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ANTONIO HERRERO-DANIEL MILLET | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Un psicópata no tiene por qué ser un asesino en serie, sino que puede tratarse de alguien aparentemente afable y de expresiones sensatas que, sin embargo, no duda en cometer un crimen sin sentir culpa por ello. La mayor parte de los psicópatas no dudan en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos, sin sentir por ello remordimiento alguno. Esta definición encaja mucho con el perfil que han trazado los investigadores de Salvador Morales Méndez, principal sospechoso de la muerte de Isabel Canino, la mujer cuyo cadáver apareció el pasado jueves en una fosa séptica de una casa terrera propiedad de este hombre después de 70 días desaparecida. Un hombre normal de puertas afuera, pero presuntamiento violento y obsesivo de puertas adentro; una personalidad fría, calculadora y manipuladora tras la cual se ocultaría un presunto maltratador.
Hay detalles obtenidos de los testimonios de personas allegadas al detenido y a la fallecida que llaman la atención: los supuestos abusos y encierros a los que sometería este hombre a su esposa e hijas y la persecución, amenazas y golpes con que hostigaría a su amante Isabel Canino, con la que mantuvo una historia de 'amor' paralela durante 16 años. ¿Por qué no lo denunciaron? "Por pánico y porque él terminaba convenciendo a Isabel de que si lo hacía, se quitaría la vida", argumenta la hermana de Isabel, Eladia Canino, en una entrevista a La Opinión de Tenerife.
Los investigadores entienden que Isabel Canino alargó su romance con Salvador porque éste le prometió en innumerables ocasiones que se iba a separar de su mujer. "Una vez Isabel me mostró unos papeles de su supuesta separación que él le había entregado para convencerla de que su matrimonio estaba acabado. Rápidamente me di cuenta de que eran documentos falsos", matiza Eladia. Salvador Morales no se separaba, pero tampoco quería dejar ni a sol ni a sombra de controlar a Isabel, a la que había convencido años atrás de que dejara su puesto de administrativa en la constructora Mahorsa para que se incorporara como conductora a la misma empresa en la que él llevaba años de chófer: Transportes Interurbanos de Tenerife, Titsa.
Le llegaba a llamar decenas de veces al día, la fue a buscar en una ocasión a la Península cuando ella pidió una excedencia con el fin de realizar un periodo de formación para convertirse en reservista del Ejército (su hermana cuenta que Isabel lo hizo para coger un poco de aire, para quitarse de encima a Salvador), le llegó a golpear varias veces en el estómago y a intentar asfixiarla estrujándole el cuello... Isabel había aguantado, incluso había abrigado la ilusión de formar una familia con su amante, pero llegó un momento en el que no pudo más. Empezó a sentir miedo por las actitudes cada vez más paranoicas y violentas de Salvador. Su amiga May, a la que Isabel confesó las agresiones, llegó a interceder y amenazar en una ocasión a Salvador con denunciarlo. "Métete en tus asuntos", le dijo él.
Siempre según la principal hipótesis de la Policía Nacional, el colmo llegaría cuando Salvador supo que Isabel había emprendido una relación con otro compañero de Titsa, que también mantenía una pareja estable con otra mujer, con el que encima Salvador no tenía una buena relación. Entonces llegó el fatídico fin de semana entre el sábado 21 de marzo y el domingo 22, cuando ocurrió lo que tiene todos los visos de ser un nuevo caso de violencia machista. Lo que viene a continuación es una aproximación a los hechos que pudieron desencadenar la muerte violenta de Isabel Canino, siempre respetando una línea de trabajo de la Policía Nacional que cada día cobra más fuerza.
Sábado 21 de marzo. Isabel Canino se prepara en su casa de El Sobradillo para pasar un fin de semana en El Médano con su amiga May. Le encantaba ir a la playa. Deja descongeladas unas pechugas de pollo para su hermana y prepara la maleta, cuando se sospecha que pudo entrar en acción Salvador Morales. Éste conservaba las llaves del portón y el aparcamiento de la vivienda de Isabel, pero no la de la puerta del piso, pues ya Isabel había cambiado la cerradura por seguridad. Los agentes creen que Salvador pudo tocar en la puerta. Lo siguiente que se sabe es que a eso de las 10.30-11.00 de la mañana, Isabel es vista en su propio vehículo (un cuatro por cuatro Mitsubishi verde oscuro) con Salvador. Los que la vieron aseguran que tenía muy mala cara. El hombre llevaba el volante. Lo siguiente que se sabe es que la pareja estable de Alberto Hernández, el otro trabajador de Titsa con el que Isabel había emprendido una relación, recibe a las 11.48 horas una llamada de Isabel confesándole que Alberto le estaba siendo infiel con ella.
"Estaba llorando". El relato de Alberto Hernández, durante una entrevista con este diario publicada el 1 de abril, es revelador: "Mi pareja se quedó derrumbada al enterarse de lo mío con Isabel por la llamada inesperada de ella. Sin embargo, yo que conozco a Isabel desde hace cinco años, la noté muy mal; lloraba. Intentamos volver a contactar con Isabel, pero siempre cortaba. Pasamos por la calle donde vivía y preguntamos a los vecinos dónde era su domicilio. A pesar de la insistencia, nadie abrió la puerta. Fue a partir del lunes cuando me preocupé, puesto que eran las tres de la tarde e Isabel no aparecía. Ella tenía que hacer la ruta 914, que cubre Tres de Mayo-La Salle- El Pilar-Méndez Núñez-Avenida de Anaga-Intercambiador, y no solía ausentarse de su trabajo. Entonces, le pregunté al jefe de tráfico qué había ocurrido con la 511, código de Isabel en Titsa. Pero no supo darme explicación. Luego me encontré a la madre llorando en la estación y acudí a la comisaría de La Laguna a interponer la denuncia por la desaparición. A partir de ese momento, he acudido hasta en tres ocasiones a prestar declaración".
En el camino de La Hornera. La última vez que se vio a Isabel Canino con vida seguía en compañía de Salvador, pero esta vez en una cafetería que él solía frecuentar próxima a una de las casas que tenía a su nombre, en el camino de La Hornera, La Laguna. Quienes la vieron coincidieron con los relatos anteriores en que parecía muy nerviosa. Eso fue el mismo sábado 21 de marzo a primera hora de la tarde. Se cree pues que Salvador llevó el coche de Isabel, con ella de copiloto, hasta su casa de La Hornera, aparcó, se bajaron a tomar algo y ahí ya no se supo más de la mujer. Fue en esas horas cuando los investigadores creen que pudo producirse el crimen. La principal teoría es que Salvador conduciría a Isabel a esa misma casa donde ya habían pasado muchos días juntos y pudo acabar con su vida estrangulándola o a golpes, a falta del resultado de la autopsia. Se cree además que a continuación, seguramente en horas de la noche, devolvió el vehículo de Isabel al garaje de la casa de ésta, aprovechando que tenía las llaves del mismo. Tuvo que hacerlo antes del lunes, porque ese día, cuando su hermana Eladia acudió al piso a ver si a Isabel le había pasado algo, se encontró con el coche aparcado en su plaza de garaje y con la maleta a medio hacer y las pechugas descongeladas.
¿Premeditación? Una de las líneas apuntan a que Salvador pudo haber actuado con premeditación; es decir, que habría realizado una segunda fosa séptica, unida a la principal, antes de hacer desaparecer el cuerpo. ¿Lo tenía planeado? Es posible teniendo en cuenta que hacer un nuevo pozo no es nada fácil y que también habría resultado complicado ocultar el cuerpo mientras se terminaba, para lo que habría necesitado de varias semanas. El hecho de que Salvador realizara una segunda fosa en su casa de La Hornera explica que la Policía no hallara nada sospechoso en las inspecciones que había realizado previamente en esa vivienda y en el único pozo que había a simple vista.
La segunda fosa. El cadáver de Isabel Canino, en muy avanzado estado de descomposición, se encontraba maniatado por unas bridas en el fondo de un hueco que se comunicaba a través de un conducto con el pozo negro principal de la casa. Esta segunda fosa estaba en una habitación contigua a un pequeño solar, en un lateral de la vivienda, donde se hallaba la fosa séptica principal. Estaba perfectamente cubierto por baldosas y carecía de trampilla. El cuerpo estaba en medio de un lodo de residuos y cubierto por escombros y cemento que habría arrojado Salvador. No se descarta que añadiera cal para acelerar la descomposición. ¿Actuaría solo?
Los nervios de Salvador. Desde el primer momento de la desaparición de Isabel, denunciada el 23 de marzo, Salvador fue señalado como principal sospechoso y se le sometió a un seguimiento. Hubo una doble vigilancia: la de la Policía y la de familiares de Isabel, como ha admitido su hermana Eladia. "Lo llamamos el lunes. Su contestación fue extraña: no sabía nada. Era imposible ante el control al que Salvador sometía permanentemente a Isabel. Volví a llamarlo e insistió en que no sabía nada", recuerda Eladia, quien subraya que nunca más supo directamente de él. "Ni nos ha llamado para preocuparse por nosotros, algo que tampoco nos sorprendió porque conocíamos su egocentrismo". Durante los seguimientos, se le vio acudir más que nunca a la casa del camino de La Hornera, que había dividido en varios estudios para alquiler. De hecho, dos de ellos estaban ocupados por estudiantes de la Universidad de La Laguna. Era una de las casas de su propiedad; otra, en la que al parecer residía regularmente, estaba cerca, en Finca España, y también fue inspeccionada, así como otras propiedades y tres vehículos. Quizá un dato que ha hecho dudar de la premeditación es que se le viera haciendo muchas obras menores tras la desaparición de Isabel, algunas veces en compañía presuntamente de un hermano y de un amigo identificado, según los investigadores, como Víctor. Entonces, ¿dónde podría haber ocultado el cadáver mientras hacía las obras?
Jueves 26 de marzo. Ese día, Salvador se planta en comisaría, se presenta como ex novio de Isabel y se pone a disposición de los agentes. Permanece detenido los tres días preceptivos, mientras se realizan los registros, y la jueza amplía la detención otros tres días. Salvador mantiene en todo momento una frialdad que sorprende a los agentes. Dado que no aparece ni un solo indicio, queda en libertad sin cargos.
Martes 26 de mayo. La Policía Nacional prosigue las pesquisas, mientras los compañeros de Titsa siguen colgando fotos de Isabel por toda la Isla, los familiares se impacientan y allegados organizan batidas espontáneas para tratar de encontrarla. Pero, todo da un vuelco inesperado el pasado martes 26 de mayo: una mujer se presenta en la comisaría de Tres de Mayo y declara que un conocido, un ex recluso, puede aportar datos decisivos. Al parecer, este hombre ayudaría a Salvador a realizar obras en alguna de sus casas (no se ha confirmado si pudo trabajar en la realización del pozo anexo) cuando, en el único descuido, Salvador le dice que sabe cómo hacer desaparecer un cadáver.
Jueves 28 de mayo. Los acontecimientos se precipitan. A primera hora de la tarde, agentes se presentan en la casa de Salvador Morales en el camino de La Hornera. Este se encuentra en ese momento con su mujer y dos hijas en el estudio que se reserva para él. Los policías saben dónde buscar: pican en el lugar indicado, rompen las baldosas y se encuentran con la segunda fosa. Desprende un fuerte hedor. Los policías se tienen que valer de un vehículo pesado de Teidagua para evacuar los residuos del pozo. Como esperaban, ahí está el cadáver de Isabel, maniatada por bridas con las manos a la espalda. También se descubre una segunda brida alrededor del cuello. Salvador es detenido inmediatamente y trasladado a la comisaría de la Policía Nacional de La Laguna, donde se ha negado a declarar. Había mantenido una vida aparentemente normal, aunque no pocas veces se le vio en la azotea de su casa caminando de un lado a otro hasta las dos de la mañana e incluso los días de mal tiempo.
Esta vez no eludirá a la justicia
Si algo parece tener casi obsesionados a los agentes del Grupo de Homicidios es la búsqueda de pruebas que permitan que Salvador Alberto Morales Méndez no logre eludir la acción de la Justicia como hizo la primera vez en que fue detenido. De hecho, en la tarde del viernes los agentes practicaron dos registros. Uno en el domicilio donde fue hallado el cadáver de Isabel Canino, en La Hornera, y el otro en el domicilio conyugal, en la calle La Piterita, en Finca España. Es tal el grado de implicación de los funcionarios con el caso, que por ahora están concentrados en amarrar la imputación para que cuando hoy preste declaración no quede ningún resquicio de duda sobre su autoría. Fuentes policiales señalaron ayer que las pruebas del ADN tardarán un tiempo en llegar y que en este caso, el informe pericial del forense es primordial, aunque no único.
El cuerpo de Isabel Canino estaba tan hinchado que se hizo necesario romper la fosa séptica a un tamaño mucho mayor del que se preveía. Tras retirar el agua lo que hallaron fue un montón de escombros, a los que Salvador arrojó además cemento, con el fin de que jamás se encontrase el menor rastro de Isabel Canino, puesto que de esta manera el cadáver quedaba como una masa uniforme al detritus. Al parecer, el cuerpo tenía las manos atadas a la espalda con bridas, posiblemente colocadas una vez lanzó el cadáver a la fosa séptica. ¿Pudo llegar a ser tan malvado que le enseñó a su víctima la fosa donde la enterraría?
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