Viaje al futuro

¿Cómo nos verán dentro de 50 años?

Nuestros descendientes no entenderán por qué nos casamos, viajamos tanto o nos jubilamos tan pronto

24.07.2015 | 11:43
Nuestros descendientes no entenderán por qué nos casamos.

¿Qué del mundo actual sorprenderá u horrorizará a sus habitantes dentro de 50 años? Es difícil aventurarlo hoy, pero Mg Magazine ha planteado esta pregunta a nueve personas destacadas de diferentes áreas. Y algunas de sus respuestas pueden resultar chocantes, pero si el lector intenta ponerse, como ellos, en la piel de ese habitante del futuro, tal vez no lo sean tanto.

Seguramente el coche particular no tendrá cabida en las ciudades, ni se morirá porque un órgano enferme. Sencillamente se lo reemplazarán. Y cuando a alguien le llegue la hora de morir, podrá decidir cómo hacerlo. No se sabe si la corrupción y los desequilibrios en la distribución de la riqueza habrán pasado a la historia como una etapa por fin superada de la humanidad, pero la institución matrimonial probablemente sí que habrá quedado obsoleta. Las relaciones humanas no se mantendrán desde la dependencia, y habrá una mejor gestión emocional. Por cierto, olvídese de los grandes viajes: serán anecdóticos. Y no sueñe con jubilarse antes de los 80 años.

Este panorama es el que se adivina en este hipotético viaje al futuro para observar desde la distancia el presente. Una invitación a la reflexión.


JUAN CARLOS DEL OLMO, secretario general de WWW España

"No entenderán por qué viajamos tanto"
"Nos verán como unos primitivos por no usar las energías renovables de forma habitual. Se reirán de que no estuviéramos utilizando el sol y otras fuentes energéticas limpias cuando ya podríamos estar haciéndolo en mucha mayor medida", responde a la pregunta de qué pensarán de nosotros los habitantes de la Tierra de dentro de 50 años Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España, una de las organizaciones de conservación de la naturaleza más importantes del mundo, pues está presente en más de 100 países.

Y añade que dentro de 50 años tendrán tan presente el daño que se hace con la contaminación que no sería de extrañar que se estuviera juzgando por crímenes contra la humanidad a los que se lucraron con el cambio climático. "Les asombrará que quememos el petróleo y les alucinará bastante que estuviéramos usando todavía motores de explosión. Habrá una mayor conciencia de los recursos, que serán utilizados más eficientemente, y, en la misma medida, se dejará de viajar. Los viajes serán más limitados. La tecnología e internet propiciarán que los desplazamientos sean mínimos, y se extrañarán de tanta cantidad de viajes que se hacen ahora".

Del Olmo cree que, de la misma manera, "no comprenderán que no depuremos el agua de manera habitual. España ya ha sido tres veces multada por contaminar agua". Por esa misma contaminación del agua, "les va a extrañar que comamos pescado, pues los peces son bioacumuladores de la contaminación, y ya lo están en unos niveles altos".

Más anticipos: "Les sorprenderá que tuviéramos vertederos con cosas sin reciclar, porque ellos no tirarán nada", aventura. "Y otro tema espinoso que nadie se atreve a abordar –agrega– es el control de la población. La estructura familiar es muy probable que haya cambiado, porque se tendrán menos hijos". La media global de hijos por mujer tal vez se acerque a la europea.

LUIS ROJAS MARCOS, psiquiatra
 
"El matrimonio habrá desaparecido"
Sin duda habrá desaparecido la institucionalización legal y cultural del matrimonio", augura el psiquiatra afincado en Nueva York. Y explica que las relaciones entre las personas serán más variadas y abiertas. La institución matrimonial como existe ahora no va con la mentalidad del ser humano, con sus cambios y etapas de vida, dice. De la misma manera, ya no sorprenderán a nadie las relaciones homosexuales. "Les extrañará la dificultad de hoy para gestionar las emociones", afirma, "una de las claves para mejorarnos y mejorar el mundo".

Así como las desigualdades entre hombres y mujeres. Aunque en Europa y Estados Unidos se lleva camino avanzado, todavía hay una gran parte del mundo donde el trato a la mujer es claramente inferior, no sólo en derechos sino en rituales y costumbres (como la ablación), en los que se da permiso al maltrato, se incentiva. "Dentro de 50 años todos verán que se trata de una discriminación salvaje", afirma.

También está convencido de que se verá con horror el maltrato a los animales (domésticos y salvajes): "Mirarán estupefactos el comercio de pieles y colmillos que habrá llevado a la extinción de alguna que otra especie. Tampoco entenderán que los tuviéramos encerrados, para hacerlos crecer artificialmente, engordándolos para comérnoslos", aventura el psiquiatra.

"Les asombrará que los explotemos comercialmente y que se usen en espectáculos o actos culturales basándose en la errónea idea de que los animales no sienten", predice.


JOSÉ MARÍA GAY DE LIÉBANA, economista
 
"Creerán que nos jubilamos muy pronto"
Para el economista, la esperanza y calidad de vida habrá mejorado tanto dentro de 50 años, que lo habitual será jubilarse hacia los 80 años. "Pensarán que nuestra jubilación actual es un chollo.

También es verdad que el trabajo dentro de 50 años no será tan agotador y estresante", prevé el autor de ´¿Dónde estamos? Verdades, mentiras y deberes pendientes de la recuperación económica´.

El retraso de la edad de jubilación será prácticamente obligado, porque los últimos estudios demográficos apuntan que pasado el 2050 habrá una gran concentración de mayores de 80 años, por lo que las pensiones, como se entienden ahora, serán inviables. Y tampoco es cuestión de hinchar la deuda, ni la personal ni la del Estado.

"Ya no habrá la dinámica de endeudarse. Verán que ha sido un error que todavía estarán pagando", afirma Gay de Liébana. También les sorprenderá el tamaño de la estructura de Estado, que prácticamente habrá desaparecido, augura.

"Prevalecerá una Europa de regiones con centralidad en Bruselas. El protagonismo lo tendrán pequeñas áreas territoriales", vaticina.


JUAN MURILLO, urbanista

"Habrá menos coches en las ciudades"
Junto con otros expertos urbanistas, arquitectos y sociólogos, Murillo participó en un estudio prospectivo titulado ´Ciudades y ciudadanos en 2033 La transformación urbana de España´, y tiene bastante claro qué horrorizará de este presente visto 50 años después: "La aspiración de llegar con el coche a todas partes no tendrá sentido en las ciudades. Hasta hace poco, el diseño urbano estaba supeditado al coche. Esto va cambiando, y el coche privado ya no tendrá demasiado sentido".

Añade que el concepto de la ciudad al servicio del coche es poco amable para con la gente, además de ser fuente de contaminación y de ruido. "Esto será sustituido por una flota de coches públicos y autónomos, sin conductores. Con una décima parte de los que existen será suficiente. Además, serán totalmente silenciosos y alimentados por energías no contaminantes", adelanta Murillo.

En el estudio en el que ha participado Juan Murillo se constata que el planeta ha alcanzado un nivel de urbanización sin precedentes, que se refleja claramente en el imparable incremento de la población que vive en las ciudades.

"En el 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, la población residente en asentamientos con más de 20.000 habitantes superó el 50%. Las previsiones de UN-Habitat apuntan a que en el año 2050 se llegará al 70% (cerca de 6.300 millones de personas)". La tendencia, señala Murillo, es apostar por el diseño de ciudades compactas. "El impacto de huella ecológica es menor que fomentar urbanizaciones o poblaciones dispersas. Los centros urbanos van a seguir ganando atractivo. En un radio de dos kilómetros tendremos todos los servicios, imagina el experto.

IGNASI CARRERAS, exdirector de Intermón

No entenderán que no se luche contra el cambio climático
Para quien fue director de Intermón durante diez años y ahora es cabeza visible del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade se están produciendo varios absurdos, que lo serán más cuando se contemplen medio siglo después. Como el desmantelamiento de la sociedad del bienestar, condenando a la sociedad a una mayor desigualdad.

 Esto no ayuda, afirma, a fortalecer la democracia, tan necesaria, sobre todo en los organismos internacionales, como las Naciones Unidas, donde prevalece la capacidad que tienen algunos países de vetar acuerdos fundamentales. "Los organismos internacionales no funcionan de manera democrática, sea la ONU o el FMI", subraya.

Tampoco entenderán las generaciones ­futuras por qué no se hace una apuesta más contundente por revertir el cambio climático. "Si hubiera una regulación efectiva de los gobiernos –dice–, las empresas que contaminan pagarían el costo real de lo que implica su contaminación y se incentivaría el desarrollo de tecnologías limpias. En el futuro, no haberlo hecho se verá como un absurdo. Además, afecta a los recursos naturales, al acceso del agua y a la producción de alimentos".

También cree que "verán con horror la pérdida de valores, la pérdida de nuestra entidad, de nuestra espiritualidad". "Es necesaria una transición de la religiosidad a la espiritualidad para que los individuos sean responsables de sus vidas", afirma.

XAVIER TREPAT, científico

Les sorprenderá que no se regeneren órganos
"Será raro que las personas vivan con órganos que se están deteriorando. No morirán por ello. Cualquier órgano que deje de funcionar podrá ser regenerado o reemplazado por otro creado con células del propio paciente", asegura entusiasmado este joven científico, físico e ingeniero que estudia los procesos biológicos complejos como la formación de neuronas o de las metástasis del cáncer en tanto que investigador Icrea en el Institut de Bioenginyeria de Catalunya.

"Se crearán órganos fuera del cuerpo, que se reinsertarán en según qué tipos de enfermedad. Crearemos órganos sanos y jóvenes, y los tratamientos se realizarán con células madre", anticipa la diferencia respecto a hoy.
Y un tema más espinoso es el transhumanismo, comenta. "Me intriga mucho la mezcla de tecnología y ciencia aplicada al ser humano, lo que propicia traspasar la línea de las limitaciones físicas, corporales. Se puede hacer seres humanos superiores, y con los genes pasa lo mismo", asegura Trepat.

"Ya se puede secuenciar todo el genoma. La ciencia puede hacer un embrión eliminando los genes asociados al desarrollo de enfermedades. La aplicación médica de este conocimiento abre muchas puertas", explica el científico.

"El problema es que el discurso ético debería ser tan rápido como el progreso científico; pero no es así, lo que genera mucha incertidumbre en cuanto a la manipulación de embriones o cómo se verá todo eso o cómo estarán las personas dentro de 50 años", se lamenta.

De igual manera, tampoco tiene claro si las mujeres seguirán engendrando dentro de su cuerpo o si eso ya se habrá sobrepasado y se habrá sistematizado que los embriones crezcan fuera. "Un científico se encuentra con más preguntas que respuestas, y a cada avance las primeras se multiplican", dice.

SALVADOR PÁNIKER, filósofo

Les horrorizará cómo se afronta la muerte
El filósofo e ingeniero, fundador de la editorial Kairós, advierte que dada la aceleración tecnológica es muy aventurado hacer análisis prospectivos. Con todo, no le resulta difícil ofrecer una mezcla de deseos y opiniones de cómo será el mundo dentro de 50 años, suficientemente distinto como para que les resulten extraños hábitos actuales, como el trato con la muerte y los cuidados paliativos de los enfermos.

Pániker tiene claro que la sociedad actual, la denominada desarrollada, no aborda con valentía estas cuestiones, y en ocasiones no se facilita el fin de procesos que provocan agonía a la persona y al entorno afectivo más próximo. "Nuestros nietos se sorprenderán, quizás incluso se horrorizarán, por el modo en que todavía dejamos morir a los enfermos, por no estar legalizada la eutanasia", dice.

"Demasiado sufrimiento gratuito. Es poco humano no permitir que cada uno decida su propio fin", considera Pániker. Y confía en que en el futuro está situación se trate con más humanidad y compasión. 

La política también le inquieta. "Dentro de 50 años también se extrañarán y horrorizarán por lo mucho que todavía absolutizamos las ideologías, así como por la persistencia de los nacionalismos. Por el tono exaltado de nuestros debates políticos, por nuestro insuficiente pragmatismo. Y por lo escasamente relativistas que somos, lo mal que afrontamos el inevitable mestizaje universal", dice.

"Además, considerarán una barbaridad la escasa calidad de enseñanza primaria y secundaria", añade. En cuanto a la globalización, en su opinión, valorarán que hoy no es tanta como se cree, que falta "un sistema del mundo con una ONU realmente eficaz". 

Pániker opina que, en cambio, hay cosas que no variarán: "La existencia de periódicos, que seguirán perdurando, aunque algo cambiados (Hegel, a principios del siglo XIX, ya dijo que la lectura de los periódicos es una bendición). Lamentablemente, tampoco les sorprenderá nuestra horrible música rock, que me temo seguirá tan horrible". Humor de sabios.

MARÍA DUEÑAS, escritora
 
Será inconcebible el desequilibrio entre ricos y pobres
La autora de El tiempo entre costuras y La Templanza desea que dentro de 50 años hayan cambiado tanto algunas cosas como para que "resulte inconcebible la desequilibrada distribución de la riqueza global que tenemos en el presente".

"Sería muy reconfortante que el desempleo, la corrupción y las enfermedades incurables se vieran como lejanas pesadillas", enumera. "Que la violencia doméstica y la escasa presencia femenina en las esferas de poder se antojaran prácticas cavernícolas. Que los políticos sin formación sólida ni demostrada experiencia profesional fueran tan inconcebibles como hoy un barbero sacamuelas", continúa.

"Que los dramas que generan la inmigración, los desahucios y la desprotección de los más vulnerables parecieran tan lejanos como una tragedia griega. Que el terrorismo yihadista provocara el mismo miedo que en el 2015 nos suscitan las viejas películas sobre la guerra fría, o sea, ninguno", añade.

"Que los descontrolados botellones juveniles, el desafecto por los espacios comunes y el berrear y orinar contra las fachadas de madrugada resultaran algo tan intolerable como aquella lejana costumbre de arrojar a las calles cubos llenos al grito de ´¡agua va!´. Que los índices de lectura, el manejo de lenguas extranjeras, la reflexión crítica y el hablar con solvencia hubieran alcanzado cotas dignas para que no se sintiera vergüenza ajena al escuchar a más de uno", imagina Dueñas.

PILAR SENPAU, médico

Ya no creerán que una dieta lo arregla todo
Esta médica especializada en dietética está convencida de que en el futuro se horrorizarán de cómo se conciben actualmente las dietas. "Ahora hay una visión muy limitada, se cree que una dieta lo arregla todo, y en sí mismo no es verdad. Entran en juego muchos más factores", explica Pilar Senpau. Por eso, dice, hay esta proliferación de dietas de todo tipo sin tener en cuenta realmente todos los factores que inciden en el ser humano.

"Ayudar a adelgazarse a una persona con una dieta de lechuga y carne a la plancha es una ridiculez", asegura. "En la misma familia, siguiendo una misma dieta, a unos los adelgaza y a otros los engorda.", explica la doctora.

"La variable que tener en cuenta se llama angustia, ansiedad.... Las emociones afectan al metabolismo de la personas. Autocastigarse reduciendo la cantidad de comida es una barbaridad", continúa.

"La medicina todavía trata a la persona disociadamente. Pero dentro de 50 años trataremos a la persona como un todo. Trabajarán juntos el neurobiólogo, el psicólogo, el dietista. Es necesaria más investigación", aventura Senpau.

Para ella, con los resultados de las investigaciones se consolidará el valor de la lentitud, por lo que el estrés desmedido que se sufre ahora será una anécdota. "En el futuro se reirán de la manera como lo hacemos ahora", termina Senpau.


 

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