MARÍA PLASENCIA
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Entre baldosas que saltan solas, estanterías que se caen, aguas fecales que se desalojan sin tuberías y humedades cercanas a los cuadros eléctricos, el hecho de que los 700 alumnos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (ULL) salgan cada día ilesos de su jornada de clases es casi un milagro. Por si acaso, los estudiantes ya han colocado un chaleco reflectante al mural de El Hombre de Vitrubio que preside el edificio. Lo peor es que les toca estar así tres cursos más, como mínimo, dentro de las previsiones más optimistas.
Durante los últimos cinco años, la Facultad ha visto cómo sus paredes se han ido desgastando más de lo deterioradas que ya estaban. Pero sus alumnos y, sobre todo, sus docentes, recibían cada nuevo desperfecto con un suspiro entre costumbre y esperanza: solo habrían de aguantar hasta que abriera sus puertas las nueva Facultad.
Pero los recortes, como en casi todos los casos en los últimos tiempos, han truncado el deseo del centro universitario después del anuncio de la paralización de la obra antes de que finalice el verano. Más descorazonador, si cabe, es el hecho de que ni siquiera habrá fondos suficientes para arreglar los desperfectos que han aparecido durante los últimos cinco cursos... y los que surgirán a partir de ahora.
Al decano de la Facultad de Bellas Artes, Alfonso Ruiz, ya se le agotaron los calificativos para el centro al que acude cada día pero los resume en uno: "Impresentable". El problema surge casi desde el inicio, ya que el edificio en el que se impartirán el próximo curso hasta cinco titulaciones oficiales se proyectó hace tres décadas "para un uso distinto al de una Facultad de estas características", explica Ruiz. Por eso, la principal dificultad a la que se enfrenta la Facultad en estos momentos es la falta de espacio.
Unos estudios como los de Bellas Artes requieren una infraestructura diferente a la de la mayoría de las carreras universitarias. Solo por poner un ejemplo, las aulas de escultura necesitan ser grandes y con sitios determinados para cada alumno ya que sus obras permanecerán en el mismo lugar durante todo el cuatrimestre. No solo no es el caso de la Facultad de la ULL sino que encima a ello se suma el hecho de que ya ni hay espacio para dar el resto de clases.
"Tenemos estudiantes dispersos por todos los campus de la Universidad", señala el decano de la Facultad, quien entiende que "se trata de otro trastorno más para el centro, que debe organizar los horarios teniendo en cuenta dónde se imparten las clases, y para los estudiantes, que tienen que estar de un lado para otro".
Dicen que ante la crisis se agudiza el ingenio y en un centro lleno de artistas no podía faltar la creatividad. Para aprovechar casi cada rincón de la complicada estructura de la Facultad, sus responsables han colocado paneles de madera divisorios en medio de pasillos que dan como resultado varias aulas de diferente tamaño y hasta un despacho para un grupo de investigación. Si es que le puede denominar despacho, porque los propios investigadores están adecuando el espacio, que presenta problemas como la falta de falso techo.
Seguridad
Pero si hay algo que llama poderosamente la atención al entrar en Bellas Artes es que prácticamente no hay una pared en la que no haya un problema de humedades, con la complicación de que encima la mayor parte de ellas aparecen en las zonas cercanas a las luces o los cuadros eléctricos. La situación se complicó hace tres meses, cuando la Facultad de Bellas Artes amaneció sin electricidad. Tras varios días sin servicio, el equipo de mantenimiento de la ULL descubrió la causa en la humedad que llegó a un cuadro eléctrico por capilaridad.
La sorpresa fue mayor cuando se descubrió el origen de la saturación en "unos ríos de aguas fecales que nunca han estado canalizadas", definió el decano Alfonso Ruiz. Según el responsable de Bellas Artes, el edificio se construyó sin las tuberías de desagüe necesarias y "al final esos ríos negros provocaron el corte eléctrico y el cierre de varias aulas durante dos semanas" por el fuerte olor que desprendía la zona afectada durante su reparación.
Se trata, a juicio del decano, "de un problema de inseguridad importante", que se añade a otros defectos de edificación. Es el caso de las juntas de dilatación, inexistentes en Bellas Artes, y que han provocado una grieta que atraviesa toda la estructura y cuyo efecto inmediato es que las baldosas "salten solas". En la actualidad, el suelo está levantado en varias zonas de la facultad, entre las que destacan la biblioteca y algunas aulas, pero ya se ha repuesto en otros lugares.
Precisamente, la situación con el suelo es la causa del único accidente que se ha producido en la Facultad de Bellas Artes, aunque de carácter leve. Según indica el decano "la responsable de limpieza tropezó con una de las baldosas y estuvo dos semanas de baja, pero ya está incorporada".
La inexistencia de las juntas de dilatación en el edificio es también la responsable de algunos fenómenos que, si no fuera porque su causa es conocida, parecerían hasta paranormales. Estanterías que se caen de repente o puertas que se abren pero después no cierran son ejemplos de los acontecimientos con los que los docentes y estudiantes del centro se encuentran casi a diario.
Están acostumbrados a que cada semana aparezca algo que arreglar, hasta tal punto que de los 6.000 euros con los que cuenta cada año Bellas Artes para mantenimiento ya no queda nada. "Solo la obra para solucionar el problema de los ríos de aguas negras se llevó la mitad de presupuesto", comenta Alfonso Ruiz.
Al margen de las humedades, hay otras situaciones cuanto menos curiosas que forman parte de las particularidades de un edificio que cada vez se parece menos a un centro de enseñanza. Así, llama la atención que en medio de una de las aulas haya dos alcantarillas del servicio público, que "habitualmente están selladas con silicona para evitar que desprenda olor", explica el decano del centro, quien añade que "cada cierto tiempo hay que llamar al servicio público para que supervise las alcantarillas".
Las taquillas en las que los estudiantes guardan sus materiales suponen otro de los dolores de cabeza de los responsables de la Facultad. Su deterioro resulta más que evidente pero, según explica el decano, "es imposible asumir el coste de su reposición". "Hemos pedido presupuesto y, con los fondos de los que disponemos, tardaríamos 40 años en tener todas las taquillas nuevas", resumió Alfonso Ruiz.
Al menos, al responsable de Bellas Artes no le cabe duda de que cuando la Universidad de La Laguna vuelva a tener financiación suficiente para obras, "la prioridad será terminar el nuevo edificio", que verá concluida su estructura a finales de verano. "No hay dinero para acabarla del todo ni para equiparla, con lo que es completamente imposible que nos mudemos aunque se finalice el edificio", lamenta el decano, quien asegura que "la situación es tan difícil que, si no fuera porque hay puestos de trabajo en juego, plantearía la posibilidad de cerrar el centro".
La culpa es de un cable de alta tensión
La obra de la nueva Facultad de Bellas Artes ha sufrido durante los cinco años desde su puesta en marcha todo tipo de inconvenientes que han tenido como consecuencia un retraso tras otro. Sin embargo, a juicio del decano del centro, Alfonso Ruiz, alumnos y docentes estarían mudados al nuevo edificio el próximo curso académico si no fuera por la molestia del cable de alta tensión. "Si no hubiera sido por el año en que se intentó solucionar el problema con el tendido eléctrico, la obra hubiera estado terminada", justificó Ruiz. El problema al que se refiere el decano tuvo una doble vertiente, por un lado, al detectarse que un cable de alta tensión impedía continuar con la obra se negoció con Endesa, "pero cambió la gestión a Red Eléctrica y se tuvo que renegociar". Por otro lado, "precisamente en ese tiempo, empezaron los recortes y el Gobierno de Canarias rompió unilateralmente el compromiso con la Facultad".