"La Marcha Verde nos pilló a todos por sorpresa"
Gregorio, Manuel y Gertrudis Mesa, una familia canaria en Villa Cisneros
BELÉN MOLINA
La boda de Gregorio Mesa Corujo y Rafaela Martín Santana fue la primera entre españoles que quedó registrada en Villa Cisneros, la actual Dajla. Fue el 19 de agosto de 1949 y figura en el Libro I, folio I, con el número 1. Curiosamente, 26 años después, en octubre de 1975, la última boda entre españoles en Villa Cisneros fue la del hijo de Gregorio, Manuel Mesa. Su matrimonio con María Victoria está recogido en el Tomo 2, folio 80, número 105.
"Cuando nos casamos el ambiente ya estaba muy rarito. Tanto que nos casamos con dos policías en la puerta", recuerda Manuel. La retirada de las tropas españolas conforme avanzaba la Marcha Verde y el desalojo de los españoles residentes en el Sahara occidental les pilló a Manuel y a Victoria en plena luna de miel en Tenerife. "Nuestra boda fue el 30 de octubre y las evacuaciones comenzaron el 2 de noviembre. Aún así, yo regresé al Sahara. Sólo quedábamos allí mi hermana Gertrudis, su marido y yo".
La vinculación de esta familia con el Sahara abarca varias generaciones. El abuelo de Gregorio y bisabuelo de Manuel, lanzaroteño, ya mantenía contactos con esa orilla vecina y el padre de Rafaela pescaba en el rico banco sahariano. Gregorio y Rafaela se asentaron en Villa Cisneros y allí nacieron sus siete hijos.
Manuel Mesa compartió pupitre con el actual delegado del Frente Polisario en Tenerife, Hamdi Mansur. Afirma que la vida era dura pero también muy tranquila. "Nos conocíamos todos. Cuando era el cumpleaños de alguno, ya fuese español o saharaui, lo celebrábamos como hermanos". Con el tiempo, Manuel se hizo carpintero de la Unidad del Mar del Gobierno General del Sahara. "La sociedad era muy simple. Estaba compuesta por tres estratos: los militares, los civiles y los saharauis", explica. "Y entre los saharauis estaban los que vivían bien y los que vivían mal".
Aunque hubo un brote independentista en los años 50, cuando comenzó la descolonización de territorios limítrofes, como Marruecos, Manuel Mesa asegura que apenas tuvo repercusión.
"Fue en los años 70, tras formarse el Frente Polisario, cuando la situación se volvió algo más tensa. Sin embargo, la mayoría de los saharauis sentían aprecio por Franco porque les consentía lo que no consentía en Cataluña o el País Vasco, es decir, los saharauis podían hablar en hasanía; se respetaba su religión musulmana y sus costumbres y tradiciones. Los gobernadores se entendían con los jefes locales. No se veía enfrentamiento entre ellos y los españoles, más bien al contrario".
Gregorio regresó a Canarias en los años 70. Sólo volvió al Sahara para la boda de su hijo Manuel. A pesar de que el ambiente se enrarecía por días, conforme agonizaba Franco, todos los Mesa coinciden en que la Marcha Verde y el repliegue de las tropas españolas les pilló por sorpresa, incluso a los propios militares.
Gertrudis Mesa también tiene recuerdos entrañables de su infancia en Villa Cisneros. "Era muy gracioso ir a clase. De repente algún compañero saharaui desaparecía y era porque se había ido al desierto. Regresaba al cabo de un mes y se incorporaba a la escuela como si tal cosa. La convivencia era muy pacífica", sostiene.
El marido de Gertrudis aguantó en el Sahara hasta 1976. Ahora viven en Tenerife y aunque están convencidos de que no volverían a residir en el Sahara, mantienen los lazos de amistad con los que fueron sus amigos de niñez. Los que quedan vivos.
Tanto es así, que Gertrudis es la coordinadora de la asociación Amigos de Villa Cisneros, que se ocupa de llevar medicinas y algunos artículos de básicos "tanto para los saharauis como para los marroquíes. No hacemos distinción entre las necesidades de unos o de otros", enfatiza.
Manuel tampoco tiene pensado regresar, pero vive de cerca cuanto acontece en esa tierra y mantiene viva su segunda lengua, el hasanía.