Quién es quién en el callejero

El 'perro guardián' de Canarias

El periodista y político Patricio Estévanez y Murphy marcó un antes y un después en las Islas a través de las numersosas publicaciones que fundó y dirigió

21.08.2016 | 00:30
El 'perro guardián' de Canarias

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simple- mente fueron vecinos humildes que por su generosidad me- recieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una ca- lle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Patricio Estévanez, aclamado periodista y político canario que dio un salto de calidad al mercado de la prensa escrita en el archipiélago.

En un pequeño rincón del callejero santacrucero se encuentra el nombre de Patricio Estévanez y Murphy, icono periodístico del archipiélago entre 1850 y 1926. Situada en la Plaza Isabel II, en el lado opuesto a la Calle San Vicente Ferrer, más que una vía al uso se trata de una pequeña porción de esta. Dotada de escasa longitud, delimita con la calle La Marina, en la esquina más cercana al mar, y con la calle San Francisco, en el lado opuesto. Abarcando únicamente los números situados en el lado par de la plaza, a la derecha de la Fuente de Pila.

Aún así, el papel que tuvo el periodista en el desarrollo de la España de su tiempo difícilmente puede resumirse en pocas palabras. Quizás una de las mejores maneras de hacerlo es a través del título póstumo que acuñó la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife (APT) para referirse a él, calificándolo como "el patriarca de la prensa insular".

Republicano federalista convencido, vivió de cerca las convulsiones de un tiempo que resquebrajaba la identidad nacional para dar lugar al binomio ideológico más tarde conocido como las dos Españas; que sabiamente representó Goya en su obra Duelo a Garrotazos. Hermano menor de Nicolás Estévanez y Murphy, laureado militar y ministro de Guerra durante la I República con Pi y Margall, siempre se mantuvo presente en la vida política de su tiempo. Hasta tal punto que tras el fracaso del primer intento republicano, tuvieron que partir juntos hacia el exilio en Portugal.

Durante los tres años que pasó en el país luso, Patricio Estévanez fundó y dirigió sus primeras publicaciones. Miscelánea Ilustrada, periódico, y La Floresta de la Juventud, revista infantil, sirvieron tanto de ejemplo de la capacidad del periodista como de autoaprendizaje para futuros proyectos. Pero la aventura terminaría con su expulsión del territorio portugués por presiones del Gobierno de España.

Los siguientes destinos en su itinerario fueron Inglaterra y Francia, siendo este último donde recalaría por más tiempo. Allí trabajó como traductor para la Casa Garnier, redactaba crónicas informativas para el periódico El Globo en Madrid y ejercía bajo el título de corresponsal en París para la Revista de Canarias.

No fue hasta 1880 que el menor de los Estévanez y Murphy regresó a Tenerife, debido a una enfermedad del estómago que aceleró el proceso. Un hecho que fue acompañado por las palabras de Elías Zerolo, compañero de profesión con quien había compartido redacción: "Es el canario más canario que he conocido". Comenzaba en aquel entonces el período más fructífero de su carrera.

En el tiempo comprendido entre su vuelta a la Isla y la fecha de su fallecimiento, en 1926, fundó y dirigió numerosas publicaciones. Entre ellas destacan: La Ilustración de Canarias, el Diario de Tenerife o Artes y Letras. Además presidió instituciones de gran calado como la Real Academia de Bellas Artes en Canarias, designación que ahondaba en su firme decisión de ser partícipe en el cuidado y desarrollo del legado cultural del archipiélago.

Sin embargo, su vocación de servicio público no se limitó a hacer las funciones de perro guardián o abanderado de las artes, sino que tuvo un papel propio dentro de la vida política tinerfeña. Primero como concejal del Ayuntamiento de la capital, puesto que abandona para tomar posesión como vicepresidente 2º en el Cabildo Insular de Tenerife. Una institución que siempre defendió por tratarse de uno de los pilares administrativos de las Islas.

Tras su muerte en 1926, Canarias quedó huérfana de una de las voces críticas más respetadas de su tiempo. Tanto fue así que personalidades como Francisco Martínez Viera reconocieron abiertamente la capacidad del periodista para dirigir periódicos del calado del Diario de Tenerife "en la más completa imparcialidad, al margen de todo partidismo".

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