La tragedia del ´Loveparade´

´No entres, no entres; eso es un infierno, ahí hay muertos´

Una joven tinerfeña, estudiante de Erasmus en Colonia, relata su experiencia traumática en el festival de Alemania

 14:04  
´No entres, no entres; eso es un infierno, ahí hay muertos´
´No entres, no entres; eso es un infierno, ahí hay muertos´ 

"Mira qué manera de acabar diez meses maravillosos de Erasmus en Alemania". Con estas palabras se lamentó ayer Claritza González, de 21 años, estudiante tinerfeña de Medicina, tras regresar a Tenerife, después de haber sido testigo directo del desgraciado festival Loveparade de Duisburgo, que el pasado sábado le costó la vida a 20 jóvenes, víctimas de una avalancha humana.

NAIMA PÉREZ
SANTA CRUZ DE TENERIFE
"Empezamos a ver personas que salían del túnel llorando, sudando, algunas con huellas de pisadas en su ropa, otras con ataques de ansiedad, y no entendíamos nada de lo que estaba pasando; les preguntamos qué es lo que ocurría y sólo nos decían: ¡No entres, no entres! ¡Eso es un infierno, es una guerra!".

Estas declaraciones forman parte del testimonio de Claritza González, una joven tinerfeña de 21 años, estudiante de cuarto curso de Medicina en la Universidad de La Laguna, y que llegó ayer de Colonia, Alemania, donde pasó diez meses con una beca Erasmus. Con algo más de calma después de la dureza de lo vivido, y ya en su casa de Tenerife, explicó a este diario su experiencia en el festival Loveparade, celebrado el pasado sábado en la ciudad alemana de Duisburgo y que se ha cobrado hasta el momento la vida de 20 personas, que murieron aplastadas, víctimas de una avalancha humana. En el trágico balance hay que incluir también a más de 500 heridos. Dos de los fallecidos en el festival eran dos jóvenes catalanas, también estudiantes: Clara Zapater y Marta Acosta.

"No eran dos o tres, sino muchas más las personas que salían del túnel. No sabíamos lo que estaba pasando. Nos encontramos entonces a varios españoles y nos dijeron: ahí dentro hay muertos". El testimonio de este grupo hizo que Claritza y sus amigos decidieran retroceder y abandonar el lugar del festival. Pero antes de regresar sobre sus pasos, los españoles con que se tropezó esta joven estudiante de Medicina le contaron la situación dantesca que habían presenciado y le recomendaron no continuar hacia adelante, hacia el escenario.
Fue entonces cuando decidieron retroceder. "Empezamos a llamarnos al móvil unos a otros para ver si estábamos bien, porque nuestro grupo se había dividido en dos; yo estaba en la parte delantera, cerca de la entrada del túnel", relató ayer por teléfono.

El festival Loveparade iba a ser la fiesta de despedida de Claritza y los erasmus españoles en Colonia y Münster, dos ciudades situadas en la región alemana de Renania del Norte-Westfalia. "Incluso yo me quedé unos días más para poder despedirme de mis amigos en el Loveparade", señaló esta joven tinerfeña para explicar que hacía ya meses que tenían organizado acudir al festival
El pasado sábado, 24 de julio, habían quedado en la estación de Colonia para coger el tren que los llevaría hasta Duisburgo. "Dijimos de vernos allí a la una de la tarde, pero nos retrasamos un poco y cogimos el tren de las dos menos cuarto". Algo más de una hora después, Claritza y los demás erasmus llegaron a Duisburgo. "Nada más salir de la estación ya vimos que había un gran ambiente en la ciudad; mucha gente paseaba por sus calles".

El grupo no tenía información previa acerca de cómo era el lugar en el que durante medio día, de doce de la mañana a doce de la noche, más de un millón de personas se reunirían en el famoso festival Loveparade, que años anteriores se celebró en otras ciudades alemanas, entre ellas, en el famoso parque Tiergarden de Berlín.

Acceso muy estrecho
"Imagínate que quieres llegar a la plaza de España de Santa Cruz de Tenerife y sólo puedes acceder a través de la calle Castillo; el resto de las vías están cerradas por vallas". De esta forma explicó Claritza lo estrecho que era el acceso a la zona del festival para una asistencia de más de un millón de personas. Además, la joven explicó que había una única entrada al lugar del festival.

"Pasamos un primer filtro de la Policía; había bastante gente, pero no vimos aglomeraciones" que pudieran dar alguna pista sobre la magnitud de lo que allí estaba pasando. A medida que avanzaban, Claritza cuenta que ya los responsables de la seguridad del festival los paraban y les contaban que iban a ir entrando de forma escalonada.

"Cuando logramos pasar ese primer filtro nos alegramos un montón, porque vimos que se estaba complicando la entrada y nosotros ya habían conseguido pasar", sigue su relato. Fue a partir de ese momento cuando las cosas no fueron como esperaban. "El túnel era zona de entrada y salida, pero de pronto comenzó a salir mucha más gente y empezamos a ver caras asustadas, llorando, con ataques de ansiedad... todo el mundo salía aturdido".

De esa primera imagen consiguieron poca información para poder entender de verdad qué es lo que estaba sucediendo unos metros más allá. "Ni siquiera la gente de la organización sabía explicarnos qué pasaba; sólo trataban de que desalojáramos aquella zona".
Finalmente, fue el grupo de españoles que venía en dirección contraria a la de Claritza y sus amigos el que los puso sobre la pista de la magnitud de lo que allí ocurría: "Ahí dentro hay muertos, nos dijeron; contaban que habían visto a chicas con convulsiones, personas partidas del dolor, piernas rotas, sangre, un caos...". Fue suficiente para regresar.

"Tardamos cinco horas en salir de la ciudad; la estación estaba cerrada, barreras de policías por todos lados". Entonces, los agentes de seguridad que desarrollaban su labor en Duisburgo contaron a todo aquel que preguntaba cómo salir de allí, que se pondrían 150 guaguas para desalojar a la gente. "¿Pero cómo nos van a sacar a todos?, preguntamos. Allí sólo oías decir en alemán ¡tonto el último!". Era tal el caos y la cantidad de gente, que finalmente Claritza y sus amigos decidieron coger una guagua que los llevara en dirección contraria a la que seguían las demás. "Lo único que queríamos era salir de allí".

Los padres, preocupados
Al rato empezaron a sonar los móviles de muchos de ellos. La noticia había cruzado fronteras y muchos padres estaban preocupados por sus hijos. "No fue hasta llegar a Colonia cuando supimos la magnitud de lo que había pasado; las cifras de muertos y heridos bailaban todo el rato; cuando preguntábamos a los polícías en Colonia si era cierto que había habido tantos muertos, sólo nos decían: ¡ve la tele y escucha la radio!".

Una vez a salvo, comenzaron a contactar con los compañeros erasmus en otras ciudades alemanas que sabían que también habían acudido al Loveparade. Entre ellos, los de Münster. A pesar de que la mayoría no se conocía al llegar a Alemania, habían hecho una gran amistad después de diez meses. "Los canarios que estaban en Münster estaban fatal". Muchos conocían a las dos españolas muertas en la avalancha. "Nos contaron que Marta murió cuando la trasladaron al hospital; de Clara decían que estaba desaparecida, y todos sus compañeros empezaron a buscarla, enseñando su foto en algunos hospitales".

Una de las amigas de Claritza, Laura Haro, también de Tenerife, conocía a las fallecidas. "Laura está mal; pude hablar con ella pero luego apagó su móvil; en un mensaje nos dijo que no le apetecía hablar". Claritza se lamenta del estado de su amiga. "Había sido un año estupendo y mira ahora qué final", se apenó.

Una vez en casa, esta estudiante de Medicina hace balance de cómo pudo ocurrir aquella desgracia. "Aquello estaba muy mal organizado; ¿cómo se puede tener una sola zona de entrada, que además hace también de salida, para más de un millón de personas? Eso era un disparate".

El año que viene, Claritza tiene previsto continuar sus estudios. Hará quinto de Medicina en la Universidad de La Laguna. Ahora sólo quiere descansar y estar con su familia.

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