20 de marzo de 2017
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Músculo, corazón y alma

Manuel Galbán celebra el primer año del Centro de Adelgazamiento y Entrenamiento Funcional Manufit con una filosofía de salud integral

20.03.2017 | 04:00
Músculo, corazón y alma

Manuel Galbán tiene 49 años y es natural de Caracas. Llegó a Tenerife de vacaciones en 2003 porque había oído hablar mucho de las Islas en Venezuela. Para ese viaje tenía un permiso de estancia de tres meses, pero al poco de llegar, según cuenta, le propusieron un empleo, que aceptó, y ya no se marcharía más a su país tras conseguir los permisos de residencia. "La situación política en Venezuela, con Hugo Chaves de presidente, era muy complicada y se me hacía difícil regresar", recuerda este hombre que ha hecho del deporte su filosofía y modo de vida, a pesar de que cuando comenzó a practicarlo en su Caracas natal a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 del siglo pasado, se lo tomaba como una afición más.

Galbán había empezado con el Judo, pero lo dejó siendo aún un adolescente. No obstante, ese abandono no supondría dejar de lado la actividad deportiva: hacía mountain bike, skate y surf, por puro disfrute hasta que un buen día decidió retomar sus clases de Judo. Al llegar al gimnasio, su sensei (maestro) le dijo que debía ganar peso para seguir entrenando. Manuel Galbán había crecido en altura, pero le faltaba musculatura. Siguió el consejo de su entrenador y comenzó a hacer pesas, lo que acabó por modificar su físico. A Manuel le gustó aquel nuevo aspecto con el que su cuerpo se iba modelando, por lo que siguió en el gimnasio haciendo rutinas de lunes a viernes, guardando los fines de semana para practicar deporte al aire libre, sobre todo montar en bicicleta. Realizó cursos de nutrición y aprendió a utilizar las cualidades de los alimentos para optimizar su rendimiento deportivo. Pese a a ocupar gran parte de su tiempo con toda esta actividad, jamás pensó que el deporte se iba a convertir en la profesión con la que, con los años, acabaría ganándose la vida. "Era algo que siempre tomé como un hobby, como una afición. Jamás pensé que podría dedicarme profesionalmente como entrenador, pero así ha sido", revela Galbán.

Quizás nunca pensó que su dedicación al deporte podría suponerle una salida profesional porque, como él mismo apunta, "en Venezuela siempre ha existido, de toda la vida, un culto al cuerpo tremendo; todas las personas que conocía, todos mis amigos, estaban activados con algo, cuando no era la natación, era el volley-playa, la bicicleta, las artes marciales", recuerda Galbán.

Un hito en su biografía

A mediados de la década de los noventa del siglo pasado, hay un hito en la biografía de Manuel Galbán que parece cambiarlo todo: el surgimiento del spinning y la llegada a Venezuela de su creador, Johnathan Goldberg, alias Johnny G., un ciclista norteamericano que inventó las bicicletas spinner. Fue en 1995 cuando Johnny G. arribó a Caracas buscando a jóvenes con experiencia en distintas disciplinas deportivas para introducir el spinning en el país. Galbán recuerda que participaron en una prueba de selección más de 300 personas montadas en bicicleta estática. Al final, Manuel Galbán fue escogido por el equipo de Johnny G. para poder impartir clases de spinning como monitores oficiales. "Fue una locura porque el equipo que fue seleccionado no daba abasto a la cantidad de ofertas que salían para dar clases de esta nueva modalidad en los gimnasios", asevera Galbán. "Fue una época espléndida, los gimnasios nos reclamaban con ofertas de salarios impresionantes, aunque yo seguía estudiando en la universidad Administración de Empresas Turísticas y tenía un trabajo digamos que oficial, porque el spinning lo veía como una afición, un hobby", incide.

La crisis económica en Venezuela, el paro, la llegada de Hugo Chaves al poder hicieron que Manuel Galbán se planteara salir de su país ante aquella precaria situación, pero no tenía las cosas claras aún. Tras viajar a Tenerife como turista, asegura, parecía que la Isla le había reservado una sorpresa. "El spinning, que había comenzado a decaer en Venezuela, estaba en pleno auge en la Isla; creo que fue una señal", sostiene. Añade que realizó una prueba en el gimnasio Atlántico y fue contratado como monitor de spinning, trabajando en ese centro durante cinco años". "Mi título universitario lo dejé apalancado, ni siquiera lo homologué", destaca.

Galbán insiste en que "fue una tremenda casualidad que mi hobby se convirtiera en una herramienta de trabajo, que por suerte y gracias a ella, pude quedarme en Tenerife, donde me casé y he tenido hijos. Gracias al deporte he podido formar mi familia en Canarias", comenta.

Después de trabajar como monitor o instructor de diferentes disciplinas deportivas en los gimnasios más importantes de la Isla, Manuel Galbán dio el paso que venía barruntando desde hacía cierto tiempo para convertir sus conocimientos deportivos y de nutrición en una nueva manera de gestionar un centro deportivo. Por fin iba a hacer las cosas como había querido realizarlas tiempo atrás y así abrió el Centro de Adelgazamiento y Entrenamiento Funcional, Manufit, en la calle San Francisco, número 60, de Santa Cruz de Tenerife. Manuel Galbán arriesgó y luchó por lograr su objetivo, y el pasado miércoles día 15 celebró el primer año de la apertura del gimnasio, que se basa en un modelo de atención y monitorización personalizada. Así, en su centro deportivo los clientes asisten a programas de entrenamiento con un máximo de tres personas por clase.

Galbán asegura que "los clientes no solo buscan en el gimnasio una atención personalizada, un entrenador personal que trabaje unas rutinas durante un tiempo determinado y unos días a la semana; muchos vienen al gimnasio como excusa para sentirse mejor, cada uno tiene un objetivo distinto aunque el elemento común sea estar en forma. Hay personas que quieren ponerse en forma, pero sobre todo quieren que el tiempo que estén en el gimnasio sea un tiempo de distracción, de evasión; hay otros que vienen con el objetivo de adelgazar o de subir masa muscular, pero precisan de la compañía de un entrenador personal porque si no se aburren y se van; otros reclaman un horario fijo en medio de su jornada laboral, un compromiso que les funciona como válvula de escape", explica Galbán quien remarca que en su centro deportivo se atienden todas estas casuísticas, "todas las necesidades del cliente, que es lo que creo que falta en otros gimnasios". "Más que la figura del entrenador personal, hay un trabajo de asesoramiento, de acompañamiento, para que cada persona pueda cumplir con los objetivos que se marca y no caiga en el desánimo o el fracaso", señala.

Rutinas con aparatos

En el Centro de Adelgazamiento y Entrenamiento Funcional, Manufit, hay rutinas con aparatos en los que el cliente ni siquiera tiene que bajarse de él para hacer toda una serie de ejercicios que trabajan sobre distintas partes del cuerpo. Manuel Galbán o sus colaboradores ajustan poleas, pesas y otros elementos de la máquina mientras el cliente descansa entre una serie y otra sin necesidad de ir en busca de otro aparato. Pero también este centro está especializado en entrenamientos funcionales para fortalecer determinados músculos del cuerpo relacionados con la actividad diaria de cada persona, poniendo en marcha diferentes circuitos con distintos niveles de dureza, según el perfil de cada persona, pero sobre todo pensando en lograr las metas que quiere cada uno en el menor tiempo posible. Asegura que "es importante fijarse metas a corto plazo e ir subiendo el nivel poco a poco porque los objetivos a largo plazo pueden acabar aburriendo al cliente, desanimándolo y finalmente llegar a hacer que abandono". "Por ello, aunque el objetivo final sea ambicioso y largo, debemos impulsar un sistema de logros a corto plazo e ir escalando en la tarea hasta conseguir la meta. Es algo que trabajo no solo en el plano de las máquinas y los ejercicios físicos, también desde el plano psicológico, que es muy importante", concluye.

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