01 de diciembre de 2017
01.12.2017
Sentir, pensar, convivir

Decidir es bueno para la salud

01.12.2017 | 01:12
Decidir es bueno para la salud

Decidir es una de las capacidades más elevadas y complejas que podemos realizar los seres humanos. Decidir y actuar según lo decidido. De hecho, decidir y actuar es un acto de madurez, especialmente porque al decidir asumimos las consecuencias positivas, negativas y sobretodo desconocidas, a corto, medio y largo plazo de dicha decisión. Y eso asusta.

Decidir supone, en primer lugar, conocernos para tener claro lo que queremos, lo que nos motiva, el esfuerzo y tiempo que hay que invertir, además de cómo va a afectar esa decisión a los que nos rodean. Supone conocer nuestros prejuicios y creencias, tener claridad en los objetivos, unos valores éticos (coherencia, honestidad, felicidad, amistad, profesionalidad, justicia, dignidad, lealtad, responsabilidad, igualdad, perseverancia, etc..) que nos empujan en una dirección determinada. También requiere una fuerza de voluntad férrea y el deseo mantenido, ilusionante y esperanzador de conseguir lo decidido: de llevarlo a la práctica, a pesar del miedo, la incertidumbre o la duda. O de que no nos apoyen.

Lo grande de decidir es que si lo hacemos con cabeza y con corazón, asumiendo las consecuencias y realizándolo en la praxis, nos dará la vivencia de la Libertad. Ser libre consiste en elegir y actuar, abrazando lo que decimos y hacemos como propio, responsablemente. Nos da autoría. Sentimos que somos protagonistas de nuestra vida.

Pero para decidir y actuar, muchas veces las personas entran en crisis. La primera en la adolescencia; qué estudiar, con quién salir, qué amistades tener, cómo vestir, qué experimentar, mantener relaciones sexuales o no, dejar a una pareja aunque me domina y limita, etc? Muchos adolescentes entran en verdaderas crisis existenciales (léase como ansiedad) porque no saben decidir. El miedo al fracaso, el no saber qué quieren o la presión de amistades y familia hace que sea un momento de mucha dificultad. Por primera vez en sus vidas sienten que toda la responsabilidad es suya y se vienen abajo. Sobre todo si han estado sobreprotegidos, ¿Es eso educar para la vida adulta? ¿Quién se encargará de hacerlo la familia, la escuela, o tal vez los youtubers que ven obcecada y obsesivamente durante horas y horas sin ningún control ni criterio?

Al entrar en la década de los 30 y sometidas a una gran presión social estereotipada, algunas mujeres entran en crisis, convencidas erróneamente, de que a esa edad ya tendrían que estar en pareja (definitiva y estable) y prepararse para iniciar la maternidad. Y algunas deciden estar en pareja por tal de evitar la soledad, cual si fuera la peste negra. ¿Seguimos infectando a nuestras jóvenes con el maldito mito de la media naranja?¿No hay otras opciones para las mujeres del s. XXI?

Pero el tiempo pasa y un día casi sin querer, mujeres y hombres se preguntarán ¿Soy feliz?¿Ésta es la vida que yo quería tener? Seguramente estarán sobre los 40 años. Si la respuesta es sí: ¡felicidades! Plenitud y autorrealización. Pero si es no, tendrán una sensación de vértigo amargo, donde sus decisiones vitales han estado llenas de convencionalismos por los que simplemente, se dejaron llevar? y entrarán en barrena.

A unas personas les dará por romper relaciones, otras dejarán el trabajo, otras querrán recuperar la juventud perdida y vivir intensamente? Otras volverán a estudiar y otras continuarán con esa vida anodina y gris porque no saben/pueden/quieren qué decidir, por miedo al cambio, al qué dirán o al fracaso? Hasta la siguiente crisis: la de la jubilación.

¿Seguirá siendo así generación tras generación? Hay que ser valientes para aprender a vivir de verdad, es decir, para decidir bien. Porque decidir es bueno para la salud emociona, relacional y social? Y ya estamos tardando en enseñarlo en casa, en las escuelas y universidades.

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