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Fiestas Lustrales de La Palma

Vuelve la magia de los enanos

Miles de personas asisten en La Palma al baile de los enanos

 13:55  
Uno de los enanos se acerca a los niños situados en primera fila para hacerles piruetas durante la popular Danza de los Enanos, este jueves en el recinto central de las Fiestas Lustrales, dentro de la programación de la bajada de la Virgen de Las Nieves en la capital palmera.
Uno de los enanos se acerca a los niños situados en primera fila para hacerles piruetas durante la popular Danza de los Enanos, este jueves en el recinto central de las Fiestas Lustrales, dentro de la programación de la bajada de la Virgen de Las Nieves en la capital palmera.  EFE

EFE Miles de personas observaron este jueves cómo un grupo de hombres que bailaban vestidos de juglares se transformaron en cuestión de segundos en unos pequeños danzarines con grandes sombreros napoleónicos. Son los enanos de La Palma y bailan cada cinco años en honor a la Virgen de las Nieves.

Sus diminutos cuerpos se mueven al ritmo de la pegadiza polca compuesta en 1925 por Domingo Santos Rodríguez, mientras niños y adultos golpean entusiasmados sus palmas.

Los que antes eran elegantes juglares que interpretaban la pieza "Los cantares del Mester", ahora se han convertido en menos de cinco segundos en inquietos enanos que danzan por las calles de Santa Cruz de La Palma, ante las miradas de miles de personas.

Desde su Santuario, en las afueras, hasta Santa Cruz de La Palma, la Bajada de la Virgen de las Nieves se celebra cada cinco años, y uno de los eventos que más atrae al público es la Danza de los Enanos, que bailan a la Virgen.

Ideado por el comerciante palmero Miguel Salazar Pestana, desde hace más de un siglo se produce la transformación de un personaje conocido y popular en todas las latitudes, caricatura del francés fanfarrón que apareció en aleluyas catalanas y ediciones castizas de la época, en naipes y manufacturas cerámicas, en cabezudos y gigantes de España y en el folclore virreinal de América.

Empieza el desfile con 24 caballeros marchando airosos al tiempo que entonan diversas melodías que varían para cada ocasión.

Las letras cambian y tras el pasacalle desaparecen los señores de la vista del público para dar paso a los enanos juguetones con sus sombreros napoleónicos, que danzarán y danzarán sin descanso al ritmo de la polca antigua y pegadiza, convirtiéndose en el momento más esperado de las fiestas.

Sin lugar a dudas que el momento de la transformación, que dura escasos segundos, es el secreto mejor guardado para los palmeros que orgullosos muestran al mundo esta popular danza.

Las primeras noticias que se tienen de la Danza de los Enanos de La Palma datan del año 1833, pero no sería hasta principios del siglo XX en que va tomando la forma que posee en la actualidad.

Así, en 1905 se produjo la primera "transformación" y en 1925 se interpretó por primera vez la tradicional polca de Domingo Santos Abreu, que ameniza actualmente el evento.

Los enanos, juguetones, rompen enseguida la fila, y abandonan los pasos de la polca, para "menearse" ante los niños que incrédulos en primera fila, no saben cómo reaccionar.

Tras la primera función a las siete de la tarde, a estos danzarines les esperan cinco representaciones más en el recinto central de las Fiestas Lustrales, y otras tantas en plena calle, sobre los adoquines de la calle Real.

Aquí la gente se agolpa en las aceras para rememorar la tradición de verlos bailar en la calle, tal y como fuera ideado originalmente por sus creadores.

Los hombres que dan vida a esos diminutos seres, comienzan a prepararse a primera hora de la tarde del día de la representación, y permanecerán ataviados con complicadas prendas de vestir hasta al amanecer del siguiente día.

Muchos de ellos tienen que realizar una preparación física severa en los meses anteriores, para no desfallecer en plena actuación, ya que danzar como enano, es un pleno sacrificio.

Ernesto Hernández, un joven "enano", nos cuenta que "todo este sacrificio se ve recompensado al ver las caras incrédulas de los más pequeños".

"Y es que además de lo duro que es estar más de 18 horas encerrado en el disfraz, atrás quedan horas y horas de duros ensayos y preparación", dice Ernesto.

Para realizar los simpáticos movimientos de los enanos, Ernesto y sus compañeros, han de ensayar durante meses.

"Alguno desfallece, y por eso hay seis suplentes, que van relevando a aquellos que más cansados se van encontrando", explica nuestro joven.

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