EUROPA PRESS
Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills empezaron la actuación, que tuvo lugar en la Plaza de Toros de la capital del Segura, como se esperaba, con 'Living well is the best Revenge', que da principio a su último disco. Sin embargo, como suele ocurrir con el trío de Athens (Georgia), las canciones se sucedieron después de una manera de lo más insospechada.
Hubo tiempo para más de sus temas de 'Accelerate', como 'Man-Sized Wreath', 'Hollow Man', 'I'm gonna DJ' y 'Horse to Water', con un Stipe bailón que no llegó a quitarse más que la gorra y la chaqueta y la corbata del traje que llevaba, pero no la camisa, como sí ha hecho otras veces.
También fueron abundantes los cambios de registro, al revisitar el grupo 'Driver 8', 'Country Feedback', y 'Sweetness Follows'. Asimismo, resultó curioso el tono intimista, casi de combo callejero de indios de los Andes, que Stipe y la banda dieron a 'Let me in'.
A lo largo de los 110 minutos de actuación, REM se marcaron dos guiños simpáticos. Uno permitió al bajista Mike Mills, gorro de vaquero en ristre, recordar 'Don't go back to Rockville', con su voz aniñada. El otro consistió en la felicitación al batería que acompaña al grupo por su cumpleaños, con Michael Stipe repartiendo besos y tarta entre toda la banda, mientras el público cantaba el 'Happy Birthday'.
Ese pequeño paréntesis consiguió ganar para el grupo a una audiencia que dio lo mejor de sí misma cuando tocó seguidos 'Bad Day' e 'Imitation of Life' y cuando, tras más de una hora ininterrumpida de actuación, ya en el bis, cayeron 'Supernatural Superserious', la inevitable 'Losing my Religión' y, como colofón, 'It's the End of the world as we know i't.