14 de abril de 2018
14.04.2018
Cine 'Proyecto Rampage'

El cine desproporcionado

13.04.2018 | 23:19

Dwayne Johnson es uno de esos raros especímenes que ha llegado al cine por una extraña vía: la que los músculos han logrado abrir a su paso. Tras varios años dedicado realizar coreografías embrutecidas en espectáculos de lucha, logró rentabilizar sus bíceps y su desarrollada masa corporal en el medio televisivo para, posteriormente, dar el salto a la gran pantalla. Es justo reconocer que a esa transición ayudó una tan innegable como efectiva vis cómica, brindándole una mayor oportunidad de conexión con el público, normalmente más agradecido a las risas que a los golpes. En todo caso, basta con repasar su carrera profesional para concluir que el físico ha sido la piedra angular de su trayectoria: El regreso de la momia, El rey Escorpión, Sed de venganza, la saga Fast & Furious, Hércules, San Andrés o G.I. Joe: La venganza dan fe de ello.

Incluso sus proyectos más humorísticos, como la nueva versión de Jumanji o la parodia de Los vigilantes de la playa, recurren a su musculatura como eje central de unas historias diseñadas exclusivamente para su lucimiento.

Gracias a una sonrisa contagiosa, un estilo desenfado y un tipo de acción desmadrada y excesiva acumula hasta la fecha numerosos éxitos de taquilla, por más que llega un punto en el que semejante loa a la desproporción comienza a resultar irritante. El abuso de efectos especiales en aras de la explosión más grande, el salto más alto, la carrera más rápida, la pelea más dura y el derrumbe más aparatoso termina por parecer cansino. En Proyecto Rampage, se logran unos primeros minutos aceptables a base de concatenar las graciosas secuencias de rigor con unas iniciales exhibiciones de fuerza, pero después todo se deja ya en manos del circense lema "más difícil todavía": los gorilas más salvajes, los monstruos más peligrosos y la destrucción más apocalíptica. Más, más, más, que, en realidad, es menos, puesto que evidencia una flagrante carencia de relato. Absolutamente todo se basa en el lucimiento de un héroe musculado frente a una amenaza infantiloide.

Un científico mantiene un sólido vínculo con un gorila al que ha estado cuidando desde que nació. Sin embargo, un experimento genético transforma al apacible simio en una descontrolada y brutal criatura. Otros animales comienzan a sufrir la misma alteración de carácter y a destruir todo lo que se interpone en su camino. El protagonista se alía entonces con un ingeniero genético de nulo prestigio para conseguir un antídoto. Tratará así de evitar una catástrofe mundial y, de paso, salvar a su amigo primate.

La película está inspirada libremente en un videojuego, lo que explicaría su mera pretensión de entretener a través de espectaculares imágenes, entendiendo el calificativo "espectacular" como sinónimo de grandilocuencia superficial y vacío interior. Salta a la vista que la trama carece de sustento alguno (ni interpretativo, ni artístico, ni imaginativo, ni cinematográfico). Lo fía todo a la efectividad de algunas bromas y a un constante correcalles que deje sin aliento al espectador, meta que solo logrará con el público entregado al formato de la Play Station o similares.

El realizador es Brad Peyton, con quien Dwayne Johnson coincidió en San Andrés (cuya segunda parte ya se ha anunciado) y en Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa. No se puede negar que forman un tándem muy rentable en términos de taquilla, pero ineficaz para progresar desde el punto de vista profesional.

Junto a La Roca, encontramos en el reparto a Malin Akerman ( Watchmen, 27 vestidos), Joe Manganiello ( La liga de la Justicia, Spiderman 3) y Marley Shelton ( Grindhouse: Planet Terror, Sin City: Ciudad del pecado), prácticamente tapados por las dimensiones de Johnson y el resto de criaturas pero, sobre todo, por la ausencia de un guion sobre el que se asiente el largometraje.

www.cineenpantallagrande.blogspot.com.

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