01 de mayo de 2018
01.05.2018
RETIRO LO ESCRITO

El chiste

01.05.2018 | 00:45
El chiste

Sí, hay cabreo, un cabreo frío y apelotonado, un cabreo que es como un trozo de hielo que no se deshace, por la sustitución de Luis Ibarra al frente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas. Pasan los meses y no se ha enfriado. Quizás no sea superfluo precisar que el cabrero no parte de proletariado y los desheredados de la tierra, por lo que uno podría suponer escuchando las lastimeras quejas de Ángel Víctor Torres, el líder asordinado del PSC-PSOE. Las quejas son las de una aristocracia empresarial vinculada a los negocios portuarios que compartía -y en parte dictaba- una estrategia general para Las Palmas que se ha mostrado acertada y exitosa, tal y como demuestra la evolución de las operaciones y los beneficios a lo largo de la última década, incluida una paz laboral casi placentera desde hace varios años. Si Luis Ibarra ha sobrevivido tanto tiempo -más frente al Ministerio de Fomento que frente al Gobierno de Canarias- a la ruptura del pacto entre CC y el PSOE, hace ya año y medio, ha sido gracias al apoyo de los grandes empresarios portuarios y, especialmente, de Germán Suárez, que ha encontrado en el socialista a un excepcional hermeneuta de su propia visión de lo que debe ser un puerto en el siglo XXI, sus condiciones de desarrollo y sus opciones de competitividad.

La defensa del fundador de Astican fue lo suficientemente contundente para frenar los vehementes deseos del presidente de Puertos del Estado, José Llorca, para desplazar a Ibarra y plantear su salida inmediata al propio ministro de Fomento. Por supuesto que no fue así. Pero el envenenamiento comenzó a generalizarse. El PP canario se sumó a la estratagema de acoso y derribo porque al fin y al cabo, aunque todos lo hayan olvidado, incluido el propio interesado, Luis Ibarra es militante del PSOE. "Esto nunca hubiera ocurrido si José Manuel Soria continuara al mando", dicen que se ha dicho entre los grupos empresariales portuarios, y quizás tengan razón. En todo caso los conservadores isleños han exigido al presidente Clavijo que Ibarra desaloje su despacho sin más dilaciones los próximos días y ya se ha encontrado un sustituto: nada menos que Juanjo Cardona, exalcalde de Las Palmas de Gran Canaria, una forma elegida por Asier Antona para demostrar su generosidad y reparar algún zurcido en Gran Canaria. Es realmente curioso que una coyuntura política -y sobre todo empresarial- conduzca a Coalición y al PP a una situación en la que terminarán enajenándose cualquier apoyo de los grandes intereses empresariales del Puerto de la Luz y de Las Palmas. No vale la pena insistir en que la dirección de la gestión de los puertos -que suponen estrategias e infraestructuras de carácter estratégico para el desarrollo del país- debería ser ajena a las alianzas gubernamentales, las mayorías parlamentarias o los resultados electorales, enfatizando, en cambio, por la profesionalización. Porque al final ocurre lo que ocurre, y termina circulando el chiste de que Germán Suárez y sus socios pueden terminar apoyando al PSOE, a Podemos y a Nueva Canarias. Claro que igual no es un chiste. Exactamente.

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