JUAN LUIS CALERO
Me consta que son muchos los canarios que viven en Madrid y que buscan a través de la red un humor que aparezca como original , innovador, sin dirigismos, que no sea hijo de la improvisación más descarada. Y me consta , digo, que ese humor es el humor de El Supositorio. Porque posee diversos efectos terapéuticos, es terapéutico para el individuo y para la sociedad en su conjunto. El humor de El Supositorio cumple con la función que Henri Bergson atribuye a la risa; la risa se produce cuando detectamos un lugar , una situación , un aspecto de la realidad que hay que arreglar porque sobresale ante el humorista despierto. El Supositorio sigue consiguiendo adeptos en Internet. No sé si ahora tienen algún programa en la tele, lo merecen, a mi modesto entender. Si no es así tampoco importa porque Internet tiene cosas buenas y malas y , entre las buenas, destaca su papel como plaza pública donde se ventilan al sol ideas y gestos en pantalla que tienen más calidad que lo que se ve en las cadenas adocenadas, guiadas por la decadente obsesión de las audiencias que ya tiene los días contados, para escarnio de los mediocres que se amparan en los datos estadísticos para dirigir lo que no saben arropados por el egocentrismo y la ignorancia. Los guiones de El Supositorio están pegados a la realidad de Canarias y, al mismo tiempo, pueden entenderse más allá de la barrera lingüística a pesar de nuestros giros tan isleños. El Supositorio no copia chistes de otros humoristas ni le da la vuelta a las historias que otros monologuistas cuentan en otros escenarios. El Supositorio como el director de cine Jacques Tati , sólo tiene que elevar la mirada para captar una interminable fuente de inspiración para sus trabajos. El Supositorio se ríe y no hiere, critica y no pierden el humor como ejercicio de modestia. El Supositorio no hace un humor gregario, inspirado en los programas de televisión, que se repite como mandado por un guionista que impone la misma muletilla , la misma frase ritual, deja que el espectador vaya por dónde quiera. Es de agradecer la mirada irónica que posan en personajes como el director de un gimnasio, en el vídeo un musculoso monitor se aconseja de forma compulsiva el cuidado de la dieta para mantener el físico en lo más alto. El supositorio se ríe del culto al cuerpo como único fin de la vida, porque es un culto que caduca cada día por el paso del tiempo, que siembra en el rostro las arrugas indeseables queramos o no queramos. Porque el mundo viene así, según me dijo mi tía Encarna la majorera. En la certera parodia que retrata un supuesto programa con el nombre de En forma con Güistrol, te ríes aunque no quieras porque el bienestar físico es un bienestar efímero siempre, que contrasta con la agitada mente , que es la que hay que cuidar, y que siempre está poblada de imágenes, de frases viejas, de enfados por resolver, de tristezas sin origen; y este tráfico de pensamientos puede desbocarse como un buey y entrar de narices en una espiral ansiosa que termina en cuatro arepas con guasacaca y un litro de refresco. El Supositorio pone en Internet, también, la vida y la jerga de algunos grupos que ven en la chuletada de fin de semana y en el modo de vida macarra el no va más; hacen una sutil crítica de los raperos que echan mano de lo sensiblero y de la rima fácil, de la patria canaria y de el rollo de lo nuestro, de los versos sin sentido y les recomienda, al final, que antes de atreverse a tejer versos, vayan a sacarse el graduado escolar que es fácil y siempre ayuda.