FERNANDO DELGADO
Ahora, si tienes dos añitos y un papá rico, y tus papás se mandan a freír espárragos el uno al otro, no tiene por qué pasarte lo que antes sucedía, que de tocarte vivir con el más pobre de tus progenitores pasabas a ser un niño pobre; ahora, no. Ahora tendrías la suerte que tiene un niño sevillano de papá con posibles, pero que se ha separado de su madre, menos rica, y ha encontrado en los tribunales a un ángel de la guarda, dispuesto a desplegar sus alas protectoras sobre el niño. No sólo ahora, también en el futuro. Y es que el ángel es tan previsor que quiere que el niño viva con la mamá pobre igual que con el rácano del papá rico, que sólo intentaba pasarle 300 euros al mes, por si de mayor, a la hora de decidirse a vivir con el uno o con el otro, por "puro y libertino capricho" la criatura se va con el rico, porque es de esperar que el niño, piensa el ángel, no sea tonto, y de no serlo es posible que su egoísmo, teme el ángel, supere sus vinculaciones afectivas. Y tanto extrema su celo el ángel que no sólo exige para el niño una vivienda digna, que al fin y al cabo debería tenerla cualquier pobre, sino la ropa cara que no te garantiza cualquier ángel; además de una educación privada, que debe tener él a la pública por detestable y por una verdadera ordinariez acudir a sus aulas. Pero privada y bilingüe, por supuesto, que no han de faltarle lenguas al niño para defenderse en la vida. Y en caso de que la vida se le debilitara, que todo puede ser y hay que tenerlo previsto, que no venga un médico de la sanidad pública a poner sus inexpertas manos sobre el niño: la atención sanitaria que precise ha de ser privada, que es la que debe tener el ángel en mayor estima. El ángel podía ser un extraño sociólogo de nuestro tiempo, un psicólogo de ricos, un justiciero algo elitista o un hombre dado a las bromas. Pero no, el ángel de la guarda del niño sevillano es el juez Francisco Serrano, verdadero autor de una sentencia enormemente creativa que recoge todas esas condiciones angélicas para el niño afortunado.
Y APARTE. No es extraño que se quejen los jueces de falta de medios, ni que una juez haya sido sancionada la pasada semana por tardar años en dictar sentencias, con el consiguiente perjuicio para algunos afectados. Cuando uno se enfrenta a sentencias tan originales como la ya señalada o a la de un juez que en Granada ha condenado al poeta Luis García Montero por injurias a un profesor, supuestamente perturbado, es evidente que se necesita tiempo para ser creativos en las sentencias; la del granadino, todo un ensayo literario. Pero al fin y al cabo el cultivo del imaginario del juez sevillano para aventurar el futuro del niño podrá fastidiar al papá rico, que por muy rico que sea va a salirle el niño por una fortuna, pero no bucea en la historia de la literatura para justificar que está en su juicio el que tiene por fascista a Federico García Lorca, y lo proclama en su clase, dando origen a que a García Montero se le ocurra decir que es un perturbado y que a quienes lo leamos nos parezca que no es impreciso. Un juez que como este cita entre los clásicos a "López" de Vega (sic) no se toma un trabajo tan arduo si no cree que merece la pena ser el ángel de la guarda de quien alega barbaridades en clase. Con jueces tan geniales no habrá medios que basten para una justicia más moderna.