Quien a hierro mata, a hierro muere

Una vez establecido en Tenerife, John Palmer ´ayudó´ a políticos y empresarios, a los que prestó dinero

12.07.2015 | 02:00

Quien a hierro mata, a hierro muere. Ese podría ser el epitafio a la azarosa vida del mafioso para unos y empresario para otros de origen británico John Edward Palmer, de 64 años, que fue hallado sin vida en su casa de Essex, en el Reino Unido, el pasado miércoles 24 de junio. En un primer momento se pensó que un ataque al corazón había acabado con su vida de manera fulminante. Sin embargo, de confirmarse las investigaciones policiales, la muerte de Palmer no se debió a complicaciones postoperatorias ni tampoco a causas naturales. Fue asesinado de al menos un disparo en el pecho, o eso es al menos lo que piensa Simon Werrett, inspector jefe de la Policía británica, tras la realización de una segunda autopsia al cadáver de Palmer.

La explicación de por qué se tardó casi seis días en detectar los disparos es que "las cicatrices de la operación de corazón a la que fue sometido escasas fechas antes así hicieron pensar a los facultativos que lo atendieron". Su hermano Malcomo Palmer, de 68 años, no salía de su asombro, máxime cuando la vivienda está rodeada de cámaras de vídeo y el fallecido contaba con dos Rottweilers.

John Palmer abandonó la escuela de Birminghan con 15 años y pronto comenzó a ganarse la vida como vendedor ambulante y a domicilio de parafina; luego se dedicó a vender vehículos de segunda mano y chatarra, hasta que optó por la compraventa de oro. De hecho, en relación con su defensa durante el juicio por el robo de los lingotes de oro, esgrimió que él tenía en esos momentos cinco joyerías y que no tenía necesidad de robar.

Cuando Goldfinger llegó a la Isla a finales de los años ochenta, acompañado de su mujer Marnie, madre de sus dos hijas, pronto se percató de que el sur de Tenerife era un lugar abonado para poner en marcha su idea de vacaciones a tiempo compartido. De esta manera levantó un imperio entre los años 1993 y 2002 hasta que regresó al Reino Unido en 2007, aunque siguió vinculado a la Isla. Según llegó a contar, comenzó su negocio con 30.000 libras esterlinas que le prestó su hermano y una vez comenzó a ganar dinero invirtió cinco millones de libras en la adquisición de 450 apartamentos.

¿Las víctimas? Los miles de turistas, la gran mayoría británicos y alemanes, que visitan la Isla cada año. Solo faltaba montar una estructura empresarial que le permitiese trabajar y adquirir los siete complejos que llegaron a ser de su propiedad. En una segunda fase, los tentáculos de sus negocios se fueron ampliando a otras actividades presuntamente delictivas que le reportaban pingües beneficios.

Una vez establecidos estos parámetros necesitaba rodearse de personas afines, que le jurasen lealtad y que no acabasen delatando su proyecto. Para ello eligió a un libanés, al que conocía de Sierra Leona, donde se dedicaba a la compraventa de diamantes. Mohamed Derbah. Este personaje y sus hermanos trabajaron codo con codo con Palmer, que fue reclutando a compatriotas capaces de hacer crecer su negocio, en el que se llegó a emplear en un primer momento las amenazas, luego las coacciones y por último la violencia física. En definitiva, había puesto las bases del time-sharing.

Ahora la familia del mafioso británico y la Policía del Reino Unido se preguntan quién pudo ser el autor material o quién ordenó la ejecución de John Goldfinger Palmer.

Dos son las hipótesis sobre las que trabajan los investigadores. Una, que fuera alguno de sus antiguos compañeros que participaron en el robo a mano armada de 3.500 kilos de oro en lingotes en el aeropuerto de Heathrow en 1983, con un valor de 75 millones de euros y que fueron abandonados. En este robo declararon 20 implicados.

De madrugada, seis hombres enmascarados, armados con pistolas automáticas, rociaron con gasolina a los vigilantes de una empresa de seguridad muy próxima al aeropuerto de Heathrow, a las afueras de Londres. Palmer fue detenido y acusado de fundir el oro en una de sus joyerías. Sin embargo, el mafioso no cumplió condena por estos hechos y a partir de este momento se trasladó hasta Tenerife.

La segunda teoría es que alguna de las mafias con las que colaboró en los últimos tiempos, rusos o albaneses, pudieran estar tras su asesinato.

Palmer hizo una auténtica fortuna durante los años que permaneció en Tenerife, lo que le permitió tener su propio avión privado, un Leajert en el que trasladaba a algún periodista corrupto de la Isla hasta Moscú –donde lo agasajaba con prostitutas–, dos helicópteros y un yate, que atracaba con frecuencia en el Muelle frente al Cabildo Insular de Tenerife. Los medios británicos lo situaban con su fortuna, 300 millones de libras, en el puesto 105 en la lista de los británicos más ricos, una posición que compartió con la Reina Isabel II.

Palmer extendió su negocio al lavado de dinero, la extorsión y la protección a cambio del pago de un canon, so pena de sufrir el incendio del negocio de quien se negaba a pagar. Una vez en Tenerife, deja a su mujer para irse a vivir con su amante, Christine Ketley, con quien tendría un hijo.

Pronto la mano de la Justicia comienza a investigar las andanzas de Palmer, que ya es conocido por los métodos expeditivos que emplea con aquellos que le son desleales. Hay que tener en cuenta que en esos momentos su negocio no tiene competencia. Para ello, emplea una técnica con sus clientes, que son captados a pie de calle, en Las Américas, por una legión de vendedores, quienes llegan a cobrar hasta 6.000 euros mensuales por su trabajo. Los turistas que aceptan son conducidos hasta un local donde se les invita a champán, mujeres despampanantes les muestran las bondades de comprar un paquete vacacional de 50 días al año donde quieran, con gastos gratis para los niños. Quienes se muestran más remilgados a la hora de desembolsar la primera cuota, son ´amablemente´ coaccionados, de manera que acaban pasando por el aro. Cuando se percatan del engaño y llaman a la empresa o bien ésta ya no existe o bien se les ofrece toda clase de disculpas. Desde problemas con la apertura del apartamento, que las autoridades tienen la culpa o que los inquilinos anteriores no han abandonado las instalaciones y así un sin fin de disculpas que hacen perder la paciencia o desistir de intentar recuperar el dinero. El que se atreve a denunciar ha de venir hasta la Isla para corroborar los hechos y aportar más datos, con lo cual el gasto crece.

Siendo Juan Cotino director general de la Policía comienzan las pesquisas para desmantelar el imperio de Palmer, quien ya es conocido por la brutalidad de sus hombres con sus rivales. Se comenta que había dado instrucciones a su guardia pretoriana para que tanto los desleales como la competencia fuesen colgados boca abajo por los pies desde la planta alta de los inmuebles. De esta manera sus gritos pidiendo clemencia podían ser escuchados por el resto, con lo cual conseguía que su ´territorio´ no fuese ocupado.

Pero, tal vez, la principal sospecha nunca demostrada es la participación intelectual en el asesinato del matrimonio Billy y Florence Robinson, hecho ocurrido en enero de 2006, en el interior de su domicilio en Oroteanda, en San Miguel de Abona , crimen que a fecha de hoy continúa sin ser esclarecido. El propio John Palmer acudió desde el Reino Unido hasta Tenerife para asistir a sus funerales.

Se da la circunstancia de que los Robinson habían trabajado para Palmer hasta que decidieron establecerse por su cuenta, algo que no gustó a su antiguo patrón, que ya había mantenido una larga guerra con el que fuera su antigua mano derecha, Mohamed Derbah, y que acabó con la separación, nada amistosa, entre ambos. Florence fue asesinada delante de su marido, que fue brutalmente torturado y degollado en el interior de un Porsche Cayenne.

Pesquisas

Los tabloides británicos apuntaban como móvil para acabar con la vida del matrimonio la negativa de Florence a declarar en el juicio contra su antigua mano derecha.

La Policía inglesa cree que el asesino de John Palmer pudo ser filmado por alguna de las numerosas cámaras de seguridad (hasta una docena) que rodean su complejo en Essex, aunque hay quien no descarta la posibilidad de que Palmer hubiese tenido algún grado de participación en el atraco a una caja de seguridad en Hatton.

Palmer se encontraba en libertad bajo fianza después de ser detenido por la Policía española en Tenerife en julio de 2007. Ahora afrontaba uno de los juicios más importantes y por los que se le solicitaba una pena de 15 años de prisión. Estaba acusado en España de fraude, posesión de armas de fuego y lavado de dinero.

Lo que está claro que es John Edward Palmer ni entrará jamás en prisión ni volverá a Tenerife. Con su supuesto asesinato se acaba con una leyenda viva del crimen, que intimó con la clase política y empresarial de la Isla, a la que incluso llegó a prestar dinero, lo que le sirvió para tejer una tupida red de corruptelas a la que se unieron muchas personas, que veían en su figura a un empresario que era capaz de traer aviones completos de conciudadanos de su país para pasar unos días de vacaciones en el sur de Tenerife. Poco importaba sus métodos y su pasado, lo importante era que muchos ´comían´ de sus ganancias.

Qué tiempo tan feliz

John Palmer durante los años que vivió en Tenerife era un hombre feliz, un cabeza de familia, casado y con dos niñas. Sin embargo, detrás de esa apariencia se escondía una doble personalidad. Quienes trabajaron para él hablan de que no le gustaba la deslealtad ni que le contradijeran, ni muchísimo menos la competencia, por lo que no dudaba en dar órdenes a su ejército de matones de dar un escarmiento a quienes entorpecían su negocio. Durante su etapa en Tenerife, su mano derecha era el libanés Mohamed Derbah, con quien acabó distanciado y enfrentado, que junto a Dennis Arthur New y Richard Cashman, protagonista de numerosos incidentes con grupos rivales y luego con los hermanos Derbah, fueron su guardia pretoriana. Curiosamente, New murió en su casa de Tailandia en marzo del presente año tras sufrir un infarto de miocardio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine