14 de febrero de 2018
14.02.2018
RETIRO LO ESCRITO

Poltronas y cartelización

14.02.2018 | 00:11
Poltronas y cartelización

La renovación de la Diputación del Común, el Consejo Consultivo y la Audiencia de Cuentas ha deparado el habitual y muy poco edificante espectáculo de un chalaneo feroz para determinar quién controla los llamados (casi humorísticamente) órganos de control. El descaro de los buhoneros ha sido, sin embargo, ya abiertamente repulsivo. En realidad se trata tanto de controlar como de colocar. Y varias viejas glorias coalicioneras, socialistas y conservadoras se han movido lenta e impecablemente, como galápagos hambrientos, a ver si consiguen cinco años de pre o posjubilación con sueldo público, coche oficial y secretarios. Una pequeña Elba para diminutos napoleones. ¿O no se lo merecen? Se lo dijo el otro día uno de los próceres a un diputado mondo y lirondo en la puerta del Parlamento, cogiéndolo dramáticamente del brazo: ¿O es que crees que no me lo merezco?

Esta carrera gerentofílica se la debemos a Jerónimo Saavedra. Creo que no nos sorprendimos como debimos hacerlo cuando Saavedra -el político más exitoso de las Canarias contemporáneas, dos veces ministro, dos veces presidente del Gobierno autonómico, diputado, senador y alcalde de Las Palmas- se emperretó en ser designado diputado del Común. Antes lo intentó con la Autoridad Portuaria de Las Palmas, con argumentos tan sólidos como ese de que de chiquito le gustaba visitar el muelle. Como no fue posible, pues la Diputación del Común, y si era necesario deshacerse del carnet del que fue su partido durante cuarenta años, pues lo quema en el cenicero más cercano. Es penoso ver ahora a Antonio Castro Cordobez o a José Segura ocupados en una vasta y patética operación para alcanzar un nuevo despacho. Pero, sinceramente, ¿no están ya hartos? ¿No llevan en esto desde los años setenta? ¿No han tenido ya bastantes moquetas, bastantes órdenes e instrucciones, bastantes fotografías, bastantes titulares, bastantes felicitaciones, parabienes, aplausos, medallas, placas y reconocimientos jerárquicos? Pues no. Al parecer no. Al parecer hay que intentarlo una vez más. Impartir clases, pronunciar conferencias, escribir artículos y libros, explorar quizás unas memorias. Esas actividades públicas a las que se dedican los expolíticos por otros andurriales más civilizados ni se les pasa por la cabeza.

Lo realmente urgente no es renovar las plazas de la Audiencia de Cuentas, el Consejo Consultivo y el Diputado del Común, sino reformar las leyes que regulan los tres órganos para que, entre otros asuntos, no puedan ser dirigidos por políticos en activo hasta una semana antes de tomar posesión. Está muy bien que sean elegidos por una mayoría cualificada de la Cámara regional, pero estableciendo criterios políticos y profesionales más precisos, excluyentes y rigurosos. Porque lo que se ha vivido en esta comunidad en los últimos treinta años en las tres instituciones no es otra cosa que un ejemplo de cartelización política de los grandes partidos que ha contribuido lo suyo a la creciente debilidad del sistema democrático en Canarias. Corregir esta situación es (perdón: sería) mucho más prioritario que cualquier reforma electoral. Pero no lo escribiré de nuevo. Es anatema suponer otra cosa que las patologías, deficiencias e inercias que afectan al sistema democrático en este país se curan milagrosamente reformando el régimen electoral.

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