LA OPINIÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
En la semana de la Lactancia, la matrona del nido del Hospital Universitario de Canarias (HUC), María Dolores González, explica los múltiples beneficios de esta práctica para las madres y los recién nacidos, ya que, además de reducir muchas enfermedades en ambos –como el cáncer de mama en la mujer o la diabetes en el caso del bebé–, implica un vínculo psicológico fundamental para el futuro desarrollo del niño. González recomienda la lactancia por el mayor tiempo posible y desmiente prejuicios como que las mujeres con implantes mamarios no pueden amamantar a sus hijos.
Esta matrona recomendó a las mujeres que quieran dar el pecho que deben informarse de toda la teoría sobre la lactancia durante el embarazo e, incluso, localizar grupos de apoyo próximos a su residencia –aunque los profesionales sanitarios están cada vez más formados–, para que se convenza de su importancia y para que no encuentre dificultades que le hagan dar marcha atrás, que suelen estar en el agarre del bebé.
En este sentido, "la madre debe aprender, no es algo tan espontáneo como se piensa, cómo colocar el pecho o evitar la aparición de grietas porque, si no encuentra una solución, acaban abandonando la lactancia a los tres o cuatro meses".
La matrona del HUC detalló los múltiples beneficios demostrados para el lactante en su sistema autoinmune, ya que, aparte de las defensas que nunca se le van a aportar con otras leches, se ha descubierto que previene cada vez más contra enfermedades inmediatas, como infecciones intestinales u otitis, pero también del futuro niño o adulto. Así, destacó la diabetes, la obesidad o enfermedades autoinmunes –como el síndrome de Crohn–.
Además, explicó que la leche materna se digiere mucho mejor que las que se pueden adquirir en las farmacias y que el bebé absorbe más nutrientes, a lo que hay que sumar que evita que se acumulen gases o el estreñimiento.
A estos beneficios físicos hay que sumar los que dar el pecho tiene para la madre, como la prevención del cáncer de mama y de ovarios o, al contrario de lo que se creía, de la osteoporosis, ya que está demostrado que la lactancia prolongada implica la presencia de unas hormonas en la sangre que hacen que se fije mucho más el calcio al hueso. Además, ayuda a la recuperación más rápida del peso original, lo que se debe a que esta práctica implica un consumo importante de calorías y, por tanto, también de las grasas acumuladas durante el embarazo, ya que precisamente se tienen como reserva para la lactancia.
Por otro lado, dar el pecho implica una serie de ventajas de ámbito psicológico por el vínculo que se desarrolla entre madre e hijo a raíz de este contacto más estrecho y continuado. De hecho, González señaló que hay estudios que apuntan a que se dan pocos casos de malos tratos o abandono infantil, ya que la lactancia implica un cuidado más intensivo sobre el bebé y, en el caso de los prematuros, está demostrado que mejora su desarrollo físico, oxigenación y temperatura.
Otra de las grandes virtudes de amamantar a un hijo es que "la madre, al entrar en contacto con la piel del bebé, recibe sus bacterias y crea defensas específicas contra ellas que, luego, le transmite con la leche materna", explicó María Dolores González.
Lo máximo posible. En cuanto al periodo de tiempo en que se debe dar el pecho a un niño, la matrona del HUC fue clara en que "nunca es demasiado, pues la lactancia nunca será negativa, salvo en casos de madres seropositivas –ya que el virus del sida puede pasar al niño por la lactancia– o que tomen una medicación contraindicada".
Así, destacó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene un lema en este ámbito y es que se debe dar sólo leche materna durante los seis primeros meses y que, luego, se acompañe de otros alimentos por el periodo que escoja la madre, pero que cuanto más largo sea, más beneficios acarreará para ella y el bebé.
En cuanto a las críticas a que esta práctica sea muy duradera, que apuntan sobre todo a que se genera una dependencia excesiva del niño, González demostró que ocurre lo contrario y que los bebés lactantes se acaban convirtiendo en adultos "más sanos, equilibrados, seguros y autónomos porque este vínculo de cariño con la madre da seguridad".
Pero, hay casos en que una mujer no puede amamantar a su hijo. Además de por el uso de medicamentos y drogas o por el VIH, una de las razones más comunes es la hipogalactia, un trastorno hormonal que presenta el 3 por ciento de las madres y que implica una producción escasa de leche. Esta dolencia se detecta sólo al ver que el niño sube de peso muy despacio o, incluso, que lo pierde.
A estas contraindicaciones hay que sumar que el recién nacido tenga galactosemia, una enfermedad metabólica que implica un déficit de enzimas y que el niño no pueda sintetizar la galactosa.
Por otra parte, González destacó que las mujeres con implantes mamarios no suelen tener problemas para dar el pecho y, en el caso de las reducciones de pecho –no de las mastectomías, que implican una supresión total–, dependerá de la técnica y de los años que hayan transcurrido desde que se realizó la cirugía, ya que, con el tiempo, los conductos se van recanalizando y vuelven a sacar leche al exterior.