Pau Rausell
Economista cultural y profesor universitario 

´La falta de financiación pública no debe paliarse con privada´

"En la mayoría de la oferta operística sería más barato trasladar al público que producirla en el territorio"

30.06.2014 | 02:20
Pau Rausell en una conferencia de la Fundación Pedro García Cabrera en la capital.
Pau Rausell en una conferencia de la Fundación Pedro García Cabrera en la capital.

Pau Rausell es un economista profesor en la Universidad de Valencia que dirige su Unidad de Investigación en Economía de la Cultura (Econcult). Es también promotor del Observatorio Valenciano de la Cultura. Rausell es un defensor de la cultura como salida a la crisis. Esta semana, este experto, referente nacional, estará en la capital para participar en las jornadas La Cultura, la crisis y las crisis.

–Es usted un habitual en la Isla en cuestiones de gestión cultural, ¿ha notado alguna particularidad en el Archipiélago a este respecto?

–Una de las características del territorio es que hay mucho talento pero eso lo dicen también en Murcia, Andalucía y País Vasco. No veo muchas diferencias, quizá en la política cinematográfica. La insularidad trae problemas de conexión que creo que Canarias solventa bastante bien. Hay algunas dinámicas más activas de conexión con otros territorios que en otros lugares. Quizá hacen de la debilidad virtud.
Me han llamado para ir más veces a Canarias que a Galicia, por ejemplo. Creo que las Islas hacen un esfuerzo especial para estar conectados a la realidad europea.

–¿Qué le parece el modelo de financiación mixto (público y privado) para los proyectos culturales, que cada vez se da más?

–No es que se esté dando más, lo que pasa es que se está retirando la participación pública y se apela a la privada de una manera más acuciante. Creo que cada una atiende a necesidades diversas. La reducción de la financiación pública no viene del todo explicada por la crisis porque tendría sentido si se redujera en la misma proporción que el conjunto. Pero lo que ocurre es una reasignación de prioridades en el ámbito de las políticas públicas. Creo que es un error y que no puede ser compensado con la participación privada. No debemos renunciar a exigir al sector público esta participación porque muchas de las características de los bienes y servicios culturales son de bien público. Además, estamos convencidos –y nuestras investigaciones lo demuestran– de que la cultura es parte del estado de bienestar y tenemos indicios bastante sólidos de que quizá una apuesta mucho más decidida por la cultura no solo sea adecuada, sino que puede ser una vía de salida de la crisis.

–Esto es algo que la Econcult no se cansa de repetir pero ni los gobiernos hacen caso ni existe como discurso en la sociedad, ¿por qué?

–Sí, y es un error. Nosotros tenemos evidencias y parece ya bastante claro que las regiones que apuestan por los sectores culturales y creativos y tienen más trabajadores en ellos muestran mayores niveles de riqueza y de capacidad de crecimiento que la media de la región.
Es un discurso que está mas o menos interiorizado en las grandes instituciones plurinacionales (Comisión Europea) pero no lo tienen claro en los gobiernos. Es un discurso que late a nivel teórico por las grandes esferas pero que luego no se traduce en acciones concretas. Éste es el problema.

–Afirma que las políticas culturales europeas son ineficaces, ineficientes e injustas. ¿Cuál es el principal error?

–Creo que lo que hacemos es ser muy poco críticos con la cultura y la evaluamos muy poco. Por eso repetimos clichés. Hay mucha inercia en las políticas culturales. Aunque muchas de ellas han demostrado su ineficacia de forma evidente, hay muy pocos incentivos para cambiarlas. Somos muy acomodaticios en este ámbito y no le exigimos resultados como a otros, por ejemplo a las políticas educativas, sanitarias o a las de seguridad vial. Por ejemplo, miramos si se reducen o no los accidentes, pero, a pesar de que llevamos 30 años haciendo políticas de promoción lectora, no miramos si varían las tasas de lectores.

–¿Es tan complicado un cambio en las políticas culturales?

–Diría que no, que es bastante sencillo pero, como siempre está en la periferia de la agenda política, nunca nos lo tomamos en serio.

–¿Cree que un Observatorio de Cultura en cada región ayudaría a dar ese empujón?

–No del todo. Un Observatorio es una herramienta que se puede utilizar o no. Si la tenemos pero no la usamos de poco nos sirve. Me da un poco de miedo que se queden en observar y no transformar.

–Noto miedo al dinero, tanto a cobrarlo como a invertirlo

–Hay cierta mitología o leyenda alrededor de la distancia entre el ámbito de la cultura y el del dinero y parece que siempre da pudor juntar estas dos dimensiones, pero yo creo que hay que tratarlo con normalidad. Las cosas tienen su precio y su valor; funcionamos en un modelo de mercado y creo que hay que desmitificar esto. Ni es lo único ni es irrelevante, hay que ubicarlo en su justa medida.

–Muchas administraciones públicas tienen recelo a confesar el gasto en Cultura, ¿significa algo?

–Refleja la poca seguridad en cuáles son los modelos adecuados. En un determinado momento pareció que ofrecer un elevado nivel de excelencia era el indicador para evaluar la política cultural. Pero si observamos cuál es el objetivo de una política cultural, que es la transformación de la realidad, vemos que estos elevados niveles de gasto en estas operaciones de excelencia tienen muy poca capacidad transformadora. Si se analiza en términos de coste–beneficio no salen las cuentas. En la mayoría de la oferta operística sería más barato trasladar al público que producirla en el territorio, aunque sea un discurso un poco demagógico.

–¿Qué le parece el crowdfunding para financiar la cultura?

–Es un modelo muy interesante de democratización de la financiación de los procesos culturales. Creo que si tuviera un tratamiento fiscal adecuado podría ser una herramienta muy importante.

–¿Cómo cree que será la cultura después de la crisis?

–Soy relativamente optimista. Pienso que después de una estrategia equivocada en el ámbito de las administraciones públicas, en el ámbito europeo va a quedar bastante claro el papel central de la cultura en los procesos de desarrollo territoriales. Creo que vamos a entrar en una fase de mayor sofisticación en el desarrollo de las políticas culturales, seremos más cuidadosos, evaluaremos con mayor precisión, tendremos herramientas mejores, más información, etc. Una vez superada la crisis, dentro de 2 a 10 años, podemos entrar en una nueva era del desarrollo de la cultura y de las políticas culturales.

–¿Y a nivel nacional confía en que haya ese cambio?

–Sí, pero no a corto plazo. Creo que dentro de cinco o siete años la perspectiva y el uso de las políticas culturales y de la cultura van a ser más importante de lo que es ahora y de lo que era antes de la crisis.

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