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Borrasca sobre Canarias

´Es mucho peor que el ´Delta´

El fuerte viento convierte en una maraña de acero, plástico y plantas varios invernaderos del Sur

 19:33  

Invernaderos arrasados, cosechas perdidas, explotaciones seriamente afectadas y ánimos bajo mínimos entre los empresarios. El primer balance del impacto del pasado temporal en la Isla revela importantes daños en la agricultura. Muchos de sus profesionales han visto cómo el trabajo de muchos meses se ha ido al traste, agudizando una situación ya de por sí delicada en un sector que vive en permanente crisis. Los agricultores admiten con resignación que las fuertes rachas de viento sobrepasaron sus expectativas, superando incluso la virulencia de la tormenta Delta. Ahora, reconocen, sólo les resta esperar las indemnizaciones de los seguros y las posibles ayudas del Gobierno canario.

ANDRÉS LOBATO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
"Ha sido mucho peor que el paso de la tormenta Delta". A sus 77 años y con una vida ligada al campo desde edad muy temprana, Marcos Oval ha sido testigo ya en demasiadas ocasiones de como las inclemencias meteorológicas se ceban con sus plantaciones de tomates de Arico. Sin embargo, admite que nunca vio nada igual mientras señala hacia donde hace menos de 48 horas había un invernadero de más de 8.000 metros cuadrados con más de 16.000 plantas.

Ahora, después del paso de las alertas, los frutos del trabajo de los últimos meses se encuentran en el suelo, en medio de una gigantesca maraña de plásticos, plantas, hormigón y gruesos pilares de metal. "Hace cinco años, el Delta me causó destrozos, pero no de esta magnitud. Esto es un siniestro total", asegura con gesto de resignación mientras rememora los instantes en los que conoció la noticia del desastre.

Mientras camina sobre lo que fue un moderno invernadero, este veterano agricultor afirma que las pérdidas para su negocio no se limitarán a volver a levantar una infraestructura inservible pese a tener poco más de un año. Según sus primeros cálculos, ha perdido en torno a 30.000 kilos de tomates prácticamente listos para su recolección y posterior venta. "Es doloroso ver cómo en un segundo todo el trabajo de meses se arruina", lamenta para añadir con posterioridad que la potencia del viento superó todas las previsiones de los servicios de meteorología.

"Estábamos alertados, pero ¿qué podemos hacer ante algo así?", se pregunta Marcos mientras encoge los hombros y esboza una triste sonrisa. Su único consuelo, admite mientras esquiva los profundos hoyos existentes donde anteriormente se encontraban las vigas del invernadero, es que nadie estaba en el interior del mismo cuando cedió ante el empuje del viento durante la mañana del pasado lunes.

Las pérdidas económicas de Marcos Oval no terminan con el derribo del invernadero. Otras de sus propiedades también resultaron seriamente dañadas por las fuertes rachas, aunque en menor medida como consecuencia de su menor exposición al fuerte viento. Asegura que, una vez se estabilice el tiempo, sus 16 trabajadores tendrán que afanarse para intentar devolver a la normalidad el resto de explotaciones. "El viento arrancó cientos de matas y rompió buena parte de los plásticos de esos invernaderos", señala. Sus esperanzas pasan ahora porque su seguro agrario sirva palie parte de estos daños y que el Gobierno de Canarias habilite con urgencia ayudas económicas para aquellos, que como él, se han llevado la peor parte del temporal.

Rodeado de cientos de tomates por todo el suelo de la que fuera una próspera plantación, Marcos Oval reivindica también un mayor respaldo por parte del Ejecutivo regional y del Estado a la agricultura de las Islas. En su opinión, ni unos ni otros han dado la talla a la hora de defender los intereses de los empresarios del Archipiélago frente al empuje y los bajos precios de los productos procedentes del vecino Marruecos.

A pesar de la dureza de las últimas horas, por la cabeza de este veterano empresario no pasa la idea de abandonar, tal y como han hecho durante los últimos años muchos de los propietarios de la zona. "Siempre tuve beneficios, mejores o peores. Todo lo que tengo, todas mis propiedades se las debo al tomate y a mi esfuerzo durante muchos años", destaca. Según afirma, un agricultor debe estar forjado de una pasta especial para ser capaz de afrontar situaciones como ésta. "Hay que tener un corazón fuerte para aguantar cosas así y continuar con ganas de levantarse una y otra vez", reconoce Oval con los ojos enrojecidos por la emoción.

Pero Oval no es el único empresario de la zona que ha resultado dañado por el temporal. A escasos kilómetros de su plantación, otro invernadero de 5.000 metros cuadrados tampoco resistió el empuje de las potentes rachas de viento. Su propietario, Juan Pedro González, calcula que las pérdidas superarán los 150.000 euros. Tan sólo la construcción de esta infraestructura, concluida en el pasado marzo tras cuatro meses de arduo trabajo, superó los 75.000 euros. Según explica, a esta cantidad habrá que sumar los más de 30.000 invertidos en la adquisición y plantación de las miles de plantas que ahora yacen bajo el peso de la derribada estructura.

Ahora, reconoce entre dientes, tan sólo resta que los peritos de los seguros hagan su trabajo para intentar recuperar una pequeña parte de lo invertido. "Éste es un golpe muy fuerte a nuestra economía. Uno lo que quiere es mejorar, incrementar la producción para poder amortizar lo gastado. Pero luego llegan fenómenos así y sólo nos dejan pérdidas", lamenta su hermano Domingo González mientras salta sobre uno de los bloques de hormigón que formaban el muro del invernadero.

"Estaba en una explotación cercana cuando, de repente, escuche un estruendo. Cuando salí, ya todo se había ido abajo", asegura Domingo, quien admite haber sentido "algo de miedo". Ahora, señala, tan sólo le queda una profunda sensación de impotencia tras comprobar una vez más "que todo se puede perder en tan sólo unos minutos". "Se nos han acabado las velas de ponérselas a los santos", añade con cierta sorna sobre las múltiples amenazas que acechan a su negocio en un año en el que las expectativas eran bastante halagüeñas.

El empresario considera además que es necesario ser muy duro para sobreponerse a una situación como ésta. "Ya no te quedan ganas de aguantar cosas así. Sientes que cada vez queda menos, que podría ser la gota que colme el vaso. Pero llevo en esta vida desde los 18 años y debo continuar por mí y por las veinte familias que dependen del negocio", concluye.

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