FERNANDO DELGADO
Los segregacionistas no son otra cosa que separatistas. Pero, a pesar de que ni el segregacionismo ni el separatismo son del gusto de los dos grandes partidos españoles, tanto los populares como los socialistas se muestran capaces de gobernar con separatistas si se tercia. Y si los unos y los otros se dejan echar una mano por los independentistas en el ámbito nacional, y gobiernan con ellos si es preciso en una Autonomía, nada de particular tiene que partan un piñón con segregacionistas de patria chica, es decir, con separatistas municipales. Este es el caso reciente del PP en Sagunto al establecer en la oscuridad de agosto un acuerdo de gobierno con los segregacionistas de Puerto de Sagunto, cuyo pilar ideológico era hasta ahora desgajar el territorio del Puerto del Ayuntamiento de la ciudad histórica a la que pertenece. Puede que extrañe que el PP se una a cualquier separatista, por muy municipal que sea, pero más extraño resulta que los segregacionistas saguntinos retiren la segregación que les ha dado vida, sentido y corazón de sus objetivos de gobierno. Lo llamativo no es que lo hagan para gobernar con un partido de derechas, porque nadie ha dicho que se trate de separatistas de izquierdas, sino el abandono de la segregación, que era su oxígeno. Tal vez la opción de poder les ha hecho entrar en razón, en el caso de que no la tuvieran, pero no cabe ignorar el mérito del PP al haber conseguido convencerlos, a favor del Sagunto Uno, parte entera de la España indivisible. De la parte de la España que se rompía ya han salvado al menos a Sagunto y, por lo visto, los separatistas han dejado para el PP de proceder del infierno.
Y APARTE.- No es Sagunto la única ciudad histórica amenazada por el separatismo municipal. También el Real Sitio de Aranjuez vive ahora bajo la amenaza de que su Real Cortijo de San Isidro, una pedanía, se le emancipe. Pero en el Real Cortijo se han dado pasos más provocadores que en Puerto de Sagunto: se han atrevido a hacerse su propio escudo y su exclusiva bandera municipal. Eso diferencia a los segregacionistas saguntinos de los madrileños. Pero lo que no los diferencia es que ambos aleguen abandono por parte de sus ayuntamientos correspondientes: los saguntinos para tomar las riendas del Ayuntamiento existente y los del Cortijo para conseguir su Ayuntamiento deseado. La queja, motor estratégico de cualquier segregacionista, vincula a los de Puerto de Sagunto y a los del Cortijo de San Isidro a una urbanización madrileña, El Practicante, que también se queja y quiere independizarse de Camarma de Esteruelas porque Camarga nos le hace caso. Bien es verdad que ni Puerto de Sagunto ni el Cortijo de San Isidro son localidades construidas en terreno rústico, y sin plan urbanístico que las reconozca, como El Practicante, que aspira a la independencia desde la ilegalidad. Pero los segregacionistas de las tres pedanías ambicionan poseer su propia concejalía de urbanismo, que en los tiempos que corre es una concejalía ideológica, más apegada al metro cuadrado que al suelo patrio. Al menos en el caso madrileño. En el saguntino, el PP se ha reservado la sagrada concejalía del territorio y le ha dado a los separatistas la gestión de las playas, que es lo que les queda más cerca del Puerto.