La sonrisa que cambia el mundo

La santacrucera Ana Mendoza trabajó durante más de 35 años de sobrecargo de la compañía Iberia y ahora se dedica a ayudar a los que más lo necesitan en la ciudad donde nació y se crió

27.06.2016 | 00:19
La santacrucera Ana Mendoza en la plaza de los Patos de Santa Cruz de Tenerife.
La santacrucera Ana Mendoza en la plaza de los Patos de Santa Cruz de Tenerife.

"No me considero ninguna activista. Simplemente soy un eslabón más de la cadena". Así se define la santacrucera Ana Mendoza, una de las personas que, en los últimos tiempos, más se han implicado con todos aquellos vecinos que lo están pasando mal. Desde su apoyo a la rehabilitación de la Parque Viera y Clavijo a la ayuda que le presta a los que viven en situaciones complicadas, esta chicharrera de 57 años ha dedicado los últimos años de su vida a una labor que no entiende de horarios ni vacaciones pero que la llena de una manera plena. "Todo lo que hago es para ayudar y disfrutar", sentencia Mendoza, quien siempre tiene una sonrisa para aquel que la necesita.
La pasión de Mendoza por la aviación llegó de manos de su padre, quien fue piloto de Iberia. "Todos los domingos, me llevaba al aeroclub del Aeropuerto de Los Rodeos, así que, desde pequeña he estado vinculada a esta profesión", comenta la santacrucera, quien trabajó como sobrecargo de la misma compañía que su padre desde los 17 y hasta los 55 años.

A los 12 años viajó a Francia, donde estudió en un internado. Más tarde también estudió en Inglaterra. Estaba en el país inglés cuando su padre le anunció que había plazas libres de azafata. "Cuando me presenté al examen creí que no tenía ninguna opción pero pronto me destinaron a Palma de Mallorca. Después estuve en Madrid y finalmente accedió al cargo de sobrecargo en el Aeropuerto Tenerife Sur", relata Ana Mendoza. "Fue una época muy bonita y, desde el comienzo, me di cuenta de que era una relaciones públicas nata", sentencia la chicharrera, a quien le encanta trabajar con la gente.

Durante los largos años en los que fue azafata, Ana Mendoza nunca abandonó su otra gran pasión, el deporte. "Siempre metía en la maleta algo de ropa para poder salir a correr, aunque visitara los países más extraños", explica Mendoza, quien hoy en día siempre guarda al menos una hora al día para ir al gimnasio.

Tras divorciarse del padre de su único hijo, quien actualmente también trabaja en Iberia, conoció a su actual marido, que también fue comandante de la compañía aérea que ha marcado su vida. "Lo vi por primera vez en un hotel y pensé que quería conocerlo. Dos días después coincidimos en un vuelo y desde entonces estamos juntos", recuerda Mendoza.

La santacrucera habla con un inmenso cariño de sus años como sobrecargo de Iberia. "Era increíble cuando los pasajeros entraban en nuestro avión y consideraban que ya estaban en España, aunque estuviéramos al otro lado del mundo", recuerda la santacrucera, quien tuvo la oportunidad de conocer numerosos países africanos y asiáticos. "Me costó mucho entrar en África", sentencia la azafata. Sin embargo, eso no le impidió pasar a formar parte de una ONG, con la que ayudó a numerosos menores de Guinea Ecuatorial, entre otros.

Cuando era pequeña, Ana Mendoza estudió en el Colegio de la Asunción que se encontraba ubicado dentro del Parque Cultural Viera y Clavijo. "Tengo muy buenos recuerdos de aquellos años y, un día, cuando salí a correr por Santa Cruz acabé en esa zona. Me impresionó tanto lo que vi que me eché a llorar", explica Mendoza. Fue entonces cuando su marido le propuso dar forma a una asociación que promoviera la rehabilitación de este lugar porque "es un sitio por el que ha pasado media ciudad", explica la chicharrera, quien defiende su rehabilitación por partes. Y así nació la Plataforma en Defensa del Parque Viera y Clavijo.

Cuando comenzaron sus visitas a este enclave hace unos años, descubrió que había personas viviendo allí y, sin pensarlo, comenzó a ayudarlas. "Primero les llevaba comida y diferentes productos yo misma, pero pronto empecé a recurrir a diferentes ONG", relata Mendoza. Con el paso del tiempo, esos okupas, a los que la santacrucera llama "los guardianes del parque", comenzaron a informarle de otras personas que vivían en malas condiciones en lugares como el barranco de Santos o el Pancho Camurria.

Reconoce que sus conocidos siempre le han preguntado si no tienen miedo pero ella contesta convencida: "Son los que menos tienen los que más dan y nunca he tenido ningún problema cuando he ido con ellos", sentencia. En la actualidad, trabaja de manera muy activa con las personas necesitadas del Distrito Suroeste. "Lo importante es que, todos aquellos que lo necesiten y todos los que podamos ayudar, nos vayamos uniendo para hacer una gran fuerza que provoque un cambio. Nosotros siempre vamos a sumar, nunca vamos a restar", explica Ana Mendoza.

A pesar de la ajetreada agenda de Mendoza, la santacrucera siempre saca tiempo para hacer ejercitarse. "Siempre he sido muy deportista. Me encanta el pádel y la natación y animo a todos a que salgan a la calle para disfrutar de esta actividad", asegura la santacrucera, quien, tras tantos años de vuelos en la compañía Ibera, explica que se encuentra muy bien en la ciudad que la vio nacer. "¿Para que voy a salir de la Isla, si aquí vivo de maravilla?", reflexiona Ana Mendoza.

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