El ADN de la calima

El polvo en suspensión procedente del desierto del Sáhara y el Sahel trae partículas microscópicas de hierro, calcio y fósforo, así como bacterias, esporas, virus y polen

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JUDIT GONZÁLEZ
SANTA CRUZ DE TENERIFE
La calima molesta, incordia, asfixia y agobia a los canarios. Se empeña en visitar el Archipiélago cada cierto tiempo sin ser bienvenida. Este polvo reduce la visibilidad y cubre las ciudades con un manto de arena fastidioso, sobre todo para aquellos que son alérgicos y lo sufren aún más durante esos días. Se trata de polvo del desierto del Sáhara en suspensión. El flujo de aire de componente Este arrastra este polvo y si el viento sopla con mucha fuerza, permanece sobre las Islas. Según Pedro Dorta Antequera, climatólogo y profesor de Geografía en la Universidad de La Laguna (ULL), "la calima es el transporte de las finas partículas de arena del desierto del Sáhara, materiales de origen litogénico que llegan a Canarias".
Esta masa de aire lleno de polvo permanece en los cielos canarios hasta que un viento frío lo arrastra. Esto fue lo que ocurrió la semana pasada, cuando la calima se instaló en las Islas desde el domingo, empezando por las más orientales y no se disipó hasta el jueves, cuando el viento del Norte comenzó a soplar. Durante esos días, además, se unió a una ola de calor que mantuvo al Archipiélago en alerta naranja por temperaturas de hasta 38 grados.
Los periodos de calima suelen ser más frecuentes y duraderos en los meses de invierno, sobre todo en enero y febrero. Es menos probable que se dé durante la primavera. Entre los meses de abril y junio es cuando hay menos posibilidades de que se forme, aunque en los últimos años se ha dado en varias ocasiones. "Específicamente en junio la frecuencia es muy baja porque los vientos alisios son más fuertes y existe una mayor circulación del viento del noreste que limpia la atmósfera", explicó el profesor Dorta Antequera. "Además, en invierno, las temperaturas suben muy poco por culpa de la calima. En cambio, en verano se pueden alcanzar entre 12 y 14 grados más de lo habitual", aseguró.
En los desiertos se forman las llamadas "tolvaneras". Se trata de corrientes de aire que, previas a la lluvia, arrastran polvo y arena. Con el calor, estos materiales que han sido arrastrados se mantienen en suspensión y tienden a ascender. Si el viento desplaza estas partículas, al ser tan pequeñas, pueden llegar a cualquier parte del planeta. El transporte de estos materiales no se produce siempre a la misma altura, lo que conlleva diferencias en el impacto que tienen estos episodios de calimas en cada isla del Archipiélago.
En los meses más fríos se aprecian más en lugares de menor altitud. En verano, ocurre lo contrario y el polvo es trasladado a una mayor altura, por lo que las más afectadas son las cumbres.
La llegada de la calima a las Islas no es nada nuevo. Desde los siglos XVII y XVIII hay narraciones que cuentan este tipo de acontecimientos, aunque sin ningún valor científico y basados en la simple observación. Actualmente, y gracias a numerosos estudios sobre este fenómeno atmosférico, se ha comprobado que se dan alrededor del 25% de los días del año.
El polvo que llega de África, además de molestar a la población, causa prejuicios en la calidad ambiental, reduce la visibilidad y provocar malestar al respirar. Existe un riesgo especial sobre todo para los niños, los ancianos y los enfermos con afecciones respiratorias. Los síntomas suelen aparecer 48 horas después, por lo que muchas veces la calima ayuda a descubrir nuevos alérgicos que no eran conscientes de que lo eran.
Estas nubes de polvo que llegan a las Islas traen miles de toneladas de partículas, microorganismos y polen a la atmósfera. El transporte se realiza hacia el oeste sobre el Océano Atlántico, América del Norte, América del Sur y el Caribe. También hacia el Norte a través del Mediterráneo. El polvo procede del llamado Dust Belt (cinturón de polvo), que incluye el norte de África, Oriente Próximo y Asia central y oriental hasta China. Unos dos billones de toneladas de polvo de las cuales el 75% proviene del Sahara y el Sahel. Estos materiales aportan hierro, calcio y fósforo. La calima transporta partículas de origen biológico de tamaño microscópico, virus, bacterias, esporas y polen. Recorren distancias que pueden variar desde unos pocos metros hasta miles de kilómetros de donde se inició.
La supervivencia, reproducción y dispersión al aire de los contaminantes biológicos dependen de las condiciones ambientales. La concentración de estos microorganismos cultivables es superior durante eventos de calima. Igualmente, los microorganismos transportados por tormentas de polvo obtienen protección de las partículas de polvo, arena y agregados durante el trayecto a larga distancia.
Además, presentan factores de resistencia. Un alto porcentaje de los microorganismos son formadores de esporas y tienen un alto contenido de guanina y citosina en el ADN y son pigmentados. La mayor parte de los virus que se encuentran son profagos, cuyos genomas van protegidos en el interior de las bacterias.
Dos investigadoras del Instituto de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, Nuria Teigell y Cristina González descubrieron que hay mayor presencia de hongos que causan alergias cuando hay episodios de calima en Tenerife.
Una vez el polvo mineral se deposita sobre las hojas de las plantas, afecta a la fotosíntesis y por lo tanto, a su crecimiento. Asimismo, la deposición de estas partículas puede producir la acidificación y eutrofización en los suelos y de esa manera, afectar al desarrollo de la vegetación.
Con el cambio climático, las olas de calor se están produciendo en meses que no son habituales, como la que azotó Canarias en mayo. "La de la semana pasada no fue tan intensa, pero sí considerable", comentó Dorta Antequera. "Lo que ocurre es que el desierto del Sáhara se está calentando más rápido que el océano por lo que desprende más calor", indicó.
El tiempo en las Islas puede tener variaciones. Una de ellas se da cuando están bajo la influencia de los vientos alisios cuando se mantienen unas temperaturas agradables, propias de la primavera. Las situaciones de inestabilidad se concentran en los meses de otoño y principios de la primavera.
Por último, las advecciones de aire sahariano (o lo que es lo mismo, los desplazamientos de la masa de aire) también provocan cambios en el tiempo y transferencias de calor de una parte a otra. Se suelen dar durante los meses de invierno.

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