09 de febrero de 2018
09.02.2018
con mano izquierda

Requisitos para ser político en España

09.02.2018 | 01:06
Requisitos para ser político en España

El Gobierno de España va a proponer que el Pacto Nacional por la Educación que se debate actualmente en el Congreso de los Diputados incluya un nuevo modelo de acceso a la docencia que incorpore una especie de MIR con una duración de dos años. A mí, dadas las circunstancias y teniendo en cuenta que soy una gran defensora de la excelencia, se me plantea de nuevo la misma duda que llevo arrastrando cuatro décadas. ¿Qué se exige en nuestro país para dedicarse a la "profesión" de político? Y me lo pregunto porque seguro que nadie pone en duda que, por ejemplo, para curar enfermos, diseñar edificios e impartir justicia se requiera estudiar las carreras de Medicina, Arquitectura y Derecho. Paradójicamente, no sucede lo mismo en el caso de la Política, para cuyo desempeño no se requiere titulación alguna. No resulta difícil imaginar la alegría de los virtuales aspirantes al saber que, para ocupar un escaño en un Parlamento, desempeñar el cargo de alcalde de una ciudad o asumir el puesto de Director General no es necesario disponer de formación específica. El propio artículo 11 de la Ley del Gobierno establece que, para ser miembro del Ejecutivo, basta con "ser español, mayor de edad, disfrutar de los derechos de sufragio activo y pasivo, así como no estar inhabilitado para ejercer empleo o cargo público por sentencia judicial firme".

Llegada a este punto, recuerdo cuantísimo me llamó la atención un estudio correspondiente a las Elecciones Locales de 2007, donde se evidenciaba que el perfil del concejal español adoptaba la figura de un varón de entre 26 y 45 años con conocimientos elementales. Pues bien, a un año vista de los próximos comicios municipales continúa siendo muy frecuente acceder a los Ayuntamientos con una escasa preparación, sobre todo en los pueblos pequeños. Incluso existen ejemplos de dirigentes situados al frente de un Ministerio sin haber pisado jamás una facultad. Curiosamente, esta opción cuenta con bastantes defensores, que denuncian el afán de algunos por la "titulitis", argumentando que en la "Universidad de la Vida" también se licencian hombres y mujeres capaces de hacerse a sí mismos y aspirar a las más altas cotas. Ahora bien, planteada directamente la cuestión de qué habría que estudiar para ser político en nuestro país, es más que probable que la mayoría de los consultados se decantaran por el Grado de Ciencias Políticas. Sin embargo, nada apunta a que esa sea la más transitada vía de entrada al selecto grupo de los representantes populares. Desde luego, no parece la más indicada para ostentar carteras como las de Fomento, Sanidad o Agricultura, ni tampoco para asumir la Presidencia de una Comunidad Autónoma. Por más que el dominio de determinadas materias del citado Grado sea muy necesario, es preciso igualmente el conocimiento de otros contenidos académicos que se van implementando con formaciones específicas y, sobre todo, con la imprescindible práctica posterior. Mención aparte merece la ética, en mi opinión la condición principal que, por cierto, no se adquiere en ningún aula.

Me sumo a la coherente petición que formulaba una escritora y filósofa esta misma semana en un periódico, tendente a instituir para la clase política los mismos criterios que ésta solicita ahora a los docentes -a saber, poseer titulación universitaria, Máster en Gestión, Inglés, oposiciones, prácticas y, además, ser reevaluados en una segunda convocatoria antes de su inclusión definitiva en las listas electorales-. Supongo que, a estas alturas del artículo, varios futuribles candidatos se habrán echado las manos a la cabeza pero, en todo caso, les invito a que realicen la siguiente reflexión: si, como dicen, la Educación marcha tan mal por una carencia de profesores cualificados, ¿no le estará sucediendo lo mismo a la Democracia por culpa de la escasa preparación de no pocos políticos a quienes no se les demanda ni por asomo este nivel sobrevenido para ejercer la docencia? Pues eso.

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