04 de abril de 2018
04.04.2018
RETIRO LO ESCRITO

Yo soy la resurrección y la vida

04.04.2018 | 01:34
Yo soy la resurrección y la vida

Un viejo chiste que le leí a Gore Vidal. "¿Qué hacen los presidentes cuando se retiran? Pues qué van a hacer. Presidir cosas. Es la fuerza de la costumbre". Paulino Rivero nunca ha perdido la costumbre presidencial. Perdió por poco la candidatura de Coalición Canaria para un tercer mandado consecutivo, pero es una verdadera estupidez considerar que está resignado a una prejubilación de footing al amanecer e insustanciales epístolas blogueras por las tardes. Rivero es uno de los políticos canarios más inteligentes, astutos y perseverantes del último medio siglo. ¿Por qué tenía que acatar en entierro en vida? En su casi shakespeariana pasión por el poder, cada vez más oscura y solitaria, Paulino Rivero, sin cuya actividad incesante no hubiera cuajado CC como proyecto político en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI, estuvo a punto de destruirlo. Se retiró. Jugó infinitos envidos contra sí mismos hasta definir escenarios y espacios propicios para la resurrección. Se ha reconstruido ligeramente. Después de aprender a imponer su voluntad ha aprendido a dejarse llevar por la corriente para descubrir nuevas rutas y lugares: en la política todo consiste en convertir el oportunismo en un estilo, un hábito, un destino. Cree que el tiempo le ha dado la sabiduría, la lucidez y, sobre todo, la razón: el candidato presidencial de 2015 debería haber sido él. Durante meses se escribió y, sobre todo, se chismorreó sobre sus proyectos. El más conocido, la presidencia -cómo no- del CD Tenerife, frustrado desde el propio Gobierno. El Gobierno, por supuesto, le ofreció algún cargo relevante, que se adecuaba perfectamente a sus experiencias, aptitudes y contactos, pero siempre los consideró una trampa y llegó a la misma conclusión que muchos otros antes que él: después de 35 años de duro trabajo no iba a aceptar una posición del que podrían privarle automáticamente con una firma.

Ayer, inopinadamente, se produjo la resurrección de Paulino Rivero como presidente (por supuesto) de una fundación: la Fundación Canaria Observatorio de Energías Renovables y Eficiencia Energética, que se presenta como una iniciativa de la Asociación para el Progreso de la Dirección, brazo armado conversacional y comensal de las patronales canarias. Es una resurrección preñada de extrañezas, sinceramente. La APD, como queda dicho, no es una precisamente una asamblea de ecologistas obsesionados por un Estado de Bienestar basado en un modelo de desarrollo sostenible. No, más bien no. Por otra parte, la Fundación Canaria Observatorio de Energía Renovables Etcétera está inscrita oficialmente desde el año 2013. Se comenta que alguien ha decidido amamantar generosamente esta hasta ahora poco operante organización de análisis, estudios y proyectos y que no se trata, precisamente, de un mecenas medioambientalista, sino de un pool de empresarios de gran tonelaje portuario, y en algún que otro caso no exclusivamente portuario. Empresarios grancanarios que no están satisfechos con el Gobierno autonómico y que quieren hacerle algo más que cosquillas al jefe del Ejecutivo. Gente fiera que cree que algunos apreciables colegas de la patronal no han reparado en la fragmentación del poder político e institucional que se avecina y que buscan a) que no se toque nada hasta las elecciones y b) que sea evidente que con una actitud firme y hasta brutal se puede obtener todavía más de un espacio político e institucional en vísperas de un proceso de centrifugación electoral. ¿Y la ecología? Un arma de deslegitimación. ¿Y Paulino Rivero? El hombre que se enfrentó a las plataformas petrolíferas. Una referencia política. Quizás un candidato más para la merienda antropofágica de junio de 2019. Por el momento ha hecho lo que debe hacer cualquier resucitado: guardar un respetuoso silencio ante su propio milagro.

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