empleo

El saber, por el desagüe

Cuatro jóvenes licenciados se buscan la vida en trabajos que nada tienen que ver con sus carreras

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Iraya Arteaga en el Parque García Sanabria.
Iraya Arteaga en el Parque García Sanabria. andrés gutiérrez

J. GONZÁLEZ / R. CAPOTE
SANTA CRUZ DE TENERIFE
La situación económica por la que atraviesan las Islas ha hecho que muchos jóvenes chicharreros estén ocupando puestos de trabajo que no se corresponden con su alto nivel de estudios. Biólogos, empresarios, historiadores, arquitectos, físicos o ingenieros luchan por ganarse un sueldo realizando actividades que distan mucho de sus conocimientos y su formación universitaria.
Solo en el municipio de Santa Cruz de Tenerife hay 28.468 desempleados, de los cuales 1.989 son menores de 25 años. Tras los últimos datos, que apuntan a un aumento del número de parados en la capital, algunos jóvenes se preguntan si hoy en día vale la pena estudiar mientras otros siguen apostando porque ésta opción es la mejor inversión.
Ahora, el gran temor de comenzar una carrera universitaria se convierte en el miedo a plantearse qué oportunidades surgirán una vez finalizados los grados. Muchos ven como un riesgo empezar estudios superiores en una sociedad tan competitiva como la de hoy. Las opciones de encontrar trabajo son mínimas y menos en los puestos para los que se formaron.
Los estudios universitarios implican una gran inversión, muchos años aplicándose e incontables noches de desvelo y nervios. La crisis económica ha hecho que, de alguna forma, los jóvenes recién salidos de las carreras universitarias y que estaban dispuestos a comerse el mundo hayan tenido que buscar alternativas en empleos precarios. Estas son las historias de cuatro chicharreros con carreras que no encuentran un hueco en sus profesiones.

Iraya Arteaga
"Si no encuentro trabajo de biólogo me iré a Inglaterra"

"En general, los licenciados en Biología vamos dando tumbos", señala Iraya Arteaga, de 28 años. Esta joven santacrucera comenzó sus estudios de Biología en la Universidad de La Laguna. Sin embargo, sus últimos cursos los terminó entre Salamanca y Granada. Hace ya cinco años que Arteaga finalizó su licenciatura, pero hasta el momento ha tenido que trabajar la mayor parte del tiempo en trabajos muy alejados de sus metas.
Cuando tan solo era una niña, Arteaga quiso ser esteticién. Sin embargo, los largos paseos con su tía por el campo hicieron que despertara en ella la curiosidad por el origen, la evolución y las propiedades de los seres vivos. "A veces he tenido la sensación de haberme equivocado con mi elección. Si hubiera sido esteticién puede que hoy tendría trabajo", bromea la joven. "Aunque la situación no nos ayude ni a mis compañeros biólogos ni a mí, estar en vilo sin saber qué hacer es injusto", exclama con pesadumbre.
Arteaga señala que "los estudiantes de Formación Profesional tienen prácticas, por lo que salen más preparados que el resto", opina. "Lamentablemente vivo en un país donde no se valora la formación ni el tiempo y dinero invertidos en la educación", añade.
Iraya Arteaga asume que hasta ahora sólo ha trabajado a cuenta gotas y con contratos de no más de seis meses. Tras terminar sus estudios universitarios, en 2008, consiguió un convenio con el Ayuntamiento capitalino como monitora de educación ambiental durante medio año. Su labor era realizar talleres con niños para enseñarles a reciclar la basura o a ahorrar agua y electricidad.
Sin embargo, la dicha duró poco y volvió a quedarse parada tras el fin del contrato. No fue hasta que una empresa de Las Palmas de Gran Canaria le dio una segunda oportunidad en este campo cuando volvió a trabajar durante cinco meses en días sueltos.
Ahora acaba de terminar su segundo convenio con la empresa Decathlon, la cual la contrató nuevamente por seis meses. "Entre estos dos convenios con Decathlon fui la docente del módulo de sensibilización medioambiental en los cursos para parados y trabajadores que organiza el INEM.
En la actualidad, Arteaga estudia en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) la carrera de Ciencias Ambientales, la cual finalizará este curso. "Es un poco más específica que Biología y quiero buscar algún trabajo en esta línea", explica. "Cuando termine, si no encuentro trabajo, tengo planeado viajar a Inglaterra o Suiza para mejorar los idiomas, que son de lo poco que nos queda", concluyó.

José Antonio Acosta
De historiador a operario en una lavandería

Cuando José Antonio Acosta terminó la licenciatura de Historia en la Universidad de La Laguna en el año 2000 jamás pensó que podría terminar trabajando en una lavandería.
Después de cinco años de estudios, con muy buenas notas y consiguiendo aprobar curso por año, se encontró perdido y desorientado. "Estuve muy contento durante toda la carrera. Pero cuando acabé me pasé un año entero sin encontrar trabajo. Me inscribí en el paro y en empresas de trabajo temporal. Trabajé como reponedor en un supermercado y de comercial, pero duré poquísimo tiempo porque lo odiaba", explica.
José Antonio consiguió su actual trabajo en una lavandería industrial en el Polígono de Güímar gracias a una coordinador de minusválidos. Este historiador tiene la condición de discapacitado desde que hace unos años sufrió un tumor en el cerebro que le dejó consecuencias en el oído.
Desde 2008 es operario de la planta de la empresa FLISA que pertenece a la fundación ONCE. "Ahora estoy agarrado a este trabajo como un clavo, aunque intento buscar uno mejor porque sé que la crisis va a ir para largo", confiesa.
No recuerda lo que quería ser de mayor cuando era un niño. Afirma que cuando tenía 13 o 14 años y empezó a suspender las asignaturas relacionadas con ciencias, descubrió que ese no era su camino. "En ese momento empecé a leer cosas relacionadas con la historia, a ver películas y me di cuenta de que me interesaba mucho".
En su época de instituto le asesoraron y le explicaron que tras acabar esta licenciatura la única salida que tendría asegurada sería la docencia, que se lo pensará bien. "Pero yo no dudé y estudié lo que me gustaba", asegura.
Respecto a los futuros estudiantes de Historia, José Antonio lo tiene claro: "Que se lo piensen dos veces y que lo estudien si están dispuesto a comprometerse y enfrentarse a todo lo que viene después. Y, sobre todo, que no se desanimen en el camino, que tengan constancia y no tiren la toalla. Yo intento aplicarme el cuento".
A sus 35 años, este santacrucero no ha perdido la esperanza de trabajar en algo relacionado con sus estudios. Explica que su sueño es convertirse en arqueólogo. "Durante un tiempo participé haciendo proyectos arqueológicos en la zona de la Victoria Acentejo". "Consistía en caminar por el monte y con la ayuda de unos mapas ir traduciendo informaciones de los yacimientos que existen y además ir descubriendo otros nuevos. Era apasionante y es eso a lo que me gustaría dedicarme profesionalmente".

Jenifer Martín
"No recomiendo a nadie que estudie una carrera"

Hace casi un año que Jenifer decidió montar la Tasca El Pernil en el centro de Santa Cruz. Después de haber estudiado Empresariales en la Universidad de La Laguna y pasar un año uniendo un trabajo poco remunerado tras otro, se dedicó a buscar información sobre subvenciones y prestamos para abrir este negocio. "Cuando vi que mi padre no obtenía ningún beneficio en la construcción decidí que tenía que hacer algo", explica. "En la Cámara de Comercio me informaron de todo el proceso y los papeles que necesitaría. Me dijeron que tendría una subvención de autónomo de 7.000 euros por ser mujer, joven y emprendedora pero a día de hoy sigo sin saber cuándo me la darán", reprocha la joven.
Esta situación no se asemeja para nada a la idea que tenía Jenifer cuando tras terminar el bachillerato se inscribió en un ciclo de Administración y Finanzas. "Al concluirlo vi que solo con eso no llegaba a ningún lado. Para todos los trabajos tenía que opositar y pensé que para hacerlo, al menos lo hacía con una carrera, así que estudié Empresariales".
Jamás llegó a pensar que acabaría vinculada a la hostelería. "Yo nunca había trabajado en nada de esto. Lo he conocido ahora. Aquí soy camarera, cocinera, señora de la limpieza, de todo", explica esta joven nacida en Santa Cruz de Tenerife de 25 años.
Jenifer terminó sus estudios año por año. Sus aspiraciones estaban en trabajar en un banco, en una asesoría o en una gestoría. Quería dedicarse a redactar nóminas y contratos. Igualmente, poseer esos conocimientos le ha servido para poder ahorrarse los gastos de un asesor, ya que es ella misma la que se encarga de la contabilidad y la administración de su negocio en el que de momento solo cuenta con un empleado.
Cuando era pequeña, se imaginaba como una mujer de negocios con tacones, maletín y bien vestida corriendo de un lado para otro de reunión en reunión. "Siempre quise ser muy independiente y me veía así, con esa imagen". Ahora confiesa que no recomendaría a nadie que estudiase una carrera. "Mejor que hagan un ciclo o algún grado superior que ir a la Universidad".
La crisis no solo se ha cebado con ella. Según cuenta, la mayoría de sus compañeros que tenía durante la carrera están en la misma situación: "Todos se han tenido que buscar la vida. Unos trabajan en un hotel en Londres, otros están en el paro y otros con contratos de becarios", comenta.
Ella misma incluso pensó en emigrar. "Pero soy muy familiar y prefería quedarme en mi casa con mis padres. También me eché novio y me quede aquí". Asimismo, barajó la posibilidad de estudiar Publicidad y Relaciones Públicas o Trabajo Social en busca de alguna alternativa, justo antes de abrir la tasca. "Incluso me cogieron en la universidad pero era imposible llevar las dos cosas a la vez", explica Jenifer.
Respecto a su futuro, si el negocio prospera, Jenifer seguirá en el mundo de la hostelería. "Pero la verdad, no creo que sea posible". Para ella este negocio es algo transitorio. "No quedó otro remedio que montar algo y así lo hice. En unos años pasará a ser de mi padre o se quedará como negocio familiar simplemente". Según comenta, "mi ilusión sería tener mi propia empresa, pero que no tuviera nada que ver con la hostelería", añade. De todas maneras, sigue teniendo intenciones de seguir formándose con algún máster o curso relacionado con las finanzas.

Sheila Torres
Una física que sale adelante dando clases particulares

Sheila Torres lleva toda su vida superando retos y resolviendo las incógnitas que se le planteaban en el camino. Ahora, esta chicharrera de 28 años y licenciada en Física ha tenido que retrasar sus planes para adaptarse a la actual situación económica y laboral. A pesar de sus buenas notas y de su inquietud por seguir aprendiendo e investigando, Torres ha tenido que aparcar sus proyectos. En la actualidad ocupa su tiempo impartiendo clases particulares a cuatro jóvenes del municipio.
Torres terminó la licenciatura en Física en 2010. Desde entonces no ha podido ejercer ninguna profesión relacionada con sus estudios. Desde que se encontraba en la facultad, esta joven comenzó dando clases a jóvenes que necesitaran ayuda en las matemáticas u otras materias. "Gracias al sueldo que recibo por estas lecciones y a la beca que me han concedido para estudiar el máster sobre la estructura de la materia estoy sobreviviendo", explica.
Durante su infancia y adolescencia, esta física soñó con dedicarse a cosas muy distintas. "De pequeña me encantaba la película Regreso al futuro, así que hubo una época en que quería viajar en la máquina del tiempo. Sin embargo, poco después me di cuenta de que había que crearla y decidí ser inventora", confiesa riendo.
"También quise ser astronauta, pero cuando llegó el momento de tomar la decisión para entrar en la Universidad me plantee ser Astrofísica", añade. Sin embargo, la vida le deparaba una profesión no muy diferente, la de Física.
Torres encontró una posible solución para dar respuesta a sus incesantes preguntas. Esta joven, como muchos otros a lo largo de la historia, ha tratado de comprender la naturaleza y los fenómenos de cada una de las cosas que rodean al ser humano. "Los físicos utilizamos fórmulas matemáticas para intentar entender el comportamiento de sistemas complejos, pero aún no tenemos respuesta para conocer el fin de esta crisis", ironiza.
Torres afirma que en la actualidad son muchos los físicos que han emprendido carreras de ingeniería o han completado sus estudios con doctorados o máster. "Ahora solo me queda intentar trabajar en investigación. Para ello primero tendría que interesarme por algún proyecto de algún departamento de la Universidad y hablar con un profesor que acepte ser mi tutor. El problema es que no cobraría nada hasta que me den una beca", explica. "Muchos físicos no pueden permitírselo después de todo lo invertido en la carrera", matizó la joven.
"Cada vez seremos más gente pidiendo menos plazas. Yo me veo en el futuro trabajando de lo mío en algún proyecto en Canadá o Australia", concluyó con optimismo Torres.

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