03 de abril de 2018
03.04.2018
La Ciprea

La soledad que nos acompaña

04.04.2018 | 11:18
La soledad que nos acompaña

Así es. La soledad como construcción literaria, como compañera de lecturas, como fondo de todas esas historias que nos llevan de la mano hasta el lugar donde anidan los sueños. La que utilizamos para ser y para crear. La que nos explica cómo somos y para qué servimos. La que no nos miente y nos enseña el camino que mejor se adapta a nuestras posibilidades. En la soledad nos encontramos menos solos, lo que parece una redundancia y un razonamiento llevado al absurdo. Pero no es así. Cuando entendemos la soledad como un estado voluntario en el que podemos encontrarnos con nuestros pensamientos más íntimos y nuestras inquietudes más profundas, sentimos el estado pleno, la plena satisfacción del hallazgo de uno mismo. Lo saben bien aquellos que acostumbran retirarse del bullicio para dejar atrás cualquier elemento que distorsione la realidad en la que quieren sentirse inmersos. Lo saben aquellos que se alejan de las mentiras que nos construyen quienes desean manipularnos y convertirnos en manada, en presas propicias para los depredadores que viven gracias al consumo indiscriminado de costumbres, modas, ideologías y objetos que no acaban de satisfacer jamás nuestros cuerpos y nuestras mentes condenadas a una cadena de necesidades que jamás se verán cumplidas.

Ese sería el momento elegido para darnos cuenta de lo que sucede alrededor y decidir el camino a tomar. Encontrar lo que somos, lo que pensamos realmente, lo que deseamos de verdad, sin presiones mediáticas ni condicionamientos publicitarios. Y una vez elegido el camino, comenzar el reconocimiento interior. Despojados de mentiras y condimentos con los que fuimos adobados durante años, incluso durante siglos; desnudos de creencias y adjetivos; vacíos de todo lo innecesario; nos veremos, cara a cara, ante nosotros mismos. Solos al fin. Ese será el comienzo de una vida distinta en la que escucharemos una única voz: la nuestra. Algo tan difícil de conseguir que no siempre sale a pedir de boca. Nos confundimos, creemos que pensamos lo que queremos, que elegimos lo que deseamos y decidimos lo que hemos elegido libremente. Pero no es cierto. Siempre hay restos en nuestro interior de lo que fuimos o de lo que nos enseñaron que éramos. Y tenemos que volver a empezar el proceso.

Pero no importa. Una y otra vez lo intentaremos hasta conseguir ese despojamiento. Y una vez conseguido, sabremos dónde estamos y para qué. Los seres solitarios se reconocen en medio de la multitud e incluso pueden llegar a amarse y a convivir en perfecta soledad. Pueden llegar a formar colonias, muchedumbres, continentes de soledades perfectamente reconocibles. Y ese día, intentarán destruirnos con toda clase de métodos y armas, pero ya será tarde, porque nada ni nadie podrá cambiar lo que hemos decidido ser.

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