300.000 razones para sonreír

Natali Padrón repartió desde la capital diez décimos del número premiado en el Cuponazo de la ONCE el viernes

02.07.2015 | 13:21
La vendedora de la ONCE Natali Padrón, en su puesto en Santa Cruz de Tenerife.

Natali desprende simpatía y amabilidad. Atiende a sus clientes siempre sonriente, bromea con ellos y no olvida de despedirse con un "mucha suerte". Es una expresión recurrente cuando se trata de una vendedora de cupones de la ONCE, pero lo cierto es que estas palabras se cumplieron recientemente a la perfección. El pasado viernes, después de un año en puestos de venta, Natali Padrón repartió 300.000 euros del sorteo del Cuponazo.

El 62.940 repartió unos cuantos miles de euros en Santa Cruz de Tenerife gracias a la joven, que ayer colocó el correspondiente cartel en su puesto, justo frente al Mercado Nuestra Señora de África. Quizá sirva de reclamo para obtener más compradores. A lo mejor supone una pequeña inyección extra a las arcas de la Organización. Es lo que parecía al menos ayer por la mañana cuando cada pocos minutos se acercaba alguien dispuesto a llevarse un décimo.

Y Natali les sonreía. "Te doy el premiado", repetía sabiendo que es posible que tenga razón. Forma parte de su carácter optimista, una manera de enfrentarse a la vida que ha llevado a su trabajo. "Estoy totalmente comprometida con el trabajo de la ONCE porque es mucho más que vender cupones, porque las actividades de la Fundación es lo realmente importante", asegura.

Nacida en Venezuela, asegura que en el país latinoamericano no existe el apoyo de organizaciones como la suya a las personas con algún tipo de discapacidad. Lo sufrió de hecho, pues fue residiendo en el país cuando perdió la visión. "De repente un día me desperté sin ver", recuerda la joven. Fue un desprendimiento de retina lo que le causó la ceguera, que los médicos solo han logrado paliar en parte. Ahora apenas tiene un 20% de visión en el ojo derecho, lo que le ha cambiado por completo la vida.

Tuvo que dejar su trabajo en la radio. Su pasión. "Estudié comunicación y marketing y estuve once años trabajando en una emisora local en la que disfruté muchísimo", recuerda con nostalgia pero con su eterna sonrisa. Pero las barreras del destino no solo proceden de su vista. La pérdida de visión se produce por su enfermedad, ya que Natali es diabética. Su ilusión, su motor, era entonces su pequeña, Adriana. "A mi hija le diagnosticaron una cardiopatía congénita grave y los médicos me recomendaron buscar asistencia fuera de Venezuela", explica Padrón. Tenía apenas un año.

"A mi marido todo esto le superó y coincidió con un viaje de mis padres a Canarias hace nueve años, así que decidí venir con ellos", indica la joven. Aquí encontró otra vida. Empezó a dializarse, operaron a su pequeña que ahora está a punto de cumplir diez años. Y además logró ser transplantada de páncreas y riñón hace ocho años, cuando tenía 32. Ahora ella y la niña tienen salud.

Y seguridad, porque Natali Padrón admite que la situación en su país de origen no es la recomendable. Pero ni así pierde la energía positiva con la mira a la vida: "Dejé atrás muchas cosas, a pesar de cómo esté el país, tengo a mis amigos, a mi familia y al padre de mi hija".

Por eso incluso ahora que no tiene el mejor puesto de venta de la ONCE pierde el entusiasmo. Asegura que ha estado en otros donde "se compra incluso el doble en el mismo horario", pero añade que su compromiso con la organización es total. "Espero ayudar a dar más premios, a que suban las ventas y a que la Fundación amplíe sus acciones", explica Natali Padrón. Es feliz con lo que le toca porque su lema es simple y directo. Se lo ha enseñado la vida: "No me rindo".

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