Quién es quién en el callejero

El obispo de las Fiestas de Invierno

Domingo Pérez Cáceres estuvo al frente del Obispado Nivariense cuando impulsó la celebración del Carnaval en la capital, donde dispone de una vía en su honor

31.07.2016 | 04:10
El obispo de las Fiestas de Invierno
El obispo de las Fiestas de Invierno

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Obispo Pérez Cáceres, situada cerca de la avenida Islas Canarias, que honra la memoria de uno de los prelados más queridos por los feligreses tinerfeños.

Han pasado 55 años desde que el obispo Domingo Pérez Cáceres falleciera pero aún hoy continúa siendo uno de los religiosos más queridos por los tinerfeños. El religioso cuenta con una calle en Santa Cruz de Tenerife que honra su memoria. Y es que Pérez Cáceres fue uno de los precursores de las Fiestas de Invierno que precedieron a la celebración del Carnaval chicharrero. Fue el octavo obispo de la Diócesis Nivariense y, un mes después de haber sido consagrado en el cargo, el programa de las Fiestas del Cristo de La Laguna dedicó algunos de sus actos a Domingo Pérez Cáceres, quien también es muy querido en la ciudad de los Adelantados. Pero la calle que el obispo tiene en Santa Cruz, cerca de la avenida Islas Canarias, no es el único recuerdo que hay en Tenerife de la vida de este religioso, puesto que en La Laguna, en la calle plaza de Los Remedios, hay una estatua en su honor.

Domingo Pérez Cáceres nació en 1892 en Güímar y murió en 1961 en La Laguna. Ha sido uno de los obispos más destacados de la historia de Canarias puesto que fue conocido por los muchos cargos que tuvo dentro de la Iglesia y por las numerosas ayudas que concedió a las personas más desfavorecidas de las Islas, y por ello se le dio el apodo del obispo de los pobres. Además, es conocido por ser el impulsor de la construcción de la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria.

Pérez Cáceres estudió en el Seminario Sacerdotal de Tenerife y tuvo muchos cargos importantes: fue obispo coadjutor de la parroquia de Güímar, cura regente del Salvador de La Matanza, coadjuntor de la iglesia de la Concepción de La Laguna, párroco de la villa de Güímar y deán de la Iglesia de La Catedral. En 1916 comenzó a ejercer el cargo de vicario general de la Diócesis, que ocupó durante 12 años y, tras ello, se le sumaron otros cargos como el de arcipreste del distrito de Güímar y párroco consultor. Además, fue nombrado vicario capitular. Así, Pérez Cáceres mejoró notablemente el cabildo catedralicio y, entre otras cosas, aumentó los capitulares hasta llegar a 16.

El obispo de los pobres

Todos los que lo conocieron lo describen como un hombre humilde, generoso y bondadoso, quien destacó, además, por las donaciones que realizaba, lo que también le valió el título de Hijo Predilecto de Güímar y de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. También fue nombrado Hijo Adoptivo de todos los municipios de la diócesis Nivariense, de la que fue consagrado obispo en 1947, así como Hijo Adoptivo de Los Realejos en el mismo año.

El obispo comenzó a enfermar en los años cincuenta del pasado siglo y fue enviado a la clínica Virgen de la Paloma de Madrid pero murió en agosto de 1961. Miles de tinerfeños desfilaron por la capilla ardiente que fue instalada en la Catedral de La Laguna. Los restos del obispo fueran trasladados a Güímar, aunque se le dio sepultura en la Basílica de Candelaria. Tras su muerte, el Gobierno de la Nación le concedió la Gran Cruz de Beneficencia.

Domingo Pérez Cáceres impulsó la celebración del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, pero bajo el nombre de Fiestas de Invierno. Asimismo, impulsó la romería de San Benito Abad en La Laguna. Al obispo le gustaba pasear por las calles de la ciudad de Aguere para hablar con los vecinos, incluso contestaba al teléfono sin nadie que ocupara su lugar y bajaba hasta el portal para despedir a las personas que lo visitaban. Se dice que otros clérigos del Obispado le llamaban la atención por este hábito y él siempre contestaba : "Pero, padre, si a mi me quitan eso, ¿qué me queda de obispo?". Además, en dos ocasiones el Ayuntamiento de La Laguna le cedió un coche pero, en ambas ocasiones, el obispo vendió los vehículos y el dinero que ganó lo entregó a la gente que más lo necesitaba, haciendo así honor al sobrenombre por el que era conocido.

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