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Regreso a casa

La vuelta al mundo en una caja de fósforos

Los dos tinerfeños que recorrieron 35.000 millas a bordo de un motovelero regresaron ayer a Tenerife. Carlos y Manuel llegan a tiempo para embarcar a la virgen en Puerto de la Cruz

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Juan Carlos y Juan Manuel se abrazan a sus familiares.
Juan Carlos y Juan Manuel se abrazan a sus familiares.  josé luis gonzález

Itaparica es una isla que pertenece a Brasil. Es, además, el sugerente nombre de un velero que desde ayer se convirtió en historia. Sus once metros de eslora han recorrido todos los océanos del mundo en una travesía que se inició hace unos tres años y medio. Rozando el mediodía de ayer, sus velas ondeaban con la suave brisa en la cosa de Puerto de la Cruz. A bordo, dos tinerfeños valientes y decididos que volvieron a casa después de 35.000 millas náuticas y una proeza: cruzar el mundo. Lejos de la heroicidad (o de la locura), ambos se enorgullecen al asegurar que lo mejor de esta experiencia está en la humanidad: los que encontraron en su viaje y los que ayer les recibieron en Tenerife.

MARÍA PLASENCIA Las madres de Juan Carlos y Juan Manuel entrelazaban sus brazos y miraban al horizonte. Las nubes que taparon el cielo en Puerto de la Cruz impedían una visión clara, pero ante sus ojos se acercaba la mejor imagen: Itaparica se acercaba diligentemente al muelle, lo que implicaba que restaban escasos minutos para abrazar sus hijos.

A su alrededor se iba congregando un nutrido grupo de personas formado por los familiares y amigos de los osados marineros, que más allá de la hazaña lograda, sólo pensaban en el reencuentro. Una pancarta de bienvenida se alzó justo en el momento en que una sonora traca de fuegos artificiales irrumpía en el bullicio de la gente para anunciar que Juan Carlos y Juan Manuel estaban por fin en casa.
Su aventura, su sueño, se inició en diciembre de 2006, mes en que subieron al motovelero Itaparica para zarpar hacia el país que daba nombre a su barco: Brasil era la primera meta. "Despedirles fue muy duro, con muchas lágrimas", recuerdan las progenitoras de los dos tinerfeños, que no ocultaron su preocupación inicial: "Aunque manteníamos el contacto, sí es verdad que te preocupa que tu hijo ande cruzando los océanos en una caja de fósforos".

Las cifras del viaje

Itaparica debía cruzar la masa de agua del planeta en varias etapas, "finalmente hicimos cuatro etapas de algo más de cuatro meses cada una", explica Juan Carlos Armas, quien añade que "en total hemos hecho más de 35.000 millas náuticas" (cerca de 1.852.000 kilómetros). Son los números oficiales del viaje de Itaparica, pero el tinerfeño quiso destacar nada más pisar el muelle portuense sus propias cifras: "Tres nuevas arrugas en la cara, alguna cana más, un déficit económico y un millón de amigos".

"Me quedo ahora con toda la gente que nos está esperando, con los amigos que nos están recibiendo", dijo Juan Manuel, compartiendo con su compañero de travesía el argumento de que lo mejor del viaje ha sido las personas encontradas a su paso y aquellas que dejaron atrás y con las que ayer se reencontraron.

Pero también hubo malos momentos y lo más duro para los dos marineros fue la tercera etapa, cuando el pequeño velero navegaba en el océano Índico. "Tuvimos muchos problemas porque nos pasó por encima el primer ciclón de la temporada de invierno", explica Juan Carlos quien añade, no obstante, que en esa misma etapa protagonizaron el mejor momento del viaje: "Salvamos dos vidas y ahora dos personas viven gracias al Itaparica".

La situación se produjo cerca de la isla de Malé, cuando dos jóvenes se adentraron en alta mar a bordo de una moto acuática. "Se les paró el motor y estuvieron varias horas a la deriva a muchas millas de tierra firme", señala el tinerfeño, quien concluye que "les rescatamos por casualidad y cuando les llevamos de nuevo a la isla fuimos recibidos como héroes".

Aventura con mensaje

Cuando iniciaron su periplo hace más de tres años, los aventureros no pretendía pegarse unas vacaciones un tanto extraño. Su intención era trasmitir al mundo, nunca mejor dicho, un mensaje de lucha contra el hambre, la miseria, la injusticia, la desigualdad y la búsqueda de concordia, de entendimiento y tolerancia entre los distintos pueblos y culturas de la tierra. Su gran grano de arena en ese objetivo de muchos implicó encuentros con dirigentes políticos y embajadores de numerosos países e incluso "entrevistas con alcaldes de ciudades de hasta siete millones de habitantes", explica uno de estos tinerfeños.

Ya están en casa. Ayer fueron recibidos entre aplausos y gritos de "campeones". Entre lágrimas y abrazos, entre guiños llenos de cariño. En unos días volverán a la mar, esta vez por mucho menos tiempo: lo que dure la embarcación del virgen del Carmen. La llegada estaba prevista y, aunque aseguran que "es muy difícil calcular cuándo se llega", explican que "teníamos que estar aquí para la fiestas grandes de Puerto la Cruz y.... viva la virgen del Carmen".

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