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Investigadores de Tenerife avanzan en el conocimiento de la obesidad 

Cuando los genes no permiten bajar de peso

Una endocrina del HUC descubre una mutación en un gen que provoca fallos en la recepción de la leptina, la hormona que regula el apetito, y que está detrás del 3 por ciento de los casos de obesidad severa en el mundo

 
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El mexicano Manuel Uribe posaba así en 2006, tras perder 89 kilos de los aproximadamente 500 kilos que pesaba.
El mexicano Manuel Uribe posaba así en 2006, tras perder 89 kilos de los aproximadamente 500 kilos que pesaba.  José méndez (efe)

SONIA GALDÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE Un equipo de investigadores del HUC, con la endocrina Judith López a la cabeza, ha descubierto, a raíz de una investigación con familias del municipio gomero de Alojera, una mutación en un gen que es el responsable de que desarrollen una obesidad severa y que se cree que poseen el 3 por ciento de las personas de todo el mundo con este tipo de obesidad. Dicha enfermedad provoca un fallo en los receptores de la leptina, una hormona que tiene un papel esencial en la regulación del peso y que algunas empresas llevan años intentando sintetizar con la intención de emplearla en tratamientos contra el sobrepeso o en alimentos infantiles que, en principio, producirían adultos delgados.

Hasta ahora, a los canarios se les ha culpado de comer mal y de hacer poco ejercicio. Las Islas están a la cabeza del país en casos de obesidad y sobrepeso, también de diabetes o de otras enfermedades de fuerte carga genética, pero, hasta ahora, no se habían planteado soluciones para los problemas de peso que no pasaran por la dieta y el gimnasio, buenos consejos pero que no funcionan para algunas personas.

Investigadores canarios han descubierto, a raíz de un estudio entre vecinos de Alojera, que una mutación genética en los receptores de la leptina está detrás de la obesidad severa de algunos miembros de familias originarias de este municipio gomero. La doctora en Endocrinología del Hospital Universitario de Canarias (HUC), Judith López, explica los detalles de este trabajo, que ha sido premiado por la Real Academia de Medicina de la provincia y que presentará el martes en la sesión para su nombramiento como académica.

En primer lugar, la doctora aclara qué es la leptina, una hormona que recorre nuestro cuerpo y cuya existencia se desconocía hasta hace 15 años, ya que se descubrió en 1994. La leptina se produce en la grasa –tejido adiposo o adipocitos– y actúa en el cerebro –concretamente, en el hipotálamo– para regular el apetito, así como en otros órganos, aquí para estimular el metabolismo y oxidación de grasas y azucares.
Por tanto, esta hormona tiene un papel esencial en el control del peso corporal, ya que regula el balance energético del organismo, el control del apetito y el metabolismo de las grasas, por lo que, desde su descubrimiento, diversos equipos de investigadores han intentado utilizarla para desarrollar un tratamiento contra la obesidad que no ha logrado fructificar.

Además, la leptina está implicada en diversas acciones del organismo, como la función reproductora, la regulación de la inmunidad o la formación de placas de grasa, entre muchas otras. Sin embargo, como cualquier hormona, para actuar tiene que unirse a su receptor, que será el encargado de trasmitir la información al interior de las células para que éstas realicen el consumo metabólico adecuado y regulen la ingesta de alimentos, un receptor que falla por una mutación en los casos comprobados por los investigadores del HUC.

A partir de este descubrimiento, el trabajo de la doctora López profundiza en la idea de que no todas las obesidades son iguales, por lo que es esencial conocer el mecanismo por el que se desarrolla cada una de ellas para poder diseñar un tratamiento específico. De hecho, la doctora considera que la alarmante prevalencia de la obesidad en los países desarrollados hace necesario identificar la o las rutas anómalas en la persona obesa para poder seleccionar el tratamiento más eficaz.

En la actualidad, la obesidad está considerada como la epidemia del siglo XXI por la OMS –en los países desarrollados, por supuesto– y es la segunda causa de mortalidad evitable tras el tabaco. Además, las cifras en Canarias no son nada halagüeñas y superan al resto de comunidades autónomas del país, con una tasa del 17 por ciento en los adultos y del 18 entre los menores. A esto hay que sumar el sobrepeso, que se da en el 46 por ciento de los adultos de las Islas y en el 32,8 de los niños.

Aunque siempre se señala que estos problemas se deben a una diferencia entre lo que se ingiere y las calorías que se consumen, el estudio de la doctora López recuerda que "la obesidad sigue siendo una enfermedad en muchos aspectos desconocida, ya que las bases genéticas que hacen que se desarrolle esta enfermedad en el ser humano no están establecidas y, de momento, sólo se sabe que hay una compleja red de señales".

A la pregunta "¿Somos lo que comemos?", esta endocrina del HUC considera que habría que responder "por supuesto que somos lo que comemos –alimentación– y lo que gastamos –actividad física–, pero también somos cómo somos capaces de metabolizarlo o utilizarlo, y este hecho está condicionado genéticamente".

De hecho, en la investigación que ha realizado junto al doctor Iván Ferraz –también del Hospital Universitario de Canarias– y con la colaboración de la Universidad de Cambridge, se muestra que la alteración de un solo gen produce obesidad. Este equipo del HUC ha descubierto, en familias originarias de Alojera, una mutación genética de la parte de la célula que asimila la hormona leptina –receptor celular– y que es la causa de su obesidad severa. La mutación de este receptor impide que la leptina actúe de forma correcta y, por lo tanto, no se regulen bien ni los depósitos grasos ni el apetito y, como consecuencia, los pacientes sufren un grado extremo de obesidad.

Pero además, gracias a la labor de equipos de diferentes países que también participan en el trabajo, se ha puesto de manifiesto que las alteraciones genéticas de estas personas de La Gomera no son un hecho aislado, sino que están presentes en familias de diversas partes del mundo y que, en todas ellas, el mecanismo por el que se desarrolla la obesidad es el mismo.

De hecho, se ha descubierto que en torno al 3 por ciento de toda la población con obesidad severa puede tener esta alteración, por lo que, a partir de ahora, debería investigarse la presencia de mutaciones del receptor de la leptina en todos los pacientes con obesidad severa.
Actualmente todos los tipos de obesidad sobre las que no se conocen las causas se denominan esenciales. Este estudio sugiere la necesidad de realizar subclasificaciones con objetivo de identificar pacientes –especialmente, niños obesos– para así iniciar un tratamiento precoz de cambios dietéticos y de estilo de vida y, tal vez, poder aplicar en un futuro posibles nuevos fármacos derivados de este hallazgo.

El desarrollo de esta investigación puede aportar importantes avances en el campo de la obesidad y en un futuro próximo, ya que la presencia de determinadas alteraciones genéticas –que identifican rutas celulares que funcionan mal– permitirá identificar, de forma precoz e inequívoca, a individuos que corren un riesgo alto para el desarrollo de obesidad severa, de modo que se puedan aplicar en ellos estrategias terapéuticas desde la infancia. Además, impulsará el futuro diseño de nuevos fármacos capaces de estimular la ruta celular defectuosa, aunque actuarían siempre asociados a la realización de cambios en el estilo de vida, introduciendo la dieta y el ejercicio, por lo que las píldoras milagrosas para adelgazar siguen siendo un cuento.

La leptina, expectativas de un tratamiento para adelgazar

La leptina fue descubierta en 1994 por un equipo de la Universidad Rockefeller, a través del estudio de ratones mutantes, que la bautizaron con este nombre a partir de la palabra griega leptos, que significa delgado. Se trata de una hormona que se produce en el tejido adiposo, es decir, a partir de la grasa, y gracias al gen Ob(Lep) (Ob, de obesidad, y Lep, de leptina), que se encuentra en el cromosoma 7 de los seres humanos. Una vez generada, esta hormona se une al núcleo ventromedial, una zona del hipotálamo conocida como "centro de la saciedad", y le da la señal al cerebro de que ya se ha comido lo suficiente. Por tanto, cuando la cantidad de grasa almacenada en los adipocitos aumenta, se libera leptina en el flujo sanguíneo, lo que constituye una señal que informa al hipotálamo de que el cuerpo tiene bastante comida y de que debe inhibir el apetito.

De esta forma, y en teoría, cuando aumenta la grasa en el cuerpo se segrega más leptina, lo que frena la tendencia a comer más y hace que no aumente la cantidad de grasa o, incluso, que disminuya. Sin embargo, en la realidad, las cosas no resultan tan sencillas, ya que se ha descubierto que las personas obesas tienen una concentración más alta de leptina circulante que las delgadas, pero su presencia en la sangre no les produce una disminución de su apetito. Esto supone que las personas con obesidad son "resistentes" a la leptina, ya que, a pesar de producirla en grandes cantidades, el organismo no responde adecuadamente, una situación que sugiere que tratar con leptina a una persona obesa no sirve para nada.

De hecho, a raíz de su descubrimiento, la leptina se convirtió en el foco de atención de numerosos grupos de investigación de todo el mundo y con el fin de lograr alimentos o tratamientos que previniesen y tratasen la obesidad, aunque su funcionamiento ha demostrado ser más complejo de lo que se esperaba y las expectativas se han ido reduciendo a la infancia. Desde entonces, los investigadores estudian el modo de añadir la leptina en la leche preparada para los recién nacidos y en otros alimentos infantiles, aunque estudios recientes en el campo de la bioquímica han demostrado que esta sustancia se encuentra de forma natural en la leche materna.

Un equipo de investigación español demostró, en animales, que esta sustancia sí puede ser eficaz contra la obesidad porque, al tomarla en la leche materna, aunque no tenga un efecto inmediato, lo que hace es reprogramar los centros cerebrales del apetito para la vida adulta. Este descubrimiento fue patentado por un grupo de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), que espera desarrollar toda una línea de fórmulas infantiles suplementadas con leptina y que saldrán al mercado cuando pasen los trámites pertinentes.

A pesar de que aún son necesarias algunas pruebas que certifiquen totalmente su inocuidad, algunos miembros de la comunidad científica no están de acuerdo con la utilización de la leptina, ya que, indirectamente, se realiza una alteración en el cerebro
Por otro lado, se han abierto nuevos campos de investigación, dado que hay múltiples receptores para esta hormona en otros órganos del cuerpo y que la leptina participa en funciones tan diversas como la reproducción o la inmunidad. De todos modos, a partir del descubrimiento de esta hormona y gracias a investigaciones como la de la doctora Judith López del HUC, se ha aprendido que determinadas personas no comen más de la cuenta por glotonería, sino porque algún factor que regula su peso anda mal.

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