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Primer estudio

¿Pilares de aparcamientos resistentes?

Investigadores de la Universidad de Alicante (UA) analizan la fuerza que introduce el impacto de un vehículo sobre un pilar en un aparcamiento con la finalidad de evaluar "si la normativa sobre impactos de vehículos en aparcamientos está del lado de la seguridad o se queda corta".

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Dos colaboradores de la investigación examinan los datos de uno de los coches utilizados por los investigadores de la Universidad de Alicante (UA), para analizar la fuerza que introduce el impacto de un vehículo sobre un pilar en un aparcamiento con la finalidad de evaluar
Dos colaboradores de la investigación examinan los datos de uno de los coches utilizados por los investigadores de la Universidad de Alicante (UA), para analizar la fuerza que introduce el impacto de un vehículo sobre un pilar en un aparcamiento con la finalidad de evaluar "si la normativa sobre impactos de vehículos en aparcamientos está del lado de la seguridad o se queda corta". Se trata del primer estudio que se realiza en España de estas características y, para ello, los investigadores ensayan con coches de desguace que impactan a 20 kilómetros por hora contra pilares de hormigón. EFE/MORELL 

EFE Investigadores de la Universidad de Alicante (UA) analizan la fuerza que introduce el impacto de un vehículo sobre un pilar en un aparcamiento con la finalidad de evaluar "si la normativa sobre impactos de vehículos en aparcamientos está del lado de la seguridad o se queda corta".

Se trata del primer estudio que se realiza en España de estas características y, para ello, los investigadores ensayan con coches de desguace que impactan a 20 kilómetros por hora contra pilares de hormigón, según ha explicado a EFE su responsable, Belén Ferrer.

El Código Técnico de la Edificación (CTE) en España recoge una nueva normativa que "obliga a considerar una acción horizontal en los pilares de los aparcamientos ante el posible impacto de vehículos", según ha señalado a EFE el director de la investigación, Salvador Ivorra.

"La normativa antigua que estaba vigente desde el año 1988 e incluso las anteriores" no contaban con estos parámetros, ha añadido.

La investigadora ha explicado que el resto de normativas europeas también están incorporando ahora estas recomendaciones, pero "es un tema que no se conoce muy bien" puesto que "no se acaba de decir exactamente cómo se debe hacer".

El responsable técnico del cálculo en cada edificación no sabe qué tiene que hacer para evaluar esta posible circunstancia, "aunque está obligado a tener en cuenta las acciones de vías de impacto y no sabe exactamente qué valores tiene que tomar o cómo tiene que calcular", ha comentado Ferrer.

Para evaluar estas consideraciones, los investigadores han construido una rampa de 20 metros de longitud y un desnivel del dos por ciento en una zona cercana a la Universidad de Alicante (UA) por donde lanzan los vehículos, los cuales alcanzan "una velocidad controlada" de 20 kilómetros por hora.

"Esta es una velocidad que puede llevar un vehículo en un aparcamiento", ha precisado Ferrer.

Así, tras recorrer los 20 metros de la rampa "sin el motor encendido", los coches de prueba impactan contra un pilar de hormigón armado de 2'75 metros de altura, tensado por cuatro barras "para simular la misma compresión que tiene un edificio de baja altura".

Antes de las primeras pruebas "todo el mundo se ofrecía voluntario para ir dentro del coche", ha bromeado Ferrer, quien ha añadido que, tras los primeros resultados, "ya no tenemos voluntarios".

"El problema es que a baja velocidad, a unos 10 o 20 kilómetros, dices que no pasa nada, pero mira lo que le ha pasado el coche", ha señalado la investigadora al observar "que el morro del coche ha quedado reventado" al colisionar contra el pilar.

En este sentido, el director de la investigación ha destacado que, tras lanzar los primeros vehículos, "todos los miembros de la investigación" han reducido la velocidad cuando han conducido porque "si el coche queda así a 20 kilómetros hora, imagínate cuando se conduce a 120".

Para obtener los resultados, se han dispuesto cuatro sensores, uno delante y el resto detrás del pilar, compuestos por "galgas extensométricas" que miden la deformación del pilar en un punto, "captadores de desplazamiento" que analizan lo que se ha movido en la dirección del impacto, y "acelerómetros" para evaluar la aceleración en ese punto en función del tiempo.

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