EFE
Graciela Butrón murió el 26 de agosto horas después de precipitarse a la calle, en unos hechos todavía no esclarecidos y por los que su novio, que se entregó dos días después en la Comisaría de Leganés (Madrid) y prestó declaración judicial, fue enviado a prisión, a pesar de que negó haber matado a la joven.
El Juzgado Mixto número 4 de Molina ordenó el traslado del preso a Molina para comparecer ante la Sala, que decidirá sobre su situación personal.
Tras su declaración se conocerá si vuelve a la prisión provisional a la espera del juicio o queda en libertad.
Graciela era la cuarta hermana de una familia de ciudadanos bolivianos residentes en España y se había trasladado desde Madrid, donde no tenía trabajo, a Molina, donde reside otra hermana con su marido, para encargarse del cuidado de una persona mayor, mes y medio antes de morir.
El presunto autor del homicidio, que según fuentes de la familia "es violento y toma (bebe) mucho", se desplazó también a Molina de Segura quince días antes del suceso, y continuaba sin trabajo.
El cadáver de la joven fue incinerado días después de su fallecimiento y sus cenizas llevadas por una de las hermanas a la localidad de Inquisivi, en La Paz (Bolivia), donde viven sus padres.