MIGUEL ÁNGEL AUTERO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Samuel Rodríguez Ocón, de 21 años, será juzgado a partir de hoy y a lo largo de los próximos días en la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por la muerte de Inocencia Oliva Portugués, de 65 años, el 21 de diciembre de 2009, en El Chorrillo. Al procesado, que era novio de la hija menor de la víctima, se le acusa de los delitos de asesinato, robo con violencia, estafa y contra la seguridad del tráfico.
Por estos delitos, la acusación particular solicita que se le imponga una pena de 36 años y medio de prisión y a una indemnización de 60.000 euros para cada uno de los cuatro hijos herederos de la mujer fallecida.
Según formula en su escrito de acusación la letrada de esta parte, por el delito de asesinato con ensañamiento y alevosía solicita que le sea impuesta la pena de 25 años años de cárcel; por el delito de robo con violencia, cinco años de prisión; por el delito de estafa interesa, que se le sea impuesta una pena de seis años de privación de libertad y una multa durante 12 meses a razón de seis euros diarios; y por último, por el delito contra la seguridad del tráfico, se solicita una pena de seis meses de prisión y 40 días de trabajos en beneficio de la comunidad.
Los hechos sucedieron el 21 de diciembre de 2009 cuando el acusado, que tenía entonces 19 años, acudió al domicilio de Inocencia Oliva Portugués, a la que recogió en el coche de su pareja sentimental e hija menor de la víctima, con quien convivía desde julio de ese mismo año. El procesado, además, carecía del correspondiente permiso de conducir.
Confianza
Según el escrito presentado por la acusación particular, Samuel Rodríguez Ocón quiso ganarse la confianza de la mujer, por lo que se ofreció a llevarla al centro de salud, a una sucursal bancaria de El Chorrillo donde la mujer tenía una cuenta y, posteriormente, la acompañó a realizar unas compras en Barranco Grande.
Transcurrida la mañana, el joven trasladó de nuevo a Inocencia Oliva Portugués a su domicilio. Antes de entrar en el inmueble, el joven cogió del maletero del vehículo un martillo de 27 centímetros de largo, con punta de metal redonda por un extremo y en forma de V, para sacar clavos, en el otro. Ya dentro del domicilio, sobre las 11:30 horas y cuando la mujer se encontraba confiada y dando la espalda al joven, éste la atacó por sorpresa con el martillo, llegando a asestarle mas de 70 golpes en la cabeza y en la parte superior derecha de la espalda. Cuando la mujer cayó al suelo, en decúbito supino, el agresor continuó con los golpes, incluso cuando la mujer ya no respondía a estímulos vitales.
La víctima falleció por los múltiples traumatismos craneoencefálicos, fracturas craneales múltiples y salida de masa encefálica que determinaron la destrucción de los centros vitales encefálicos.
El acusado, tras dar muerte a Inocencia, permaneció en el domicilio de ésta revolviendo el interior y registrando algunos de los muebles para apropiarse de los objetos de valor. Durante este tiempo, el agresor se apropió de un anillo de oro con una circonita roja que siempre llevaba la víctima en un dedo de la mano izquierda. Además, robó un pasador de oro y cuatro cordones del mismo metal, dos de ellos con un colgante pertenecientes al compañero sentimental de Inocencia.
Además de las joyas, Samuel Rodríguez Ocón se apropió de la tarjeta de débito bancario de la víctima, con la que se personó en una sucursal de la entidad en Igueste de Candelaria a las 11:56 horas, tal y como muestra el reloj de la videocámara del cajero automático en el que hizo dos extracciones de efectivo: la primera de 250 euros, y la segunda, por 10 euros.
El cadáver de la mujer fue hallado el mismo día de su muerte y desde primera horas las sospechas de la autoría recayeron en el joven, de origen malagueño. Al día siguiente de cometer el asesinato, la autoridad judicial autorizó la entrada y registro de la vivienda que compartía el agresor con la hija de la víctima, también en la localidad de Igueste de Candelaria. En el inmueble, los agentes encontraron las seis joyas propiedad de Inocencia así como la tarjeta bancaria. Todo fue hallado dentro de un maletín negro que había colocado sobre un armario. Recuperadas las joyas se hallaron restos de sangre en el anillo con la circonita roja, rastros que coincidieron con el ADN de la fallecida.
El joven fue detenido ese mismo día y prosiguió la investigación policial con el fin de localizar el arma empleada para cometer el crimen. El 1 de febrero de 2010, con una nueva orden judicial, se encontró el martillo en el interior de un armario de la misma vivienda en la que residía el acusado.
La punta del martillo conservaba aún rastros de sangre y cabellos que, tras el correspondiente análisis de ADN, resultaron ser restos biológicos de la mujer fallecida.