Crimen de la Pensión Padrón

Ángel Bermejo denunció cinco veces las torturas que sufrió

El hombre, cuyo esqueleto fue hallado en el hostal, fue atendido por médicos, a quienes relató su suplicio

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MIGUEL ÁNGEL AUTERO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
"Me pega, me ata y me roba". Esto era lo que repetía y denunciaba Ángel Bermejo Beltrán, cuyo cadáver esqueletizado fue encontrado a finales de agosto de 2010 en una de las habitaciones de la Pensión Padrón, en la Avenida Islas Canarias de Santa Cruz de Tenerife. Lo hizo en al menos cinco ocasiones, las que pudo escapar de su captor y torturador, que lo retuvo en el hostal, atado y desnudo para obligarlo a que le entregara el dinero que mensualmente le ingresaban como beneficiario de dos subsidios.

A la Policía nunca acudió este extoxicómano que estaba en tratamiento de metadona, pero contó su sufrimiento y suplicio a médicos, enfermeros y vigilantes de seguridad de varios centros de salud, del Hospital de Nuestra Señora de la Candelaria y del Albergue Municipal de la capital tinerfeña.

Sin embargo, o nadie quiso escucharlo o no creyeron que semejante relato fuera cierto. Sin embargo, desde septiembre de 2009 hasta el 4 de enero de 2010, se documentó a través de expedientes médicos lo que Ángel Bermejo Beltrán contaba. Trágicamente, todo lo que relató entonces se demostraría en agosto de 2010, cuando su esqueleto fue hallado entre los colchones de una de las habitaciones de la tercera planta de la Pensión Padrón.

La víctima pudo denunciar lo que le ocurría cuando lograba escapar de la habitación 306, donde presuntamente José Antonio L. A. lo dejaba desnudo y atado de pies y manos a las patas de una de las camas de ese cuarto del hostal.

De esta manera, fue atendido, entre septiembre de 2009 y diciembre de ese mismo año, por facultativos de los centros de salud de Los Gladiolos, de Anaga y del Hospital Universitario de Nuestra Señora de la Candelaria, médicos que rellenaron partes de asistencia en los que refieren que "el paciente presenta lesiones que se corresponden con lesiones causadas por agresiones". Incluso, el 4 de enero de 2010, logró escapar desnudo de la habitación y acudió al centro de dispensación de metadona del barrio de Salamanca, donde fue asistido por los auxiliares del Centro de Atención a Drogodependientes de la Asociación de Cooperación Juvenil San Miguel (CAD). "Solo llevaba unos calzoncillos y estaba descalzo. Llegó llorando y muy asustado; con magulladuras por haber sufrido una agresión".

Los partes médicos y este último informe están incorporados al sumario de este caso, que ha quedado en manos de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, después de que el Juzgado de Instrucción número 3 le diera traslado.

El Ministerio Fiscal describe, en sus conclusiones provisionales, el calvario que sufrió la víctima, Ángel Bermejo Beltrán, y considera que el presunto autor del martirio es José Antonio L. A., por lo que le acusa de un delito de asesinato; tres delitos continuados de detención ilegal; tres faltas de lesiones y otros tres delitos de robo con violencia e intimidación. Por todo ello, la Fiscalía solicitará en el juicio que se le imponga una pena de 32 años de prisión.

El cadáver esqueletizado de Ángel Bermejo Beltrán fue encontrado el 25 de agosto de 2010 por los hijos de la propietaria de la Pensión Padrón cuando realizaban unas obras de remodelación en la tercera planta del inmueble. la opinión de tenerife se hizo eco en exclusiva del macabro hallazgo que causó un gran impacto en la sociedad canaria, conmocionada una vez que se fueron conociendo nuevos detalles de una investigación de la que se hizo cargo la Brigada de Policía Científica y el Grupo de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía.

José Antonio L. A., durante los últimos tres meses de 2009 y principios de enero de 2010, retuvo contra su voluntad y privó de libertad a Ángel Bermejo Beltrán en la habitación 306 de la Pensión Padrón. El acusado sometió a la víctima a frecuentes palizas y le atemorizó para doblegar su voluntad con el fin de conseguir arrebatarle el dinero que mensualmente cobraba Ángel de las dos pensiones que tenía concedidas y, finalmente le dio muerte a golpes en los primeros días de 2010. Así de estremecedor empieza el relato de acusación de la Fiscalía.

José Antonio L. A., con numerosos antecedentes penales y después de salir de prisión en abril de 2009, se alojó en la citada habitación del hostal. La propietaria del establecimiento, dada su avanzada edad y enfermedad, no ejercía control alguno sobre las personas que entraban y salían de la pensión, ni tenía conocimiento de las actividades que se desarrollaban en las habitaciones, ni se ocupaba de la seguridad e higiene de las instalaciones. Fue a finales de verano de 2009, cuando el procesado conoció a Ángel Bermejo Beltrán, de 55 años, en el Albergue Municipal de la calle Valle Inclán, en Santa Cruz de Tenerife. Ambos frecuentaban también el CAD. En esas fechas, José Antonio convenció a Ángel para que se instalara con él en el hostal.

Una vez instalado Ángel, el trato amigable que le dispensaba José Antonio se tornó dominante y violento. En más de una ocasión lo desnudaba y, con los cordones de las cortinas, le ataba los pies y las manos a una de las camas, al tiempo que le tapaba la boca con telas o papeles para evitar que gritara y pidiera auxilio. Luego lo dejaba encerrado en la habitación bajo llave. Así lo retuvo durante meses, dejándole salir únicamente cuando tenía que recoger su dosis de metadona, comer en el Albergue Municipal o para que Ángel sacara dinero de su cuenta corriente y arrebatárselo luego, salidas que se producían siempre bajo su vigilancia.

Pedía auxilio
Ángel logró escapar varias veces del control de José Antonio y contó lo que le estaba sucediendo a una doctora del centro de salud de Anaga, el 2 de octubre de 2009; a otra médico del centro de Los Gladiolos, el día 4 del mismo mes; a varios de sus conocidos y a los vigilantes del Albergue Municipal, a mediados de diciembre de ese mismo año. El 30 de diciembre, logró darse a la fuga de nuevo y denunció a las enfermeras del CAD que José Antonio lo tenía secuestrado en la Pensión Padrón. Sin embargo, en todas esas ocasiones, el acusado buscaba y encontraba a la víctima a la que volvía a encerrar en la citada habitación 306.

La Fiscalía sostiene que, además, durante todos esos meses en los que tuvo retenido a Ángel, José Antonio "lo ataba a la cama para someterlo a frecuentes palizas con puñetazos, patadas, objetos contundentes e incluso con una toalla mojada que lo dejaban malherido". Todas estas agresiones fueron relatadas por la víctima a los facultativos y enfermeras que lo asistieron de las lesiones causadas. Hematomas, contusiones en la cara y espalda, erosiones en cuello, espalda, zona lumbar, equimosis múltiples, costras en los pómulos. En una de las intervenciones de los médicos, en concreto la que se le dispensa en el centro de salud de Anaga, Ángel es trasladado al Hospital de Nuestra Señora de la Candelaria.

Robos
Las palizas no tenían otro fin más que arrebatarle el dinero que Ángel cobraba de dos pensiones: 339,70 euros de Protección Familiar y 624,30 euros del Instituto Nacional de la Seguridad Social, cantidades que le ingresaban en una cuenta de La Caixa. El acusado obligaba a retirar de los cajeros automáticos todo el dinero que el límite de las tarjetas de crédito le permitían, circunstancia que está avalada por los extractos bancarios, ya que, antes de conocer a José Antonio, Ángel disponía siempre de pequeñas cantidades de dinero que retiraba en diferentes ocasiones a lo largo de las mensualidades. El 25 de septiembre de 2009 se llevaron a cabo cuatro reintegros por valor de 825 euros; el 25 de noviembre se extrajeron 660 euros y, al día siguiente, otros 660 euros por ventanilla en una sucursal distinta a la que habitualmente acudía la víctima. Ese mismo día se extrajeron otros 200 euros en otro cajero automático. El día de Nochebuena, se hicieron tres extracciones de dinero por valor de 800, 100 y 30 euros, respectivamente.

El último día que se vio con vida a Ángel Beltrán fue el 4 de enero de 2010, cuando acudió al CAD para que le dispensaran su dosis de metadona. Luego, nada más se supo de él hasta que fue hallado su esqueleto que, gracias a que tenía dos implantes de metal colocados en un hospital de Castellón en el transcurso de una operación quirúrgica, se pudo identificar. Los implantes tienen códigos alfanuméricos que identifican el fabricante de los mismos. La Policía Científica se puso en contacto con la fábrica y con el registro de ventas se localizó el centro hospitalario que compró los implantes. Por su parte, el hospital identificó las dos placas de metal y el paciente al que se las colocaron.

La Fiscalía sostiene que el mismo 4 de enero o en fechas muy próximas a este día, José Antonio volvió a atar de nuevo a Ángel de pies y manos y a la cama de la habitación 306. Lo amordazó y comenzó a golpearlo con objetos contundentes y punzantes, como un cuchillo, hasta que le dio muerte. Luego, para evitar ser descubierto, José Antonio trasladó el cadáver con el colchón hasta la habitación contigua que no se ocupaba, la 302. Envuelto el cuerpo en sábanas, colocó otro colchón encima, dejando el cadáver emparedado entre ambos jergones. Encima de todo puso una maleta, un peluche y ropa. Abrió la ventana y cerró la puerta con llave.

José Antonio regresó a la habitación 306 y limpió como pudo los restos de sangre. Luego recogió sus pertenencias y se marchó de la pensión sin darse de baja del libro de registro y sin darse cuenta de que se dejaba olvidada una cartera con su documentación en la habitación en la que se produjo el crimen.

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