la fuerza de una película

Al fin, la liberación

Las personas tartamudas explican su sufrimiento a raíz de ´El discurso del Rey´

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Cristina Espinosa y José Patricio de la Rosa en La Opinión de Tenerife.
Cristina Espinosa y José Patricio de la Rosa en La Opinión de Tenerife.  jose luis gonzalez
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SOL RINCÓN BOROBIA De repente, un número de teléfono que marcar. Un número no buscado, pero descubierto en un momento de desesperación, casi por casualidad. Después, el sonido de los tonos de llamada. Perfecto, no comunica. Todo va bien. Pasan unos segundos y alguien contesta. Es el momento de hablar. Pero las palabras no salen. ¿Qué decir? ¿Cómo empezar? ¿Con el nombre? ¿Con el problema? Mejor colgar.
Menos mal que en la Fundación Española de la Tartamudez están más que acostumbrados a esta clase de llamadas, así que, pasados unos días, marcan el número que quedó registrado. Nuevamente tonos de llamada, pero esta vez en sentido contrario. Responde Cristina Espinosa. No se lo esperaba, le cogió de sorpresa, pero, a partir de ese momento, hay un antes y un después para esta tinerfeña.
"Ya no tengo el miedo que tenía antes. Hace cuatro años me trababa al hablar lo mismo que ahora, bastante poco, pero tenía miedo. Ahora ya no", indica. Descubrir la fundación ha hecho que Cristina ya no se sienta sola. Puede compartir su experiencia con otras personas que tartamudean, darse ánimos mutuamente y, sobre todo, ponerse manos a la obra para escalar puestos en una sociedad que los margina continuamente.

La unión hace la fuerza. Por eso, Cristina, eufórica tras conocer la fundación, se decidió a contárselo a José Patricio de la Rosa. Ambos se conocían desde hacía años, ya que trabajan en la Administración pública, pero hasta entonces nunca habían cruzado palabra. "Yo sabía que Pepe era como yo. De los míos", es decir, tartamudo, pero jamás lo habían comentado.

Hasta ese día en que ella se dirigió a su compañero y le informó sobre el trabajo de la fundación.

Esto también cambió la vida de José. "Yo no podía tener una conversación fluida con nadie. Pero en la fundación me sentí de pronto integrado" y empezó a mejorar.

Los dos resaltan la falta de esta clase de asociaciones en el Archipiélago. "Canarias lleva como diez años de retraso", afirma Cristina. Mientras en Tenerife muchas personas tartamudas "no han salido del armario", en la Península se organizan y luchan. Opinan que son los logopedas los que deberían haber promovido la unión de los tartamudos, ya que son los que los atienden y conocen sus pesares.

Sin embargo, ahora puede que todo cambie. El motivo es un acontecimiento inesperado: la película El discurso del Rey. Una ayuda que les ha venido directamente de Hollywood y que refleja perfectamente la frustración, el sufrimiento, la desesperación y marginación social que sufren los tartamudos. José, por ejemplo, era castigado en el colegio cada vez que el profesor lo sacaba a leer y tartamudeaba. Esta clase de situaciones, más las risas, las burlas, los desprecios, los chistes, las discriminaciones laborales y los descalificativos como "tartajas" crean traumas, miedos, inseguridades. Sacar una entrada de cine era una tortura para este santacrucero. Por eso, siempre se la compraba un amigo. O algo tan sencillo como comprar pan. "Estás en la cola del pan y piensas en el momento en que tienes que pedirlo. Lo conseguiré, no lo conseguiré... Y de pronto entra una vecina y sientes temor de lo que pensará al oírte hablar", indica Cristina.

Precisamente, el mayor problema de las personas tartamudas es la reacción de la sociedad, cuyo máximo exponente podría ser la discriminación por parte del Estado de la nación al excluir a los tartamudos de las oposiciones públicas, una práctica eliminada en 2005 gracias a la Fundación Española de la Tartamudez.

Su presidente, Adolfo Sánchez, es categórico cuando habla de la tartamudez: "Es un problema del receptor, de saber escuchar. Ten paciencia, dame tiempo. Sólo tardamos unos segundos más que tú en hablar". Pero esto que parece tan sencillo de hacer, no es habitual en la sociedad. Y esa falta de paciencia y de comprensión hace que las personas que se traban al hablar se rindan.

Dos ejemplos tristes y reales de casos que se dan a menudo entre los tartamudos son: comer lo que no se quiere o viajar hasta donde no se desea, todo depende de la letra por la que empieza el plato que te apetece o la ciudad a donde quieres ir. "Si quieres coger un tren para ir a Pamplona, pides un billete a Irún porque es más fácil de pronunciar", indica el presidente de la fundación.

Según los datos que maneja, la detección precoz de la tartamudez tiene lugar entre los 3 y los 6 años. Si a esa edad la persona se traba al hablar, repite sílabas, le tiemblan los labios, parpadea, hace gestos espasmódicos, "ese niño va a ser tartamudo seguro", informa. En ese caso, hay que llevar al niño al logopeda y a los padres al psicólogo porque de nada sirve los esfuerzos de la persona que padece tartamudez si los padres no saben interactuar con su hijo.

Víctor Acosta, profesor de psicología de la Universidad de La Laguna y presidente de la Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología reclama la presencia de logopedas en Atención Primaria para prevenir la tartamudez, para paliar sus efectos. "En este tema, Canarias tiene un problema de salud pública", enfatiza.

Aunque hay muchas teorías sobre el origen de este trastorno del habla, hay verdades indiscutibles que repasa Acosta. Entre ellas, la necesidad de divulgar, de informar sobre la tartamudez a la sociedad; pero también de formar a los profesores para que sepan detectar el problema en sus alumnos y, sobre todo, para enseñarles a tratar con estas personas y evitar las burlas y la insensibilización del resto de los estudiantes. Basta de castigos absurdos, propios de otras épocas. "¿Sabía que buena parte de los zurdos a los que se les obligó a escribir con la mano derecha son ahora tartamudos"?, pregunta.

El arte de comunicar

Al margen de las personas tartamudas, hay gente que no sabe dar un buen discurso, un discurso inspirador que consiga que a los oyentes les llegue el mensaje y se les quede grabado en la memoria. En El discurso del Rey, el protagonista se enfrenta a un país que pasa por momentos delicados y necesita subir la moral. En Canarias, lo más parecido a esa situación, salvando las distancias, sería la crisis económica y los mensajes que sobre esta recesión dan los políticos, y más ahora que llegan las elecciones autonómicas. El experto Miguel Ángel Guisado explica que un buen discurso tiene que avivar las emociones del público y centrarse en una o dos ideas, no más.
También hay que olvidarse de la improvisación y, en el caso de que el discurso se lea: letras grandes, frases resaltadas, páginas numeradas y, además, no escribir el discurso en todo el espacio de los folios, sino en la parte superior. Son recursos que facilitan al orador su labor. Pero también hay que hacer ejercicios de respiración, de relajación, de postura corporal. Todo para conseguir una mejor calidad vocal. En realidad, dar un buen discurso es todo un arte. Guisado informa que cuando el orador es un hombre debe separar las piernas un poco para equilibrar la postura, pero cuando lo es una mujer, es preferible que mantenga las piernas juntas, ya que con zapatos de tacón logran una imagen más sobria.

Guisado se ha encontrado con personas que sufren mucho cuando tienen que hablar ante un público. Les tiembla la voz, les sudan las manos, gesticulan mucho, les salen manchas rojas... Pero para todo hay solución. Lo importante es, sobre todo, creer en el mensaje que se quiere dar, imprimirle pasión, credibilidad. Eso, acompañado de recursos y técnicas, es la única forma de lograr el éxito esperado.

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