Eduard Punset, divulgador científico, presentador del programa ´Redes´, economista y abogado
SONIA GALDÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Las grandes expectativas de desarrollo científico y tecnológico para los próximos 50 años, ¿son viables ante el cambio climático y la actual crisis económica?
Hay una progresión geométrica en los avances científicos y tecnológicos y no hay que ser un mago para predecir que, dentro de cien años, el planeta será irreconocible, no sólo por el cambio climático, sino también por unos avances que son imparables.
En sus obras, ha profundizado en las bases químicas y neurológicas del amor. ¿La ciencia ha matado al romanticismo?
No concibo un concepto más romántico del amor que la idea científica de él: un instinto primario de fusión con otro organismo para garantizar la supervivencia, que se inició hace 3.000 millones de años con unas bacterias y que continúa. Una cosa es que podamos explicarlo y otra, que deje de ser maravilloso. No creo que exista una oposición, pero sí que donde no hay romanticismo es en la visión no científica del amor.
¿Qué nos diferencia a los seres humanos, a hombres y mujeres?
Hay diferencias biológicas que se van conociendo y que tienen que ver con un sistema límbico distinto, que, incluso, afecta a la sexualidad. Por ejemplo, las mujeres, cuando tienen una gran preocupación o ansiedad, se inhiben, mientras que el hombre siempre está apto. Otra diferencia en el cerebro es que los hombres tienen una concepción divisionaria del tiempo, en minutos, mientras que la mujer lo hace por eventos. Además, hay muchas diferencias evolutivas que van cambiando, como que ahora hay casi más mujeres que hombres en las universidades, pero antes no tenían la oportunidad. También, al medir la empatía, en general, ellas tienen más facilidad que el hombre.
¿Es inevitable el enfrentamiento entre ciencia y Dios?
Estamos a unos cuatro o cinco años de producir vida sintética en los laboratorios, concretamente, una bacteria. Darwin no discutió temas de religión porque no ayudan a avanzar la ciencia y porque tenía la certeza de que la difusión paulatina del conocimiento científico haría tambalear el pensamiento dogmático. El debate entre religión y ciencia no desaparecerá nunca, pero no tiene por qué ser enconado. La ciencia ha demostrado que las personas con creencias son más felices que el resto, pero no demuestran la existencia de dios. Hoy los biólogos prefieren decirlo de otra manera, que hemos sobrevivido gracias a un exceso de optimismo y el caso europeo es el más llamativo. Por ejemplo, en el siglo XVII se asesinaron a 70.000 mujeres como brujas, que eran las primeras científicas –comadronas y que sabían algo de hierbas–, pero se ha sobrevivido a tanto sufrimiento y sacrificio gracias a este optimismo atávico que lleva la gente dentro. En determinados momentos, en escenarios de sufrimiento inaudito, la religión les daba una esperanza, pero tampoco hay que olvidar los sufrimientos indecibles que ha provocado la religión.
En Tenerife ha habido, recientemente, una polémica centrada en la Homeopatía, ya que las administraciones públicas y los colegios oficiales de médicos y farmacéuticos respaldaron unas jornadas sobre esta disciplina, lo que provocó la ira del aula de divulgación científica de la ULL. La Homeopatía ¿es ciencia o pseudociencia?
Mi opinión no tiene ninguna importancia y sólo he de constatar el hecho de que en algunos países, como Francia, se le considera una ciencia y en otros muchos no. Creo, sin lugar a dudas, que una parte de los resultados de la homeopatía están en el efecto placebo, con un impacto positivo en torno al 30 por ciento. Cuando se le añade el efecto coincidencia, más que el de causalidad, el porcentaje aumenta y lo coloca a niveles aproximados a los de otras terapias, como las relativas al cáncer de pulmón, sobre la que nadie discute su carácter científico. Hay que evitar el abuso de la ignorancia del paciente y la producción de daños, lo que no se ha conseguido en muchas terapias científicas, porque quién me puede asegurar que la decisión de aplicar quimioterapia a un tumor no ha sido responsable de un aumento exagerado de los índices radioactivos de la persona que, a lo mejor, habría muerto igual y se habría ahorrado ese sufrimiento.
Hay que ser muy poco dogmático. La ciencia nace con una ventaja sobre el pensamiento dogmático, que es muy humilde, ya que exige comprobación de las tesis –mediante un método científico– y que siempre hay que estar dispuesto a asumir las equivocaciones.