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Asignatura pendiente a los 80

Más de un centenar de mayores del área metropolitana retoman los estudios en los centros para adultos de La Laguna y el Mercedes Pinto de Santa Cruz

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Asignatura pendiente a los 80
Asignatura pendiente a los 80  

A. BLANCO / R. CAPOTE
LA LAGUNA / SANTA CRUZ DE TENERIFE
Hacerse cargo de la familia, trabajar para colaborar en la economía familiar o la prohibición de sus parejas son algunos de los motivos por los que los seis protagonistas de este reportaje tuvieron que abandonar sus estudios durante la juventud. Ahora, cumplidos los 60 años, se han decido a retomar lo que entonces dejaron de lado muy a su pesar.
Las razones que han llevado a estas personas a volver a las aulas son de lo más variadas. Mientras que algunos aprovechan esta oportunidad para completar su formación o matar las horas de soledad, otros se conforman con aprender a leer y escribir para adaptarse a la independencia que supone la pérdida o separación de sus seres queridos.
El Centro de Educación Para Adultos (CEPA) de La Laguna es la única alternativa con la que cuentan los mayores del municipio que quieren estudiar. De los 1.000 alumnos matriculados en las diferentes sedes del CEPA, un 12% son mujeres mayores de 65 años. Todas ellas cursan el período inicial de formación básica, que tiene como meta el aprendizaje de la lectura y la escritura.
En la capital chicharrera, los mayores se reparten entre el CEPA de Santa Cruz de Tenerife y el del Mercedes Pinto. En este último, tan solo diez de los 2.900 estudiantes matriculados en el centro son mayores de 60 años. La mayoría de estos realiza los cursos a distancia, adaptándose así al uso de las nuevas tecnologías para realizar el seguimiento de sus asignaturas.
En todo caso, los centros de la zona metropolitana cuentan cada vez con más población juvenil en detrimento de los mayores, dado que la crisis económica y el incremento del número de desempleados les lleva a buscar en los estudios una esperanza para aumentar sus posibilidades de conseguir un puesto de trabajo.
Con respecto a los más jóvenes, los estudiantes de mayor edad confiesan que la experiencia hace que los nervios previos a los exámenes desaparezcan. Por su parte, los alumnos que rondan los 80 años no solo reciben formación académica, sino que además son educados a nivel social, ya que aprenden, entre otras cosas, los riesgos que conlleva la automedicación.

CEPA La Laguna

De firmar con los dedos a contar cuentos a sus nietos
El CEPA San Cristóbal de Laguna cumple, según su jefa de estudios, Inmaculada Plata, con una "deuda social" en el caso de las mujeres mayores, ya que estas tuvieron que abandonar las escuelas sin ni siquiera saber leer ni escribir. "Hay algunas que firman con los dedos", asegura Plata, "por eso ellas mismas reconocen que la alfabetización es una necesidad personal".
Sin embargo, la principal razón por la que estas alumnas acuden al CEPA es para compartir experiencias con el resto de estudiantes y sentirse acompañadas. "Para ellas esto es un centro de día", asegura su director, Felipe Luis. En el Centro de Adultos de La Laguna, las clases reúnen alumnos de muy diferentes edades, desde los 18 hasta casi los 90. "Esto es beneficioso tanto para unos como para otros", asegura Ricardo Martín, secretario del centro. Argumenta que "los jóvenes aprenden de la experiencia de las mayores y a estos la convivencia les activa y rejuvenece".
Antes de matricularse en el CEPA, estas alumnas realizan una prueba de nivel que pone de manifiesto sus conocimientos para asignarles un curso concreto. "De las mayores, casi ninguna ha estudiado antes", explica Plata, "pero cualquier competencia que puedan desarrollar en la vida diaria conlleva una serie de capacidades que les suman a la hora de acceder al centro".
Durante las clases, las alumnas estudian ocho asignaturas, entre las que se encuentran lenguaje, matemáticas o informática, que se adaptan a las capacidades de cada curso. Armando Díaz, profesor del CEPA, asegura que "las personas mayores tienen una gran motivación e interés por asistir a clase y estar actualizadas". Esto se traduce, añade, en que "no faltan nunca". Otra de las maestras es Isabel Maestre, quien afirma que "las mayores vienen a aprovechar cada minuto". "Tienen mucha ilusión por aprender a leer para contar cuentos a sus nietos", apunta la profesora.
Una de estas alumnas es Felisa García, de 82 años, a quien su psicóloga le recomendó asistir a clase para salir de la depresión en la que se encontraba inmersa. Durante su infancia, Felisa no pudo estudiar porque se vio obligada a trabajar para sacar a sus ocho hermanos adelante tras la muerte de su madre. Tan solo aprendió a leer en casa de una amiga que le enseñó cuando era soltera, pero llegó al centro aún sin saber escribir.
García se arrepiente de no haberse matriculado antes en el Centro de Adultos. Aseguro que no lo hizo "por vergüenza". Ahora su marido y sus hijos están muy orgullosos de ella, que piensa continuar el próximo curso.
Ascensión Conde, de 87 años, es de las más veteranas del centro. Esta alumna afirma que "las matemáticas se me dan bien, pero me conformo solo con aprender a leer y escribir". Ascensión no pudo estudiar cuando era joven porque trabajó en la Refinería, en la limpieza y vendiendo cajas de tomates. Cuando se casó, rememora, "mi marido no se preocupó por mi formación".
Ahora que está sola, decidió apuntarse al CEPA "para entretenerme y mantener la mente ocupada". Conde ha intentado en varias ocasiones aprender a leer y a escribir, pero siempre lo ha acabado dejando. En el CEPA asegura estar aprendiendo mucho porque "me siento motivada, ya que los profesores son muy buenos".
Adoración Rodríguez, de 79 años, reconoce que dar clase en el CEPA "me ha dado otra manera de vivir y me ha devuelto a mi niñez". Esta lagunera residente en Las Mercedes se matriculó en el centro a raíz de la muerte de su marido, cuando comenzó a sentirse sola. "Ahora los hombres no son tan machistas", piensa, "pero con él vivía bajo un dominio y no me dejó aprender más que a expresarme con lo que me enseñaron mis clientas mientras les hacía la manicura".
Rodríguez asegura que "si hubiera estudiado de joven ahora sería ministra, pero de las buenas", aunque confiesa que si hubiera podido hacer una carrera universitaria habría elegido Matemáticas. En sus ratos libres, Adoración se dedica a copiar textos de libros para practicar la escritura. "Quiero aprender a manejar las cuentas de mi casa por mí misma, defenderme yo sola sin depender de nadie cuando voy al banco o al supermercado", subraya la alumna.
Para Adoración, "con venir al centro yo solo busco que me escuchen, que me atiendan y que me den cariño, y en ese sentido estoy muy contenta".

CEAD Mercedes Pinto

El lugar donde la educación no tiene límites
Ana María Nemi, Juana Mari Naval y Khaldoun Oubari recorren los pasillos del centro educativo con sus carpetas bajo el brazo. Sería una estampa habitual si no fuera porque estos tres estudiantes ya han cumplido los 60 años. Se trata de tres de los alumnos del Centro de Educación a Distancia (CEAD) Mercedes Pinto.
Estos tres estudiantes son tan solo una representación de algunos de los adultos que tras dejar sus estudios en la juventud han vuelto para ampliar sus conocimientos y con ello su curriculum. El Mercedes Pinto es un centro de educación a distancia y presencial que cuenta en la actualidad con cerca de 2.900 alumnos matriculados. Su oferta formativa se compone de bachillerato, ciclos formativos de grado medio y superior, cursos de preparación para pruebas de acceso y la educación secundaria obligatoria para personas adultas (GES).
"El mayor número de nuestros estudiantes está inscrito a distancia", señala Manuel Quintana, director del Mercedes Pinto. "En total, esta enseñanza reúne a 2.500 de nuestros alumnos. Y los mayores de 60 años son 10, es decir, un 3%", agrega. Y es que debido a las obligaciones laborales, domésticas o familiares los adultos prefieren estudiar y recibir las lecciones en sus casas.
Este es el caso de Ana María Nemi. Esta italiana afincada en Tenerife se está sacando el título de educación secundaria para adultos desde su casa. "Quiero tener el título de español, porque cuando era joven dejé de estudiar para trabajar como modelo. Ahora siento que quiero prepararme y hacer muchas de las cosas que no pude hacer antes", cuenta Nemi. "El saber no ocupa lugar y tampoco tiene edad. Ahora dan ganas de coger un libro, porque cuando yo estudiaba eran verdaderos mamotretos", afirma.
Apenas quedan unas semanas para terminar su primer curso en el Mercedes Pinto y ya está convencida de que aprobará. "Demoré mis estudios por miedo a tener que volver a estudiar matemáticas. Me llevé una alegría enorme cuando me dijeron que no tenía por qué estudiarlas", dice Ana María Nemi.
Los exámenes son presenciales, pero en el campo virtual del centro pueden seguir las materias y hacer actividades", aclara Quintana. "Nuestros estudiantes también tienen la opción de asistir a las horas de clase presenciales. Por cada asignatura hay una hora semanal", agrega.
Juana Mari Naval la mira con atención, pues se siente muy identificada con la historia de su compañera. Sin embargo este es su tercer curso en el centro. "Yo estoy inscrita en bachillerato, pero me lo tomo con calma", confiesa. "Es una suerte porque nos convalidan muchas asignaturas por los años trabajados o por cursos realizados".
"Aquí siento que me valoran como persona. Tienen en cuenta la edad y que tienes bajo tu responsabilidad un hogar y una familia", manifiesta Naval. Esta chicharrera de 62 años, además de ser la estudiante de más edad del Mercedes Pinto es también una de las que mejores notas saca de su curso. "Vine porque quería aplicar mi tiempo libre en algo útil".
Khaldoun Oubari está inquieto. En una hora tiene un examen y quiere aprovechar el máximo tiempo para repasar. A sus 60 años, este sirio lleva 12 años viviendo en la Isla. "Empecé a estudiar el ciclo superior de Administración y Finanzas en septiembre. Aún me quedan tres años por delante", señala. "Vine en el año 1970 a España para estudiar Medicina y, al final, por circunstancias de la vida acabé sacándome el título de Técnico Superior en Informática", explica.
Oubari afirma que todo en su vida iba bien hasta que hace dos años perdió su trabajo. "Entonces pensé en aprovechar mi tiempo y mejorar el curriculum para aumentar mis posibilidades de volver al mercado laboral", matizó. "Cuando estás obligado a hacer algo lo rechazas, pero cuando se hace por propia iniciativa es diferente. Ya no vivo los nervios previos al examen como antes", confiesa este sirio. "El estudio mejora la calidad de vida de las personas. Pienso que conseguimos sentirnos mejor con nosotros mismo si aprovechamos el tiempo en algo productivo", añade.
Ahora estos tres peculiares y entregados estudiantes comparten su tiempo con personas más jóvenes que ellos. "Todo son ventajas", expresa Juana Mari Naval. "Nosotros nos sentimos más jóvenes y encima evitamos la aparición del Alzheimer", concluyó Juana Mari Naval.

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