El Astrofísico revela la Vía Láctea oculta

El Instituto colabora en un proyecto que "retrata" partes de la galaxia camufladas por el polvo interestelar

01.08.2013 | 00:15
Los investigadores del IAC colaboran en la creación del primer mapa de la Vía Láctea oculta.
Los investigadores del IAC colaboran en la creación del primer mapa de la Vía Láctea oculta.

El grupo de astrónomos que integra la colaboración internacional Sloan Digital Sky Survey III (SDSS-III), en la que participa el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), acaba de publicar las características desconocidas hasta ahora de 60.000 estrellas de nuestra galaxia. Esta nueva serie de datos de acceso abierto, y libre descarga en internet, permitirán explorar la parte oculta de la Vía Láctea y ayudarán a entender cómo se formó.
Se trata de los primeros datos publicados por el proyecto Apache Point Observatory Galactic Evolution Experiment (Apogee) que, como parte de SDSS-III, supone un esfuerzo investigador colectivo para crear un mapa completo de la composición química de las estrellas a lo largo y ancho de la Vía Láctea. Con este objetivo, en el proyecto se ha desarrollado uno de los más eficientes espectrógrafos para luz infrarroja del mundo.
La solución que ha aportado el espectrógrafo de alta resolución es observar este área en el infrarrojo, una luz invisible al ojo humano pero capaz de penetrar el velo de polvo que oscurece el centro de nuestra galaxia. Esta habilidad para explorar zonas previamente ocultas permite a Apogee ambicionar el objetivo de trazar un mapa completo de la composición química de todas las regiones de la Vía Láctea. La espectroscopia realiza mediciones sobre la cantidad de luz emitida por una estrella en cada longitud de onda, o lo que es lo mismo, en cada color.
Lejos de las luces de la ciudad, la Vía Láctea aparece como una banda luminosa que cruza el cielo cubierta por una especie de cortinas oscuras. Esta banda es el disco y el bulbo o núcleo galáctico y las cortinas son el polvo que impide a los astrónomos ver todas las partes de la Galaxia.
Cuanto más cerca se encuentra una estrella del centro, una mayor parte de su luz es apagada por el polvo. Por este motivo, los estudios previos sobre las estrellas de la Vía Láctea han estado limitados por la capacidad de medir de forma consistente las estrellas de esta zona polvorienta. "Esta es la más completa colección de espectros de estrellas en el infrarrojo nunca realizada", explica el director del proyecto Apogee, Steve Majewski, de la Universidad de Virginia. "El total de 60.000 estrellas analizadas suponen casi diez veces más que el número de espectros de alta resolución en el infrarrojo obtenidos hasta ahora por todos los telescopios del mundo. Seleccionadas de todas las diferentes partes de la Galaxia, desde la periferia casi vacía hasta el centro envuelto en polvo, estos espectros nos permitirán descorrer la cortina que cubre la parte oculta de la Vía Láctea", añade Majewski.
El espectro de una estrella es una de las mejores herramientas para aprender sobre ella. Los investigadores detallan que el espectro habla de detalles clave, como la temperatura, el tamaño de la estrella y los elementos que se encuentran en su atmósfera. Es como si consiguiéramos las huellas dactilares de alguien en lugar de solo conocer su altura y su peso.
Para llegar a la meta fijada en el proyecto de analizar 100.000 estrellas en solo tres años, el instrumento Apogee observa 300 estrellas distintas de forma simultánea, lo que agiliza en cientos de veces la velocidad de recolección de datos si se compara con los instrumentos habituales, que analizan las estrellas de una en una.
Herramientas
Esta ingente cantidad de datos no puede ser analizada con métodos convencionales. "Los métodos clásicos de análisis de espectros se basan en gran medida en el trabajo manual e interactivo de una persona", cuenta Carlos Allende Prieto, científico líder de SDSS-III en el Instituto Astrofísico de Canarias y responsable del software de análisis de los espectros de Apogee.
"No podíamos contar con cien investigadores durante tres años para hacer el trabajo en este caso, así que tuvimos que escribir programas para ordenador que se comportaran como humanos, e incluso nos superaran en esta particular tarea", explica el investigador del IAC.

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