Entrevista

"Almeyda está enterrado en un 30%; habría que mostrar la fortaleza antigua"

"Hay que buscar actividades atractivas que puedan hacerse en el centro aunque no sean museísticas", afirma José Alberto Ruiz de Oña, general de Brigada

21.08.2016 | 05:18
"Almeyda está enterrado en un 30%; habría que mostrar la fortaleza antigua"
José Alberto Ruiz de Oña

"En Tenerife, he vivido el accidente de Los Rodeos y las grandes inundaciones, así que ha sido muy intenso"

"En mi acuartelamiento se montó el mayor campamento de inmigrantes de España, fue muy interesante"

"España es tan rica en patrimonio que no se le da la importancia que merece; en EEUU hacen un hito de todo"

"Es una pena que el plan de reagrupación no se haga en las bases de la Isla; los militares lo queremos "

General de brigada y director del Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias

 

 

El día 31, el general José Alberto Ruiz de Oña cesa en el cargo de director del Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias, ubicado en el antiguo Fuerte de Almeyda. El santanderino de 60 años será sustituido por Fernando González Arteaga a partir del 1 de septiembre. Aunque Ruiz de Oña se trasladará a su ciudad natal, asegura que no dejará de visitar la Isla en la que ha pasado buena parte de su carrera militar. "Aquí conocí a mi mujer, así que nunca he dejado de venir", asegura el general de Artillería, quien recogerá, en octubre, el Premio Tu Santa Cruz 2016, otorgado por la asociación cultural Tu Santa Cruz. Además, recuerda que seguirá sin faltar a la cita anual de las fiestas en honor a Santa Bárbara, patrona de los artilleros, en el municipio tinerfeño de Icod de los Vinos.

Miembro de la Brigada de Paracaidistas, coronel del Regimiento de Artillería de Tenerife y jefe del Acuartelamiento de Los Rodeos de La Laguna, José Alberto Ruiz de Oña, quien fue víctima de los atentados del 11-M en los trenes de Madrid, destaca el gran equipo que existe en la actualidad en el Centro de Historia y Cultura Militar, donde son nueve las personas que se encargan del correcto funcionamiento del espacio. A pocos días de abandonar el despacho que ha ocupado durante los últimos tres años, se va con el buen sabor de boca de saber que el Centro ha vuelto a brillar a lo largo de los últimos tiempos y que su etapa dorada no ha hecho más que comenzar.

¿Cuándo y por qué se decantó la carrera militar?

Mi padre era militar pero yo no tenía claro que fuera a ser militar hasta que acabé la enseñanza obligatoria. Cuando acabé, y como también tenía un hermano militar, me animé. Tenía orientadores y me dijeron que podía hacer lo que quisiera porque también me gustaba la cuestión científica. De hecho, yo pensaba ser ingeniero de telecomunicaciones, como otro hermano, pero al final me decanté por la carrera militar. Estuve 14 años interno durante mis estudios, por lo que a mis padres solo los veía en vacaciones y, quieras o no, cuando terminé, lo que quería era salir y hacer cosas diferentes.

¿Y cómo acabó en Tenerife?

Fui a la Academia Militar de Zaragoza y también estuve en Segovia, dos años en cada sitio. Cuando nos ofrecieron destinos, yo elegí Canarias. Mi hermano había estado aquí y aquel fue mi primer viaje en avión. Llegué a Hoya Fría en 1976, con más de 5.000 reclutas, que casualmente eran mayores que yo, que aún no tenía ni 21 años. Fue muy gratificante aquella época. Desde entonces, he viajado por toda España. Cuando estuve en Tenerife, desgraciadamente me pillaron el accidente de Los Rodeos y las grandes inundaciones, así que fue todo muy intenso. Estando aquí me aficioné al paracaidismo y me uní a la Brigada Paracaidista, que es donde más tiempo he estado, 16 años, aunque no de manera fija. Después estuve en Algeciras, en Jerez, Lérida, Bilbao, en Madrid?

¿Qué recuerdos guarda de sus largos años en la Isla?

Tuve la desgracia de vivir el tema de inmigrantes y en mi acuartelamiento se montó el campamento más grande de inmigrantes de toda España. Nos fue muy bien porque pasaron 26.000 inmigrantes durante un año. Fue una experiencia muy interesante. También me tocó hacer frente a la tormenta Delta en 2005.

Hasta el momento en el que fue nombrado director del Centro de Historia y cultura Militar de Canarias, ¿se había relacionado de alguna forma tan estrecha con la historia y la cultura militar?

He hecho dos máster, uno de Organización y Métodos y otro de Recursos Humanos. Siempre he sido aficionado a la historia y a escribir, aunque no se exige ningún tipo de formación para ocupar este cargo porque, en teoría, yo soy un gestor del Centro. Yo coordino el museo, el archivo y el área cultural y, aunque cualquiera podría ocupar el cargo, sí que se busca un perfil adecuado.

¿Qué balance hace de sus años en el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias?

Ha sido muy positivo. Había ya una labor hecha de los anteriores directores pero mi llegada coincidió con la entrada también de los directores de las diferentes áreas y creo que hemos conseguido un equipo extraordinario. Todos son muy voluntariosos porque aquí lo fundamental es la voluntad. Hay una plantilla muy pequeña y hay que echarle horas y hacer trabajos que no son propios de nuestro puesto.

¿Cuál fue el primer propósito que se hizo cuando accedió al cargo?

Cuando llegué lo primero que me planteé fue la necesidad de aumentar la difusión porque yo siempre cuento que, cuando llegué, mis sobrinos no conocían Almeyda aunque vivían en La Laguna. Eso no puede ser. Yo me propuse integrarme más con la sociedad al objeto, luego, de conseguir colaboración para hacer un museo atractivo, ameno, que a la gente le diera ganas de repetir la visita. Hemos cambiado el museo casi entero, pero aún queda mucho por hacer. Nuestro presupuesto es casi cero y todo ha tenido que ser a base de subvenciones, colaboraciones? El apoyo de la gente y las asociaciones ha sido fundamental y las instituciones también me han apoyado. He intentado estrechar los vínculos con las universidades y, de hecho, codirijo una cátedra en la Universidad de La Laguna, la cátedra General Gutiérrez, y en la de Las Palmas, la General Pérez Galdós. Todo eso obliga a echar muchas horas pero me ha gustado y, como digo yo, la única que está enfadada es mi mujer.

¿Ha conseguido todo lo que se ha propuesto?

Sigue habiendo gente que no conoce este Centro pero poco a poco se trabaja en que eso cambie. Ahora solo hace falta continuar el trabajo de difusión, que nunca se acaba. Lo que hay que hacer es buscar actividades que sean atractivas, sobre todo para la juventud; cosas que, aunque no sean estrictamente museísticas, sí se puedan llevar a acabo en este espacio.

¿Qué le hubiera gustado hacer y no le ha dado tiempo?

Hay varias cosas. En la rama de la difusión, estamos empezando a introducir la tecnología para hacer cosas más interactivas, pero para eso lo que hace falta es dinero. A nivel de la restauración, me queda mucho porque Almeyda está enterrado en un 30% y aún queda mucho por hacer. A mí me gustaría descubrir la fortaleza antigua, con sus siete metros de muro y su foso. Solo es tierra lo que la esconde pero no es fácil sacarla. También hay otra batería antigua que hay que restaurar, al fondo, que ahora funciona como almacén.

El centro es el único museo regional militar de Canarias. ¿Cree que los santacruceros son conscientes de la importancia de este espacio?

Muchas veces, conoces menos tu ciudad que otra que visitas y no aprecias lo que hay en ella. Lo que pasa es que muchos no se dan cuenta que, aunque este museo es militar, también es histórico. Hasta el siglo XX, la historia del mundo ha sido militar y es interesante que la gente conozca sus raíces. Lo que pasa es que somos tan ricos en patrimonio que no le damos la importancia que se merece. En EEUU, de cualquier cosa hacen un hito, porque no tienen tantas cosas. Pero en España vendemos monasterios a otros países o destruimos baterías como la de San Francisco para ganar la vista del mar. Todo eso no es más que falta de sensibilidad, y eso también se trasmite a los hijos. Pero nosotros, por ejemplo, ahora hacemos actividades que no están relacionadas con el mundo militar. Aquí está todo el mundo invitado porque el museo es gratis, el aparcamiento es gratis y además tenemos cafetería.

En su tiempo como director, el Centro ha obtenido dos años consecutivos el título de excelencia de TripAdvisor. ¿Cree que este espacio se ha reconocido como debería o aún le queda camino por recorrer?

Nos metimos en ello gracias al cabo Ventura Yagüe, quien ha hecho un gran trabajo de difusión. Ha sido un orgullo porque, además, lo hemos hecho sin medios, con solo ocho personas. En TripAdvisor además, te tienes que registrar para poder votar por lo que conlleva también más esfuerzo.

Y también han hecho un gran trabajo en las redes sociales.

Difundimos tanto nuestras actividades como hechos históricos e intentamos que la gente aprenda. Hay gente muy interesada y por eso estamos trabajando por ese lado porque todo eso atrae turistas. Ahora, desde los cruceros no nos llegan muchos visitantes porque, como atracan en el Dique del Este, les queda un poco lejos para venir caminando. Con la inauguración de la nueva terminal, el Centro les pillará al lado y espero que eso sea un nuevo aliciente. El problema que tenemos es el horario debido a la falta de personal porque por la tarde nos es imposible abrir. Ojalá pudiéramos contratar a más personal o consigamos que las instituciones nos dejen personal para por la tarde.

¿Cuál cree que es el reto que se plantea ahora el nuevo director del Centro?

Aunque todos hacemos de todo, cada uno tiene su área y si no nos apoyaremos entre todos esto no funcionaría, así que le recomendaría que se deje ayudar. Me gustaría que continuara con la restauración, que colaborara con las asociaciones y que se integre con El Toscal.

¿Tiene alguna anécdota que recuerde con especial cariño de sus años aquí?

Cada vez que conseguí algo fue maravilloso. Cuando descubrimos una caponera que hace décadas que estaba enterrada fue maravilloso y emocionante. Cuando vimos que la piedra estaba como nueva, cuando surgió la ventana y cuando vimos que la luz de fuera entraba dentro. También recuerdo las inundaciones del 19 de octubre de 2014, que fueron un domingo, cuando estamos bajo mínimos. El agua entró al museo y dentro de las caponeras y no encontrábamos las alcantarillas para levantarlas. Estuve buscándolas con mi mujer y mis hijos, quienes me ayudaron. Al día siguiente tuvo que venir la UME para ayudarnos a quitar el agua. Hubo filtraciones que conseguimos reparar y aprovechamos para mejorar esa zona porque había que asegurar los fondos del museo.

Tenerife cuenta con diversos acuartelamientos a lo largo de toda su geografía a pesar de lo pequeño del espacio de la Isla. ¿Es un hecho que haya visto usted repetido en otras zonas de Tenerife?

En la Península, cuando yo entré en el mundo militar, todo era igual que aquí. Todas las zonas militares estaban fuera de las ciudades, pero han crecido y los acuartelamientos se han quedado dentro. Hubo un plan de reagrupación y, en la Península, se hicieron grandes bases a las afueras de las ciudades, pero eso en Tenerife no se ha hecho porque no se ha llegado a los acuerdos oportunos. La sociedad podría haber ganado muchos espacios y, además, las bases se han hecho viejas. Los militares somos los primeros que queremos concentrar las bases para disfrutar de instalaciones nuevas.

Su primer destino en Tenerife fue como teniente en el CIR 15 de Hoya Fría. ¿Que opina de toda la polémica que ha acompañado a este espacio a lo largo de los últimos años?

Hay una sentencia judicial y no hay más opciones porque los militares no tienen otro lugar al que ir. Si hubiese opción, se irían pero, si no les facilitan otro lugar, el regimiento tendría que irse fuera de la Isla. Además, hay que tener en cuenta que los militares de esa base tienen sus propias familias, que son muchas, y eso también repercute económicamente a la ciudad.

¿Qué opina de la posibilidad de que el Acuartelamiento de Artillería de El Cristo de La Laguna pueda cederse a la Universidad de La Laguna?

Eso sería estupendo.

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