Los enanos deslumbran con su magia

Los 24 bailarines ataviados con ropajes de la Francia napoleónica interpretan ante miles de personas esta mítica danza

10.07.2015 | 02:20

24 bailarines ataviados con ropajes de la Francia napoleónica interpretaron ayer ante más de 21.000 personas en La Palma la mágica Danza de Enanos, una tradición que se remonta a 1905 y en la que, durante horas, los diminutos personajes bailan una rítmica polca primero en un recinto y después por las calles de la capital palmera. Se trata del acto central y más conocido de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves, patrona de La Palma, que cada cinco años congregan en la capital de la isla a numerosos palmeros y visitantes.

El espectáculo comienza cuando los 24 danzarines salen ataviados en cada ocasión con una alegoría diferente –en esta edición de pobres– e interpretan un baile inicial y tras unos segundos en los que desaparecen de la vista del público, salen transformados en enanos.
Esta transformación forma parte del misterio y de la magia de la fiesta y consigue arrancar el aplauso del público que asiste atento a la sagacidad y picardía de los personajes liliputienses, que bailan la polca compuesta por el palmero Domingo Santos Abreu.

De todos los actos populares programados con motivo de las Fiestas Lustrales el de la Danza de Enanos es el que despierta más interés por parte del público, que realiza largas esperas para poder ver bailar a los enanos sobre los históricos adoquines de la calle Real de Santa Cruz de La Palma.

Las primeras noticias que se tienen de la Danza de los Enanos de La Palma datan del año 1833, pero no sería hasta principios del siglo XX cuando va tomando la forma que posee el acto en la actualidad. Así, en 1905 se produjo la primera transformación, y en 1925 se interpretó por primera vez la tradicional polca.

En esta edición el acto se denominó Danza de Enanos. Los Pobres y es que durante la primera parte del espectáculo los 24 danzarines, acompañados de un coro, salieron disfrazados de pobres, interpretando Somos lo que aparentamos, una pieza inédita con letra de Luis Ortega Abraham (Santa Cruz de La Palma, 1948) y música del palmero Luis Cobiella Cuevas (1925-2013). La partitura para la primera parte del número fue escrita por el compositor palmero poco antes de su fallecimiento, partiendo de unos versos de Luis Ortega Abraham. De este modo Luis Cobiella y Luis Ortega repitieron como autores de la primera parte de la Danza de Enanos, ya que en 2010 ganaron el II Premio Letra y Música de la Tradicional Danza de Enanos con la composición Los Cantares del Mester.

Por tanto, y de manera excepcional, la letra y música de esta edición no fue elegida por concurso, tal y como había ocurrido en las dos últimas ocasiones, para honrar la memoria del fallecido Cobiella. No en vano, Cobiella es la persona que ha realizado las mayores y más sólidas aportaciones a las Fiestas Lustrales en la segunda mitad del siglo XX: creador del Minué, autor de la trilogía de autos marianos María en las Orillas y compositor de la Misa en re menor que se interpreta a la llegada de la Virgen de las Nieves a la parroquia de El Salvador, entre otras muchas facetas.

Tras esta representación, empezó la segunda parte del espectáculo con la mágica transformación cuando de la caseta salió el primero de los pequeños danzarines, y tras él otro y otro, hasta completar los 24 enanos. Un momento especial para todos los palmeros, un instante mágico para todos los que lo contemplan.

Finalizadas las siete funciones en el Recinto Central, para las que se agotaron todas las entradas a las pocas horas de su puesta a la venta, los enanos actuaron en las calles de Santa Cruz de La Palma, donde les dieron las primeras horas de la mañana de hoy danzando acompañados de miles de personas.

La Bajada de la Virgen de las Nieves tiene su origen en el fervor religioso que el palmero siente hacia la patrona a la que ha recurrido como intercesora contra toda clase de calamidades: erupciones volcánicas, sequías, plagas, hambrunas, incendios o naufragios, tal y como narra el historiador palmero Jesús Morera.

Los orígenes de la fiesta, según los cronistas, se remontan al año 1676, en el que tuvo lugar una extraordinaria sequía. Cuentan que ese año, el obispo de las islas, Bartolomé García Ximénez, autorizó el traslado de la imagen de la Virgen de las Nieves desde su parroquia hasta la localidad de Santa Cruz de La Palma. La Virgen ya había hecho idéntico recorrido en fechas anteriores, como en las sequías de 1630, 1631 y 1632, en la erupción del Volcán Martín (1646) y la plaga de langostas, de 1659. El prelado García Jiménez, viendo el fervor popular, resolvió que el devoto acto se repitiese cada cinco años, a partir de 1680.

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