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Marcos Gómez-Sancho, director de la Unidad de Paliativos del Doctor Negrín

´Despenalizar la eutanasia sin buenos paliativos es indecente´

 
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 Jonay Rodríguez

El doctor Gómez-Sancho participa en el curso que la asociación de leucemia Alejandro da Silva ha organizado en Tenerife sobre cuidados paliativos, una prestación que reciben 3.500 canarios en fase terminal al año y que no está garantizada en todo el país, por lo que este especialista cree que plantear la eutanasia sin buenos paliativos es "una frivolidad y una indecencia".

SONIA GALDÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
-A raíz de la pasada polémica sobre los paliativos en Madrid, ¿en qué consisten estos cuidados y por qué se han llegado a confundir con la eutanasia?

-Siempre que se habla de atención al final de la vida existe una serie de dilemas éticos que no siempre se tienen claros y hay gente que los confunde, algunas veces, de manera inocente, pero otras, quizá con una manipulación por bloques que están bien definidos y con posiciones muy intransigentes y extremistas. Realmente, aquello se debió a no tener cuidados paliativos y alguien interpretó que las sedaciones habían sido eutanasia y acusaron a un grupo de médicos de homicidio. Aunque el caso fue archivado, el problema es que muchos médicos han quedado con miedo a llevar a cabo una sedación en situación terminal, en agonía, que es algo que hay que hacer de vez en cuando. Según nuestra experiencia, al 19 por ciento de los enfermos hay que sedarlos. Así, se corre el riesgo de que los médicos tengan miedo a tomar una decisión necesaria cuando está bien indicado, hay un síntoma refractario ante el que no se puede hacer nada para controlarlo y lo único posible es disminuir la consciencia del sufriente, porque, si no, tendría un final consciente y absolutamente catastrófico, por ejemplo con asfixia.

-¿Ofrece Canarias unos buenos cuidados paliativos?

-En Canarias fuimos pioneros con la creación de la unidad de Las Palmas, que fue la segunda que se puso en marcha en España, tras otra de Barcelona, hace 20 años. Unos años después, se puso en marcha un buen servicio en el Hospital Nuestra Señora de Candelaria, con el doctor Miguel Ángel Benítez, y, después, poco a poco, se fueron creando equipos más pequeños en las Islas no capitalinas. Por lo general, diría que estamos bastante bien, que tenemos una cobertura muy buena y aspectos mejorables que, poquito a poco, vamos arreglando, pero la situación no es mala en Canarias.

-¿A cuántos pacientes se atiende anualmente en estas unidades?

-En la del hospital Doctor Negrín, tenemos 800 nuevos enfermos cada año, con una cobertura del cien por cien para nuestra área operativa, que es la mitad de la isla de Gran Canaria. En todo el Archipiélago, es complicado, pero calculo que puede haber unos 3.500 casos al año y, probablemente, estemos en una cobertura global de entre el 60 y el 70 por ciento, que está bastante bien.

-Usted promulga la necesidad de lograr que las personas mueran con dignidad. ¿Cómo se logra y qué recomienda a los familiares para afrontar la pérdida?

-Morir con dignidad es algo difícil de definir, pero fácil de detectar cuando una persona termina su vida en un entorno amable, que es la casa de cada uno, sin dolor ni otro síntoma especialmente fuerte, con sus seres queridos cerca y manteniendo la consciencia de lo que está sucediendo y viviendo hasta el último instante. Después de morir el enfermo, no termina nuestra tarea, porque a los seres queridos de este paciente que ha fallecido les toca superar un dolor profundo, que genera un sufrimiento muy importante y que no es una enfermedad, sino un proceso normal.

-Los seres humanos tenemos basadas nuestras relaciones interpersonales en el amor y el cariño, por lo que, cuando muere alguien a quien queremos, es normal que estemos tristes y que suframos. Por eso, lo que hay que hacer es aprender a vivir sin esa persona. Lo que sucede es que, tradicionalmente, las comunidades tenían dispositivos espontáneos para ayudar a los dolientes. Tenían costumbres bien establecidas, como el luto, porque vestirse de negro no era una casualidad, sino una forma cultural de denunciar públicamente tu derecho a estar triste y la gente, cuando veía a alguien enlutado, le preguntaba y éste contaba lo que le sucedía. Sabemos que esta es una de las tareas, poder expresar la tristeza. Pero eso hoy ha desaparecido de un plumazo, está prohibido el luto y nadie quiere escuchar a nadie. Y todo esto se está sustituyendo por unas costumbres absolutamente extrañas, cambiando la visita familiar del día de difuntos por Halloween. Veíamos por las calles a personas vestidas de fantoches, con unas costumbres que no tienen nada que ver con nuestro pueblo ni con nuestras raíces.

-Esa situación que usted describe para lograr una muerte digna no siempre es posible

-Hay tantas formas de morir como de vivir. Depende de muchas cosas, porque no es lo mismo morir con 20 años que con 103, como Francisco de Ayala, quien, con seguridad, ha terminado su vida con la sensación de haber dejado la tarea hecha. Esto no se lo podemos exigir a una chica de 19 años que tiene un bebé. Hay veces en que es muy difícil aceptar la muerte.

-¿Qué opina del testamento vital?

-No está teniendo un impacto muy grande porque hemos tenido sólo un enfermo que ha venido con él. Está bien si a los ciudadanos les tranquiliza, pero lo ideal es que eso no sea necesario, porque no creo que, en mi unidad, ningún enfermo tenga miedo de que vayamos a hacer algo que él no haya autorizado.

-¿Cuál es su posición ante una posible legalización de la eutanasia?

-Considero que es un debate legítimo, ya que hay que respetar los criterios de todas las personas, también de los que defienden su despenalización, porque siempre es digno de respeto lo que la gente valora que es bueno. Yo, sin embargo, creo que no es prioritario, que lo que sí que es urgente es atender bien a los enfermos, ya que hay muchos que no reciben una atención óptima. Un país que no tiene diseñados mecanismos para suministrar a sus ciudadanos unos cuidados paliativos de absoluta excelencia, que despenalice alguna forma de acabar con esos enfermos es una frivolidad e, incluso, una indecencia.

-En el curso que usted coordina en Tenerife, también se aborda la situación de los paliativos pediátricos. ¿Canarias está a la altura?

-En Las Palmas tenemos una de las tres unidades de cuidados paliativos pediátricos del país y, efectivamente, es una carencia, quizá debido a que, afortunadamente, hay pocos niños que los necesiten. Este es un ejemplo de un grupo de pacientes poco numeroso pero que produce un impacto terrorífico. Esta es una de las asignaturas pendientes que tenemos para estos cuidados en España, pero los canarios podemos sentirnos orgullosos de tener una de las poquísimas unidades que hay en el país.

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