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José María Bermúdez de Castro. Co director de las excavaciones de la Sierra de Atapuerca. 

´En Atapuerca se comían a los niños de los enemigos´

En Atapuerca más de medio centenar de investigadores intentan responder a algunas de las cuestiones que siempre han preocupado al ser humano. ¿Quiénes somos? y ¿Desde cuándo somos así? Además, los huesos fosilizados les han dado muchas pistas sobre el hombre desde hace 1,5 millones de años. Aún queda mucho por saber.

 
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VERÓNICA MARTÍN / SANTA CRUZ DE TENERIFE _¿Qué circunstancias se dan en Atapuerca para que se hayan conservado tal cantidad de restos y que sirva, ahora, para conocer tantas cosas de nuestro pasado?
_Los fósiles son los que nos dan toda esta información. Pero la fosilización necesita unas condiciones geológicas determinadas. En las cuevas, los huesos se conservan especialmente bien por las rocas carbonatadas y sin acidez. Además, en Atapuerca la gran riqueza ecológica hace que las condiciones para la vida fueran ideales. En la Sierra de Atapuerca hubo mucha vida y eso ha pasado desde hace 1,5 millones de años.
_¿Han estudiado a dónde iban en los períodos con más problemas como en las glaciaciones?
_Sí, nos interesa saber dónde buscaban sus herramientas y el alimento y cómo se movían. Parece que tenían un entorno de 10 kilómetros a la redonda para buscar recursos. Siempre se ha hablado de la transhumancia de estos homínidos pero lo que demuestra Atapuerca es lo contrario: si encontraban un lugar bueno, se quedaban.
_¿Está demostrado que ellos tiraban los cadáveres a un lugar determinado como la Sima de los Huesos de forma simbólica?
_Todavía hay que probar que se trataba de una acumulación antrópica en la que han intervenido los humanos. Todo parece indicar que sí. En la causa está la especulación. Queremos responder a la pregunta de qué hacen 30 cadáveres enteros en el fondo de una cueva. El único elemento que tenemos en la actualidad para decir algo al respecto es un bifaz -una pieza de industria lítica con dos caras- a la que le doy tanta importancia que he convertido en el logo del centro de investigación. Esta pieza apareció junto a los cadáveres y es el bifaz más bonito que he visto en mi vida: es como si fuera una joya de color rojo. Este es el debate científico más extraño que hemos tenido en Atapuerca y que no ha sido aceptado jamás. Nosotros decimos que es acumulación antrópica y que, encima, les dejaron una prenda.
_Ustedes han demostrado que hubo canibalismo y ahora abren una nueva línea donde sostienen que se trataba de un hábito cultural que se mantuvo en el tiempo, ¿Por qué?
_Lo del canibalismo está aceptado totalmente por la comunidad científica. Es algo muy fácil de demostrar porque se han encontrado restos humanos con marcas de carnicería que formaban parte de la basura junto con otros restos. La cuestión es qué tipo de canibalismo es. Estamos encontrando restos que demuestran que esto ocurrió en multitud de ocasiones y que era un canibalismo gastronómico y cultural. Además, hemos descubierto que la gran mayoría de los huesos humanos eran de niños y jóvenes. La hipótesis es que como Atapuerca era un sitio rico, cuando llegaba otro grupo humano había rivalidad. Como lucha, se comían al enemigo. Es un modelo muy interesante que ocurre igual en los chimpancés: mataban la base de la pirámide para acabar con el otro ya que los niños no aportan ninguna ventaja nutritiva. Yo creo que era premeditado pero hay que demostrarlo.
_Estudiar este pasado, le hace reflexionar sobre el presente y el futuro, ¿a qué conclusión llega?
_Ahora, la selección natural se ha sustituido por la tecnológica. Hemos conseguido ser siete mil millones sobreviviendo con nuestras taras, algunas psicológicas que nos llevan a la violencia gratuita o a la machista. Esto en condiciones de Pleistoceno no se permitiría. Seguimos evolucionando. Hay que hacer reflexiones sobre el presente, no predicciones sobre el futuro pues para eso hay que saber qué ambiente habrá y eso no lo sabemos.

De los cráneos de los guanches hasta Atapuerca
José María Bermúdez de Castro conoce bien Tenerife ya que en el año 1985 realizó su tesis doctoral aquí. Estudió los cráneos y las momias de estos antiguos pobladores de las Islas. Sus primeros momentos en Tenerife los pasó en el hotel más barato que encontró por teléfono en el que le preguntaron extrañados ¿viene solo? Al día siguiente, buscó uno menos barato y siguió estudiando momias. En una sala gris del Museo Arqueológico comiendo bocadillos. Ahora, él dirige tesis.

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