04 de diciembre de 2016
Rincones con encanto

Bullicio alrededor de La Paz

La plaza fue bautizada así para festejar el fin de la Primera Guerra Mundial y se renovó en 1957 con una bella fuente y luces que sirvieron, hasta 2007, para festejar los triunfos del CD Tenerife

04.12.2016 | 04:00
Bullicio alrededor de La Paz
Bullicio alrededor de La Paz

Puede que resulte extraño llamar a un lugar La Paz y ser a la vez uno de los puntos neurálgicos más bulliciosos de la ciudad por donde pasan miles de vehículos todos los días y, cada pocos minutos, tranvías más o menos llenos de pasajeros que se deslizan por unas vías férreas que cruzan en ambos sentidos la Rambla de Santa Cruz. Hoy, esos raíles de acero, postes y catenarias pertenecen, por derecho propio, a la estampa viva de un Santa Cruz que no quiere detenerse en ninguna parada que la aparte de su destino de modernidad. Pero no hace ni una década aún, que por donde hoy se hunden los hierros en el cemento por el que se deslizan los trenes ligeros de Metropolitano, se levantaba una emblemática fuente de planta redonda que hacía las funciones de glorieta y que llegó a ser la primera fontana iluminada de toda Canarias. La fuente se inauguró en 1957 y, un año más tarde, se acabó toda la instalación eléctrica con sus focos, viniendo a cambiarle la cara al antiguo cruce al que los chicharreros llamaron durante muchos años Cuatro Caminos.

Los focos proyectaban sus luces de colores sobre los chorros de agua que salían disparados hacia arriba por unos surtidores, la refracción de la luz en el líquido elemento permitía que se colorearan, aunque fuera de forma tenue, las fachadas de los edificios de las cuatro esquinas que abrigan este enclave chicharrero.

Pero si este bullicioso espacio lleva por nombre La Paz, se debe a la propuesta que hizo en 1918 el entonces alcalde Esteban Mandillo Tejera, con motivo de la finalización de la llamada Gran Guerra, el primer conflicto mundial entre las potencias de principios del siglo XX. Lo que había entonces allí era una plazoleta con cuatro bancos y un torreón central eléctrico.

Hoy, la fuente pertenece al pasado de la ciudad, al recuerdo de quienes pasaron por allí e incluso de quienes llegaron a meterse en ella para acabar enchumbados en una fiesta colectiva blanquiazul con la que se celebraban siempre el último ascenso a Primera División conseguido por el CD Tenerife, un pase de ronda en la antigua competición de la Copa UEFA o cuando uno de los grandes de la División de Oro salía escaldado del césped del Heliodoro Rodríguez López. Pero esas fiestas parecen quedar lejos ya de la memoria de los hinchas, ya que el último ascenso a Primera División del Tete que celebrarían en la fuente de La Paz se produjo al término de la temporada 2000-2001.

En 2007 parece que no quedaba otra posibilidad o, al menos, no había otra solución para los arquitectos que plasmaron en sus planos el recorrido del que sería entonces el futuro tranvía y que hoy conecta Santa Cruz con La Laguna. Así, hubo que derribar la antigua y querida fuente. Para no olvidarla del todo, y ante la oposición de una buena parte de la ciudadanía chicharrera que incluso llegó a conformar un colectivo para salvarla de la demolición, se ideó construir otra fuente, también circular aunque ya no ocupando el centro del lugar, sino a un lado, pegada al tramo de la Rambla que va hacia la Plaza de Toros. De proporciones diminutas si se compara con la que antaño presidía este lugar, tampoco le ha favorecido que la apartaran del epicentro viario. No obstante, al menos, unos focos de colores iluminan también el agua cuando llega la noche. La fuente se quedó chica también para celebraciones, así que en 2009, cuando el representativo insular logró de nuevo el ascenso a Primera, la hinchada lo celebró en el enorme estanque de la Plaza España, inaugurado solo un año antes.

Quedarse un rato mirando para la actual Plaza La Paz mientras se recuerda aquella otra, la antigua fuente que ocupaba el centro de una rotonda ajardinada que se salpicaba de plantas y flores de temporada dispuestas a modo de figuras geométricas, me devuelve a aquellos tiempos en los que guardaba cola para entrar a ver un estreno cinematográfico en el Cine Víctor.

Con el ticket de entrada en una mano y un cucurucho de galleta rebosante del más rico helado de limón que haya probado jamás porque solo lo sabían hacer así los artesanos de la Heladería Marpi, o si quería algo más dulce, un corte helado de piña con nata o con helado de vainilla... La mirada clavada en los inmensos carteles que colgaban de la fachada y de los laterales de las puertas del cine y que los pintaba un artista en exclusiva que interpretaba a los protagonistas del film en alguna escena de la película. A veces no se sabía muy bien qué actor o actriz aparecía en los dibujos, pero era parte del encanto de este cine de una única sala que hoy sigue abierto, después de dos cierres. Para muchos sigue siendo el mejor cine de la ciudad, por su acústica y distribución del patio de butacas.

Pero de pronto uno despierta de esos recuerdos cuando un tranvía cruza la Rambla de Santa Cruz desde la Rambla Pulido subiendo hacia la Avenida Islas Canarias para perderse allá arriba, justo antes de girar a la izquierda para encontrarse con el puente Zurita. Apenas un instante después de desaparecer de la vista ese tren eléctrico y multicolor que va ya de camino a La Laguna, aparece otro serpenteante metro ligero sobre las vías, pero este se desplaza calle abajo para cruzar de nuevo La Paz en sentido contrario y detenerse en la cercana parada antes de continuar su camino hacia la Plaza Weyler.

Siempre ha sido un lugar concurrido, ya sea por el tránsito de vehículos o de viandantes paseando de un lado a otro. Pero el Cine Víctor no fue el único que hubo en la zona. En apenas unos pocos cientos de metros cuadrados llegaron a funcionar cuatro salas más: Price, Cinema, Victoria, Baudet y La Paz. Solo continúa abierto el cine Víctor.

Otro emblemático negocio de la zona es el Bar Imperial, que abrió sus puertas en 1953, aunque sus actuales propietarios lo adquirieron en 1961. Sus bocadillos de pollo son famosos y sus barraquitos también. Aunque la maquinaria es moderna, sus propietarios han querido que conserve gran parte del encanto que tenía cuando se abrió, por lo que apenas ha variado el diseño de su barra y su distribución.

Otro establecimiento emblemático y muy querido por los santacruceros durante 80 años fue el Quiosco La Paz, que a finales de septiembre cerró sus puertas al jubilarse su propietaria y no subrogar ninguna empresa la concesión. No obstante, no son pocos los vecinos que confían en ver pronto abierto esta singular cafetería al aire libre.

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