ISABEL LÓPEZ (EFE) | SANTA CRUZ DE TENERIFE
El Instituto Tecnológico y de Energías Renovables de Tenerife (ITER) trabaja desde hace un año en el desarrollo del plan de viabilidad de un avión solar para realizar observaciones científicas. El nuevo diseño podrá volar a gran altitud, sin tripulación y no contaminará, ya que sólo necesitará energía solar
El proyecto, en el que participan varios departamentos del ITER, ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y se desarrolla en colaboración con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid.
Ambos centros estudian la viabilidad de un avión de 20 metros de largo, cuya tecnología le permitiría volar a gran altitud –unos 30.000 metros–, sin tripulación y sin utilizar combustibles fósiles, sólo la energía del sol.
Es un avión indefinidamente autónomo, puede permanecer mucho tiempo en el aire y ser utilizado como plataforma científica para observaciones terrestres, explica el investigador del ITER y director del proyecto, Manuel Cendagorta.
Servir como observatorio permanente de la atmósfera y la superficie terrestre, como sistema de comunicación de emergencia en caso de catástrofe, herramienta para el seguimiento científico de aves migratorias, la prevención de incendios o para mejorar la calidad y abaratar los costes de los sistemas de observación por satélite son algunas de las posibles aplicaciones de este nuevo avión. Para ello, el aparato está dotado de cámaras fotográficas, así como de un sistema GPS y de un procesador que permite que el vuelo se realice de manera automática siguiendo unas coordenadas previamente programadas, salvo en el aterrizaje, momento en el que el avión es controlado de manera manual por medio de un puesto de control.
La energía solar es la encargada de alimentar esta aeronave, cuyas alas están cubiertas de células solares que producen electricidad, almacenada en baterías de litio, de gran capacidad y poco peso. El avión tiene una carga útil de 10 kilos, lo que supone una limitación que ha obligado a los investigadores que trabajan en su diseño a crear equipos ligeros y "miniaturizados".
Además de este estudio de viabilidad, el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables de Tenerife está construyendo un prototipo de 6,3 metros de largo que el centro ha puesto a prueba en tres ocasiones. La última comprobación pensaba realizarse "con un vuelo más largo" el pasado junio, mes con más horas de sol y poco viento, lo que facilita el aterrizaje y despegue de la aeronave, pero, según indica Cendagorta, se retrasó "por cuestiones técnicas".
Pasajeros, en el futuro. Aunque el uso de este avión esta aún por definir, la tecnología desarrollada hasta ahora no permite, de momento, el uso de estos aviones para el transporte de pasajeros. Sin embargo, como explica Cendagorta, en el futuro sí será posible la aplicación de células solares como las empleadas en la construcción de esta aeronave para "cubrir una parte de las horas de vuelo de un avión comercial".
En mayo, Cendagorta explicó todos los detalles del proyecto a este periódico y señaló que la idea surgió de la experiencia en células fotovoltaicas del ITER y que, en ella, se han volcado todos los departamentos. Por ejemplo, en el de Fotovoltaica lograron laminar células de forma curva para las alas, mientras que los de informática generaron la programación relacionada con las trayectorias. Han afinado todos los materiales del proyecto para que pesen lo menos posible, aunque con la seguridad suficiente para que aguante las envestidas del viento, y han diseñado una hélice especial para lograr el mayor rendimiento posible.