EFE | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Miguel "Michi" Rodríguez es un leonés afincado en Tenerife que quiere rescatar un oficio perdido, el del fotógrafo minutero que recorre playas, paseos y ferias entregando fotos casi instantáneas. Lucha para crear una asociación que los agrupe y que el Gobierno español "apoye".
Michi Rodríguez nació y se crió en Suiza, hasta que a los 5 años su familia lo envió a León para empezar el colegio. Afirma que ya ha construido su cámara, a la que llama "Victoria M1", pues cada minutero se fabrica la suya propia; "nunca hay dos iguales, y pasan de generación en generación".
"Quiero vender el paisaje de Canarias; que El Médano, el Teide o una iglesia del Puerto de la Cruz sean ya un recuerdo para quien se hizo la foto", precisa Rodríguez, quien proyecta vestirse de época y moverse por la isla para "ser libre".
Su estreno como minutero será el 12 de septiembre, con motivo del festival de música Canarias at the hotel, en el municipio tinerfeño de Los Realejos. Reconoce que le costó coger rapidez en el proceso, "y hacer todo con una mano y a oscuras".
Michi Rodríguez empezó a hacer fotos a los 14 años, y ha trabajado como fotoperiodista y cámara de televisión. Reconoce que aunque lleva años haciendo fotos, con la cámara minutera "se ve diferente: es ver la luz que entra".
Cuando realizó sus primeras pruebas con "Victoria M1" se sintió "como cuando empecé con la fotografía: volví al origen".
Apunta que este oficio está casi totalmente perdido, y que si pretende recuperarlo "no es para ganar dinero", lo que le atrae es "el trasfondo de acercar la foto a los niños, a la gente de la calle".
Tras más de 15 años como fotógrafo profesional, y ante el actual panorama laboral, Michi, que reside en la zona costera de El Médano, en Granadilla de Abona, decidió "salir a la calle a hacer fotografías".
El oficio de minutero recupera una antigua tradición, y tiene además una parte artística, pues rescata la foto en blanco y negro "frente al intrusismo del mercado digital".
"Ahora la gente se compra una cámara digital y todo el mundo es fotógrafo", advierte Rodríguez, quien apunta que con su oficio también quiere enseñar "la fotografía pura y dura, que es luz". De hecho, a sus futuros clientes no les va a dar instrucciones para posar. Les pedirá que sean conscientes "de que no están delante de un móvil ni de una cámara digital, sino que lo están delante de una foto para la historia, y hecha con algo que es historia".
Tras las primeras pruebas indica que quien posa ante una cámara minutera tiene una actitud totalmente diferente "a la del compadreo de hazme una foto".
"Voy a dar una foto para toda la vida, como su material, pues el blanco y negro es nitrato de plata, es fotografía argéntica", precisa Rodríguez, quien indica que la foto digital tendrá una vida aproximada de cincuenta años, cien si están en disco duro, pero muchas personas conservan fotos en blanco y negro de sus abuelos u otros antepasados sin mayor problema.
Construyó su propia caja para la foto minutera con el apoyo de empresas privadas, porque las instituciones "o no creían en el proyecto o no prestaban atención". El coste ha rondado los 1.500 euros. El primer niño que vio la cámara "quedó flipado" y dudaba de que hiciera fotos "hasta que le abrí el obturador y vio la imagen al revés en el cristal".
Lamenta el vacío legal, que hace que su oficio sea considerado en algunos municipios como venta ambulante, cuando se trata "de acercar la cultura directamente a la calle".