11 de enero de 2018
11.01.2018
RETIRO LO ESCRITO

Los costes de la implosión catalana

11.01.2018 | 01:35
Los costes de la implosión catalana

F ernando Clavijo ha anunciado una próxima reunión con Mariano Rajoy en Madrid para retomar (hipotéticamente) la llamada agenda canaria, es decir, el conjunto de compromisos suscritos entre CC y la dirección nacional del PP sobre la base de apoyos mutuos en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento de Canarias. En realidad ambos presidentes simularán una amistosa charla sobre el asunto, porque, si no se aprueban los presupuestos generales para el 2018 diseñados por Montoro y su equipo, no habrá agenda, ni libreta, ni folio ni tarjetón canario. Nada de nada. Tanto CC como Nueva Canarias se han quedado estupefactos ante los compañeros del Partido Nacionalista Vasco, que han convertido sus votos en nada. Quizás incluso el PNV quisiera votar y firmar, pero los detiene la situación en Cataluña. Y no únicamente por lo que ha pasado (la aplicación fugaz y light del artículo 155 de la Constitución) sino por lo que puede ocurrir. Lo que con toda seguridad ocurrirá. La estrategia del independentismo no apunta a conseguir pasado mañana la constitución de la República de Cataluña porque se crea posible materializar semejante entelequia. Se trata de buscar una confrontación sistemática e interminable con el Estado en un ejercicio continuo de ampliación de la base socioelectoral, de galvanización de las organizaciones soberanistas, de legitimación sobre la articulación de un relato de heroica resistencia popular. Los que creen que ha llegado un momento de tomarse un respiro están equivocados. Y no existe diferencia a este respecto entre los convergentes maquillados bajo otras siglas y los responsables de Ezquerra Republicana. Seguirán adelante con la astracanada. Violarán de nuevo la ley y el reglamento del Parlament para investir como presidente a un diputado ausente y que asistirá a la sesión parlamentaria por Internet. Cuando el Tribunal Constitucional anule la payasada proclamarán, indignados, que el Gobierno del PP -y sus compinches- no respeta la voluntad democrática de los ciudadanos catalanes. Y vuelta a empezar. Una nueva disolución de la Cámara o una caricatura de Gobierno con un presidente títere que viajará semanalmente a Bruselas para recibir las bendiciones apostólicas y esteladas. Es grotesco esperar cualquier otra cosa que el intento sostenido de bloqueo político e institucional del Estado español desde el independentismo catalán.

Nos encontramos apenas en los prolegómenos de una crisis brutal que amenaza con socavar la estabilidad del sistema político español y hundirnos en una crisis económica sin precedentes, una crisis en la que Canarias resultaría quizás la comunidad peor y más duramente castigada. Todos los déficit presupuestarios y fiscales de la última década se agravarían extraordinariamente y, simplemente, y en el plazo de muy pocos años, la comunidad autonómica no resultaría financieramente sostenible. Porque, curiosamente, los 16 millones de turistas anuales no nos sacan de la pobreza ni mitigan la desigualdad social. Los recursos financieros del Estado y de la UE siguen siendo imprescindibles para mantener con una mínima solvencia la cohesión territorial y social de Canarias. Una implosión política del Estado español -con su efecto económico, presupuestario, fiscal- tendría un coste terrorífico para las islas.

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