascensiones más lentas por distribuirse en cordadas de dos personas. Eran rutas en la que permanecían casi todo el día pegados a la piedra, descansando apenas el día para acometer otra subida al siguiente.

La Directísima no entraba en los planes iniciales ni de Jorge ni de Abraham, sino que llegaron a ella por un proceso de enralamiento. "Nosotros fuimos al Naranjo a pasar unos días", comenta el grancanario como si subir al también llamado Picu Urriell fuese una caminata para bajar el colesterol. "Comenzamos a trastear y la idea fue fruto de la ambición".

Unas jornadas antes hablaron con dos checos, "de poco más de veinte años que subieron como un tiro", algo que les fue engolosinando. Pero también vivieron en los días previos un momento peliagudo, el que se formó durante la primera ascensión femenina por la dificilísima vía Pilar del Cantábrico, protagonizada con éxito por la madrileña Fátima Gil y la sevillana Vicki Vega, una empresa que les llevó nada menos que tres días..., con sus dos noches.

La primera de ellas la tenían prevista en la logística del ascenso y durmieron ´cómodamente´ en una hamaca guindada de la pared. Pero la segunda, no, y "la pasaron colgadas de sus arneses como chorizos". Ortega recuerda ver la impresionante imagen de aquellas dos pequeñas luces de los frontales, quietas en la noche enmedio de aquel gigantesco edificio calcáreo.

Con esos precedentes Abraham y Jorge apuestan por "la aventura", y pasan la madrugada del día 14 "soñando" con hacer cima en el, para Ortega, el ascenso más difícil de sus 39 años de vida y escalador desde el año 1996.

A las cinco de la mañana suena el despertador y se desayunan un extraño batiburillo de pasta que quedó "de la noche anterior, cereales y té" para salir corriendo hacia la pared. A medida que se espabila el día comienza a cuadrar la meteorología, "extrañamente para la época", con un cielo despejado que anima a apuntar al cielo y cobijados por una cara oeste que es todo sombra "lo que lo hace aún más agradable".

El Naranjo de Bulnes desde la base es un gigante inconmensurable. Su cima está a 2.519 metros sobre el nivel del mar, pero lo que impresiona es lo abrupto del monumento en su conjunto y sí, "impone respeto". Y más aún por la mañana, cuando "vas frío, estás estrenando vías y no sabes lo que te esperas".

A las seis y media de la mañana inician el ascenso. Precisamente los primeros tres largos serán los más duros. Los más difíciles, que en la graduación francesa representan un 7a+, otro 7a+ y un 7b -en una convención cuyo máximo es 9b-, y que se fijan por la inclinación de la pared, tamaño y forma y distancia de los agarres disponibles, los puntos de reposo y los movimientos necesarios para moverse de unos a otros.

Se trata de una vía clásica expuesta que, "con muchas precauciones" van sorteando, mientras se elevan a risco vacío. A las once de la mañana y tras sortear aquellos tres terroríficos largos, se encuentran "a mitad del mundo, a 300 metros de altura, ni en el suelo ni en la cima, con los pies de gatos apretando por el calor".

Jorge descansa un poco y se siente afortunado de la compañía de Abraham con el que nunca había hecho un tándem, pero con el que todo para ir rodado..., aunque sea cuesta arriba.

"Ahí no es que sienta miedo", trata de explicar Ortega, "pero sí bastante respeto. Hay que evitar el pánico, porque es lo último, pero siempre debes saber que estás preparado para salir como sea, y en ese sentido teníamos fórmulas para escapar". Diez horas más tarde se encuentran arriba, donde se encuentra una imagen de la Virgen de Las Nieves.

"El paisaje desde ahí es simplemente espectacular, al que se une la enorme satisfacción de haber logrado un sueño, con sus riesgos, de verte en ese roque, con su mar de nubes, con el refugio minúsculo desde la altura, y las personas pequeñitas a su alrededor". "Una meta que consigues", sentencia el escalador grancanario, "y que te llena de alegría al volverte a Canarias desde Asturias tras hacer la que ha sido el ascenso más difícil de mi vida".

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