DANIEL MILLET
Esas gastroenteritis que uno no se explica de dónde vienen están muchas veces generadas por el contacto con agua de mar o dulce contaminada por la actividad humana. Los estudios científicos cada más avanzados sobre los efectos en la salud humana y medioambiental de los vertidos de aguas residuales plantean una interrogante: ¿Están las infraestructuras y las legislaciones a la altura de las nuevas afecciones, algunas muy graves, detectadas por los investigadores? Los planificadores de todas las redes de saneamiento defienden que "la vida misma es el principal depurador".
Pero, los científicos tildan de "pragmática" esa visión y precisan que ni el mar ni las infraestructuras en tierra lo depuran todo, ni los océanos tienen tanto volumen como para absorber semejante cantidad de sustancias tóxicas que le llegan a través de los vertidos de aguas residuales, los vertidos en los cauces fluviales y la misma atmósfera, que devuelve y recoge todo lo que toma en un ciclo que se lleva repitiendo hace millones de años.
Varios equipos de investigación de la Universidad de La Laguna (ULL) conocen bien esta amenaza invisible, que se cuela por los métodos de depuración y se multiplica en los vertidos directos al litoral o al subsuelo. Por un lado, el Servicio de Medio Ambiente, dirigido por el catedrático de Química Analítica, Venerando González; y por otro, el Instituto de Enfermedades Tropicales, liderado por el profesor de la facultad de Farmacia, Basilio Valladares. Primero habría que empezar a hablar de microorganismos como las bacterias, virus, hongos y parásitos procedentes de los reservorios humanos o animales, de origen fecal o asociados a la presencia de animales que viven en el entorno (ratas, insectos, gaviotas) o a objetos contaminados (jeringas, preservativos, compresas, apósitos, etc.). Lo peor viene con los virus, como expone un trabajo del Instituto de Enfermedades Tropicales de la ULL. Son parásitos intracelulares que sólo son capaces de multiplicarse dentro de una célula huésped y cuya relación de patologías en los seres humanos es extensa: gastroenteritis, infección respiratoria aguda, faringitis, neumonía, conjuntivitis, cistitis, hepatitis, diarrea severa o meningitis.
Venerando González añade otra fuente de riesgo para la salud humana, en pleno proceso de investigación y que procede tanto de los vertidos de aguas residuales como de los que generan las industrias. Se trata de los contaminantes persistentes, bioacumulables y con gran capacidad de intoxicar a los seres humanos y al medio natural. En esta lista estarían los metales (mercurio, plomo, cadmio, zinc) y los químicos orgánicos: plastificantes, retardantes, limpiadores, plaguicidas, aditivos y auxiliares en aplicaciones industriales. Todas estos tóxicos están causando estragos cuando entran en la cadena trófica. El catedrático de Química Aplicada cita el caso del mercurio: "El placton retiene el metal, la sardina se come al placton, el atún se come a la sardina y nosotros nos comemos las sardinas y el atún. Los humanos llegan cuando el proceso ha llegado a su máximo punto acumulativo".
En los últimos años, se han multiplicado los estudios para precisar qué daños causan estos contaminantes, que afectan hasta en dosis ínfimas. "El problema es que hasta que se concluyan las investigaciones, la comunidad científica lo termine de aceptar del todo y, lo fundamental, los gobiernos lo asuman y lo traduzcan en medidas concretas, pueden pasar decenas de años", puntualiza Venerando González. Las patologías ya descritas son mucho más graves que las de los virus: cáncer, desórdenes neuronales, alteraciones en el sistema inmune, deficiencias reproductivas, reducción del periodo de lactancia, diabetes, malformaciones... "Algunos de estos contaminantes ni siquiera atacan nuestro organismo como nosotros creíamos hasta hace relativamente poco tiempo. Actúan a nivel hormonal", señala el catedrático, para añadir: "Cuando se habla de que están aumentando alarmantemente los casos de cáncer de próstata o de cáncer de mama, algunos investigadores ya lo asocian abiertamente a este tipo de contaminantes".
Ni siquiera las depuradoras más avanzadas son capaces de acabar con muchas de estas sustancias y el mar, que se cree que puede con todo, tampoco tiene suficientes armas. Son años y años recibiendo millones y millones de litros de aguas infectadas. Y un vertido de un retrete de Noruega puede terminar ocasionando una diarrea en Tenerife. El ciclo de la vida, que gira y gira.
AMENAZA A LA BIODIVERSIDAD MARINA
El mayor daño medioambiental de los vertidos de aguas residuales se produce en las aguas y los fondos de la plataforma continental, que representan un 7,6% de la superficie de los mares del mundo pero que son la zona más rica en biodiversidad por la luz solar. Es en esta área donde se concentra la mayoría de los recursos, incluyendo el 87% de las aportaciones totales a la pesca y la totalidad de la producción marisquera. Hay que tener en cuenta que más de la mitad de la población mundial se concentra a menos de 50 kilómetros de la costa, valores muy superiores en aquellos puntos dedicados al turismo, como es el caso de Canarias. Aquí se produce un doble inconveniente: las Islas viven del turismo, pero esa gigante actividad humana degrada un litoral que puede terminar con expulsar a esos mismos turistas por el deterioro, evidente a simple vista en muchos puntos de la costa. Entre los procesos está la llamada eutrofización, la forma más extendida de afección marina: sobreabundancia de sustancias nutritivas en el agua que multiplican las algas y otras especies invasoras. Luego está la contaminación química o la bacteriológica. Los submarinistas son los que mejor conocen las consecuencias, sobre todo en aquellas zonas más expuestas a los vertidos: descenso de especies de flora y fauna y empobrecimiento general de un suelo marino que se va desertizando.
ECOLOGISMO COMBATIVO
La última iniciativa de uno de los colectivos verdes más activos de Canarias, la Federación Ecologista Ben Magec, demuestra que el grado de compromiso de estos activistas del medio ambiente es cada vez mayor . De hecho, son una pieza esencial para cubrir los enormes vacíos en un control y vigilancia que, como ocurre con el caso de las aguas residuales, muchas veces depende únicamente de las propias denuncias que puedan hacer los ciudadanos, a falta de entidades públicas sólidas, con medios y verdaderamente respaldadas.
Ben Magec denunció el pasado 25 de octubre ante la Agencia de Protección del Medio Urbano y Natural a cada uno de los 17 ayuntamientos tinerfeños que, según su investigación, no se han adaptado a las exigencias comunitarias en el saneamiento de las aguas residuales y, por tanto, incumplen la Ley. En el pliego de alegaciones, Ben Magec enumera con todo lujo de detalles (obtenidos de estadísticas e informes oficiales) las infracciones de cada uno de los siguientes municipios: Arafo, Arona, Candelaria, La Guancha, Güímar, Icod, La Matanza, La Orotava, Puerto de la Cruz, Los Realejos, El Rosario, Santa Úrsula, El Sauzal, Los Silos, Tacoronte, El Tanque y La Victoria. La mayor parte es por la misma razón: las exigencias de tratamiento de residuos líquidos según la población de cada núcleo no se han cumplido, ni siquiera en muchos casos con la instalación de los colectores. Y eso pese a que,según ellos, la directiva que rige esta materia dejó claro ya desde 1991, y después desde su revisión en 1998, que todos los municipios tenían hasta 2005 para adaptar sus redes a las nuevas obligaciones.
No serán los únicos ayuntamientos en ser denunciados por Ben Magec. Hay otros dos, Santa Cruz y San Juan de la Rambla, contra los que estudia adoptar medidas similares, en el segundo caso pues se proyecta un emisario para el Norte que cruzará justo el único Lugar de Interés Comunitario de la zona. Tampoco Ben Magec es la única organización que emplea su derecho a protestar. ATAN ya había presentado una denuncia ante el Seprona por los vertidos diarios en la zona del Palmétum, de la capital tinerfeña, que ha originado una investigación de la Fiscalía de Medio Ambiente.