LEAL COELLO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Aquéllos que aman el viaje pasan mucho tiempo en aviones, y no son pocos los que consideran este tránsito una pérdida de tiempo. Sin embargo, hay algunas rarezas de la especie humana que adoran el pasear a través de sus pasillos de moqueta, y hacen de ellos su modo de vida.
Gustavo Herrera, de tan sólo 26 años, "dice" que vive en Dubái, pero lo cierto es que se pasa la vida saltando entre Sydney, Auckland, Londres, Bangkok, Nueva YorK o Toronto, pues su puesto como auxiliar de vuelo en un modelo A380, un avión de dos pisos con capacidad para casi 800 personas, así lo exige. "Es como salir de la monotonía. Un día ceno en Canadá y cuatro días después lo hago en Sydney. Es un enriquecimiento total", comenta.
Todo empezó en Barcelona, adonde este grancanario se trasladó persiguiendo un amor frustrado. Tras tres años de trabajos de atención al cliente, comenzó a fraguar en su cabeza la idea de "un trabajo que me permitiera ganar dinero, relacionarme con la gente, volar, y con un toque de glamour. Cómo no", pensó, "auxiliar de vuelo".
En la ciudad catalana consiguió la entrevista que le llevaría a una de las ciudades turísticas más importantes del mundo, Dubái, donde lleva ya once meses. Entre playas y rascacielos de lujo, el lugar le ha descubierto un mundo de contrastes en una cultura conocida y maltratada por la intransigencia.
Este emirato árabe de extremo vanguardismo le reveló una disparidad "entre modernidad y pobreza enorme. Te encuentras con construcciones que tienen una tecnología inimaginable, como la torre más alta del mundo, Burj Dubai, o playas de arena blanca, y todo ello resalta con unos obreros de la construcción cuyo salario está muy por debajo del mínimo en España".
"Mucha de la clase obrera viene de otros países, como Filipinas o la India. Aquí se trabaja día y noche, ya que pretenden hacer de la ciudad un centro de conexión mundial, y para ello las 24 horas se quedan cortas. La gente local, por el contrario, tiene un poder adquisitivo muy alto". La mayoría de sus habitantes, como peculiaridad, es extranjera, por lo que "se convierte en una ciudad totalmente cosmopolita y más abierta de lo habitual".
El crecimiento extraordinario de la ciudad ha dado lugar a enormes centros comerciales de superlujo, en una capital que ronda los 30ºC de manera habitual. Dentro se puede estar fresco, y por eso concentran una gran vida social, algo que Gustavo detesta.
Allí vive con un brasileño y un hindú, con los que asegura compartir "una convivencia perfecta, de respeto y diversión".
Lo peor de su trabajo y su modo de vida es la poca relación con sus allegados, pues sus viajes no le permiten estancias demasiado largas. "Es difícil coincidir con tus amistades, a los cuales puede que vea cada dos semanas, si tengo suerte". Sin embargo, adora el melting pot, como en cualquier gran ciudad. Esa mezcla infinita de gentes de cualquier sitio que sin duda la enriquecen.
De oca a oca y tiro...
Carlos Herrrera Bordón es natural de Castillo del Romeral, al sur de la isla de Gran Canaria. Abandonó la carrera de Empresariales a los 21 años para ir tras un amor a Barcelona.
Tras varios empleos de auxiliar administrativo, auxiliar contable y finalmente contable, realizó un curso de Tripulante de Cabina de Pasajeros. El fracaso de la relación hizo que se planteara la idea de abandonarlo todo de nuevo, y eso fue lo que le llevó a presentarse en la entrevista a través de la que consiguió su actual trabajo, auxiliar de vuelo en Dubái, EAU.