A. HERRERO
El más barato es el hachís., que se fuma. A partir de cinco euros es posible conseguir un porro. Si pasamos a la cocaína, que se puede fumar y esnifar, las tarifas se disparan ya que medio gramo cuesta unos treinta euros. Si lo que queremos es heroína, que se puede fumar y pinchar en vena (en este caso, el efecto es más rápido, más potente y con un poder de adicción más elevado), el precio ya se dispara.
Luego estarían las drogas de diseño que han visto devaluar su precio ya que en los años noventa una pastilla de éxtasis costaba alrededor de las cinco mil pesetas y en la actualidad se puede conseguir por diez euros. El tripi (LSD), que suele presentarse en forma de cartón impregnado con la sustancia, es una droga que ha caído en desuso por las secuelas que arrastra en la salud. Muchas de estas drogas de diseño eran fácil de adquirir en las numerosas fiestas que se realizaban en la zona sur de la Isla. En la actualidad han aparecido nuevas sustancias que están causando graves daños en la juventud, debido a la facilidad para que los consumidores queden enganchados y les sea muy difícil salir. Como ejemplo de ello, tenemos el éxtasis líquido, el MDMA, el cristal -un derivado de la metaanfetamina que se consume en polvo normalmente diluido en las copas de bebidas alcohólicas-, potentes analgésicos, normalmente compuestos empleados en veterinaria; todas ellas tienen un fuerte efecto en la conducta, en el control del comportamiento a la hora de conducir vehículos a motor, ya que merma sus facultades y provoca confusión, pudiendo incluso ocasionar la muerte por parada cardiorrespiratoria, golpes de calor, sobredosis y otros. En la época actual debido a la crisis económica la juventud corre mayor peligro de caer en este mundo.
Contrariamente a lo que se piensa, estas sustancias no son exclusivas de zonas marginales ni de personas con reducida economía, sino que circulan entre la clase media-alta y muchos de los que la toman lo hacen incluso en sus puestos de trabajo.